Alfredo López, la inoportuna osadía del destino

En El Moján conocimos a Alfredo López a comienzos de los setenta. Llegó con su mamá, una hermana y dos hermanos, todos muchachos sanos, disciplinados y estudiosos. Vinieron de Barranquilla a labrarse un mejor futuro. Allá, tal vez las exclusiones y la violencia de un sistema oligárquico imperialista de siglos; aquí, tal vez las bonanzas de un rentismo petrolero, que no por eso menos oligárquico e imperialista. Allá y aquí, un esfuerzo familiar inmenso, una madre abnegada y trabajadora, una causa latente en las almas juveniles de entonces.

Y también el futbol. Alfredo y su hermano Jairo –siempre juntos como siameses- fueron nuestros primeros profesores de futbol. Alfredo entrena con reciedumbre, no quiere flojos ni bromistas en el terreno. Así comenzamos una amistad que sería para toda la vida, alimentada de las esperanzas y luchas de nuestros pueblos. Alfredo y Jairo se unieron a la Liga Socialista, yo a Ruptura.

Pero nos encontrábamos en la Unión de Jóvenes Marenses, en la cancha, en la Casa de la Cultura del barrio añú –del que fueron vecinos- y en el bus universitario, en las marchas y actos de solidaridad.

Aunque los años y caminos podían alejarnos físicamente por temporadas, siempre tuvimos la tendencia a ubicarnos y reencontrarnos unidos en el amor que nació de esa amistad pura, y de la alianza indestructible que se forja en la entrega de los genuinos revolucionarios.
Alfredo perteneció a esa escuela de irreductibles que construyeron Jorge Rodríguez y José Zabala, y en la que militaron miles de compatriotas de gran valía, incluido el que hoy es Presidente de la República, Nicolás Maduro.

Como médico, graduado con gran sacrificio familiar y personal, Alfredo dictó cátedra hipocrática y vivió con profunda militancia la opción preferencial por los humildes; por eso no acumuló privilegios ni entregó nunca sus banderas socialistas abrazadas precozmente, como solíamos hacer aquéllas generaciones de utopistas que embebimos en la canción de Alí Primera y la prosa de Marx y Engels, la savia que nutre los sueños más allá de los temporales.

Enterarnos de la impertinente dolencia que azotó a nuestro entrañable amigo, causa del hondo pesar que acongoja a tan ejemplar familia, nos enluta y entristece doblemente por perder al camarada de todas las justas peleas, humilde y sereno hermano de la vida, quien dejara a su clan en el esplendor de su existencia.

Esta fecha que recuerda el alzamiento cívico-militar que hizo héroe a Chávez y catapultó la Revolución en nuestro país, a partir de hoy la anotaremos en nuestros diarios, con una nota melancólica e inconforme, reclamándole al destino haber tenido la osadía de arrebatarnos un compañero imprescindible.

Nos quedará la insoslayable tarea de honrar su memoria, venerar su ejemplo, seguir sus pasos, amar sus amores, respetar sus deudos, y no olvidarle, porque sólo en el jardín del recuerdo agradecido, podremos regar la flor de su sonrisa y la inmortal ternura de su combate.

¡Hasta Siempre, amigo y camarada de toda la vida!

Con Chávez en ristre y venciendo, por la gloria vivida y las victorias por venir.

El Socialismo es Vida.

"... los Estados Unidos que parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad..."
Simón Bolívar, El Libertador. Guayaquil 5 de agosto de 1829.


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Yldefonso Finol

Economista. Militante chavista. Poeta. Escritor. Ex constituyente. Cronista de Maracaibo

 caciquenigale@yahoo.es      @IldefonsoFinol

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