282 años de la ciudad de San Felipe

Querido pueblo de San Felipe.

Me siento muy honrado de estar junto a ustedes en un día tan especial como este, en que unidos en un mismo sentimiento de regionalismo cordial, celebramos los 282 años de esta hermosa ciudad de San Felipe.

Siempre es grato estar acá, en este pulmón de la vida de la ciudad, donde se oxigena la fragancia de una tierra olorosa a pueblo, a campo, aguas yurubianas, valles y montañas, leyendas y tradiciones.

En un suelo lleno de magia y misterios, donde ondean banderas de heroísmo y sagrada historia. Y al encomendárseme el alto honor para decir unas palabras, entre el barro y piedras fundidas por el tiempo de lo que fue la vieja Ciudad de, San Felipe El Fuerte, cuyos vestigios, aun en pie y mudos, se asoman como certificando su existencia esplendida, queriéndonos decir muchas cosas de lo que en si misma esta escondida y brillan en sus ojos con resplandores hermosos en el corazón de sus hijos, lo hago con mucho orgullo y mucha humildad.

Estos muros de la ciudad de ayer son barreras para no olvidar, que saben de muchas verdades reveladas en su interior, donde esta la dimensión de la grandeza de su martirio con el trajinar de su historia, escrita con polvo, y sangre de su vida.

Que saben de posiciones asumidas con valentía de los que aquí nacieron lucharon con espíritu, moral y principios indoblegables, revolucionario contra el yugo colonialista, defendiéndose contra todo intento de barbarie de manera clandestina y directa.

Esas verdades que se quedaron frías como el mármol, que dicen de la invasión de un imperio que saqueo nuestros recursos y en muchas partes del mundo, donde no escapa Venezuela, practicaron el genocidio más grande que jamás haya conocido la humanidad.

También estas piedras nos hablan de la gloria de nuestra ciudad como la Pompeya de Venezuela, con ecos de Caquetios, Jirajaras y afrodescendientes a las que nos une un dialogo de comprensión en conversación con los ruidos del mundo, que nos dicen de sus derechos a la libre determinación de los pueblos con civilizaciones y culturas propias.

Aunque no soy persona dada a discursos de este tipo, mucho menos con pretensiones en decir palabras redondas que con tanta rigidez pronuncian los historiadores académicos que saben hablar bonito, confieso que mi naturaleza siempre ha estado ligada al fragor del pueblo, por eso prefiero hablar el lenguaje que habla ese mismo pueblo, a quien entiendo y puede entenderme en el verbo común, llano y sincero que descifra nuestra esencia y razón de ser, de estos códigos de la vida.

Y en razón a ello, en respeto a la norma que impone la gramática que nos permite abrir posibilidades para comunicarnos y entendernos entre si, quiero decirles de todo corazón: muchísimas gracias.

No tengo palabras con que agradecer al heroico pueblo de San Felipe, a su honorable Cámara Municipal, al Ciudadano Gobernador Julio León, y al camarada Alcalde y fraterno amigo Francisco Capdevielle, que en alguna oportunidad en tiempo de clandestinidad fui grito de voz de estos pueblos campesinos, que hoy todavía siguen en esa historia de lucha contra el latifundio, y pido a esta respetable audiencia que me escucha, al concederme el privilegio, si así pudiera llamarse, de ser Orador de Orden con motivo de celebrarse los 282 años en que el antiguo poblado “El Cerrito”, hoy San Felipe, formado por aguerridos pobladores fue elevada a la categoría de Ciudad, precisamente un día como hoy en el año 1729, mediante eso que llaman Real Cedula expedida en Sevilla, por quien nunca conoció estas tierras basándose en sus poderes imperialistas creyéndose una divinidad suprema. Me refiero al Rey Felipe V de España.

Más emocionado aun poder decir mis palabras ante este público en un lugar sagrado para mi, lleno de historia y valores aun por conocerse hoy, y que, seguramente, revelaran hechos sorprendentes en la historia del mañana. A esta ciudad he estado unido en sentimientos indisolubles que colma un amor infinito de gloria al suelo patrio, como la figura del coronel José Joaquín Veroes, Bachiller Trinidad Figueira, Cecilia Mujica conocida como "La Mártir de la Libertad", Juana Ramírez.

Al exteriorizar mi emoción por tanta generosidad recibida, tal vez inmerecidamente en mi caso particular, quiero compartirla en emoción de gratitud con los camaradas condecorados, a quienes hoy se les reconoce y valora sus aportes constructivos y enaltecedores. Y me atrevo decir en nombre de ellos y nuestras familias: mil gracias por lo tanto que nos dan, lo que a cada uno de nosotros representa un compromiso con la ciudad y su gente en la titánica tarea para convertirnos - Dios mediante- a San Felipe y todo el Yaracuy, en una tierra de progreso, de ondas transformaciones, digna de su hijos e hijas y de todos los que escogieron este hermoso lugar para alumbrar el camino de sus días.

En una ciudad que en tiempos remotos asomaba su abolengo de rancia estirpe colonial, otorgarle la distinción de una Orden y las Llaves de la Ciudad de San Felipe a un simple campesino como yo, es un atrevimiento sorprendente en la que valdría la pena reflexionar, no obstante aceptamos ese reto para avanzar en el pensamiento zamorano, que lo asumimos, porque entendemos que es un reconocimiento, no a mi que he hecho poco o tal vez nada, sino a todas y todos aquellos campesinos, afrodescendientes, y aquellos compatriotas que dieron la vida por la emancipación y derechos del Yaracuy que aparecen como anónimos, marginados y excluidos por la historiográfia tarifada y ciega encargada desde los centros del poder imperial.

Es por ello que la revolución bolivariana en esta fecha bicentenarias de grandes valores y cambio profundo en la sociedad, nos llama a compenetrarnos en la intimidad de nuestros pueblos, a conocer el verdadero génesis de los mismos para que cada quien haga aportes que ayuden a rescatar su memoria, y reconstruir sus valores en el enfoque de este mundo y realidades en el siglo XXI de lucha contra el imperio depredador norteamericano Yanki.

En estos tiempos de invasiones, es necesario generar un cambio real de mentalidad frente al invasor representado por el imperialismo y colonialismo Hoy observamos debates en las aulas y distintos escenarios, intercambios de impresiones sobre la realidad de nuestro pasado y presente, las verdades escondidas que comienzan aflorar y que los especialistas en el asunto, afincándose en el espíritu de la Constitución bolivariana, han llamado “la historia insurgente”.

Seguramente quedara al desnudo esa historia sesgada, plagada de intereses bastardos, elitesca que envenenan a la sociedad, escondiendo hechos que hoy valdría la pena conocer para poder entender mejor el presente y proyectarnos hacia el futuro.

Indudablemente, esta fecha que hoy conmemoramos es una página importante en la historia Yaracuyana. En esas páginas que registran el nacimiento de esta ciudad, donde vecinos con capacidad de lucha y sentido de patria y de nación y con principios revolucionarios se atrevieron a fundar con moldes de esperanza, un poblado que sus propios habitantes llamaban “El Cerrito”, cuyos inicios se remontan en marzo de 1725 y estaba ubicado cerca del poblado de doctrina San Jerónimo de Cocorote, pueblos de guerreros.

Pocos pueblos del país y tal vez de América, pueden decir que se fundaron por si mismo. En el caso de lo que hoy es San Felipe, este se fundo sola gracias a las luchas, al tenaz e inteligente empeño de su gente quienes con una visión de futuro forjaron la conjunción cabal de su pueblo en la solemne y definitiva creación de la ciudad, más tarde llamada San Felipe El Fuerte.

Déjenme decirle que esto no fue una regalía, tampoco una casualidad. Fue obra magistral de una sinergia colectiva, cuyos vecinos elevaron sus deseos de ser independientes ante lo cual tuvieron que enfrentar muchos obstáculos, difíciles pruebas, para llevarnos a formarnos como pueblo organizado dándonos vida, identidad y condiciones éticas que hoy podemos exhibir con orgullo.

A ese pueblo es mi reconocimiento por quienes celebro este día junto a ustedes, que son raíz y corazón de esta ciudad, que nos motiva acrecentar nuestro gentilicio y arraigo de la yaracuyanidad nunca perdida.

Aquel pequeño poblado tuvo que sufrir los atropellos y ataques de las autoridades del yugo monárquico del Cabildo Barquisimeto y el ensañamiento del Capitán General de la Provincia de Venezuela, Francisco de Betancourt y Castro, al ordenar sistemáticamente brutales y arbitrarias disposiciones, propio de imperialistas criminales, contra los pobladores, que en forma espontánea se habían agrupados en varias ocasiones cerca del ya citado poblado El Cerrito; Leyenda y lucha contra la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Los valientes vecinos lucharon contra todos estos desmanes y abusos imperiales y en 1699 lograron adquirir unas tierras en la zona de Valle Hondo para levantar un nuevo poblado y, con apoyo de Fray Marcelino de San Vicente, se logro que mediante esa grafía llamada Real Cedula expedida en Sevilla el 06 de noviembre de 1729, por el Rey Borbón Felipe V, la categoría de Ciudad a El Cerrito, independiente de la población de San Jerónimo y del Cabildo barquisimetano.

Esto nos hace ver que este pueblo nació batallando, con el arrojo heroico de su espíritu revolucionario, y coincidió con la fundación de la Compañía Guipuzcoana en 1728 la cual, a partir de 1730, asumió el monopolio del comercio explotando a sus anchas nuestras riquezas a costa del sudor y sangre de criollos y esclavos quienes recibían, en la mayoría de los casos, un trato inhumano, toda una barbarie de la corona usurpadora...

Revisando viejos documentos de calificados cronistas y etnohistoriadores, nos encontramos que el Gobernador Sebastián de la Torre, el 18 de octubre de 1730, designo el primer Ayuntamiento de la pujante ciudad colonial el cual, solemnemente, se instalo con el nombre de San Felipe El Fuerte, en honor del epónimo Monarca y designando a su vez el 1º de mayo de 1731, que de acuerdo al calendario romano, era el día del Apóstol Felipe, como Patrón de la ciudad.

Con el paso del tiempo la ciudad fue creciendo apoyada en los músculos de sus habitantes, desarrollando explotaciones agrícolas y se utilizaban las aguas del frondoso río Yaracuy, que nace en las montañas de “La Enjalma “de mi querido Urachiche, para su transportación, lo que vislumbraba que San Felipe “El Fuerte” estaba prometida a convertirse en un emporio de la llamada Compañía Guipuzcoana que tenia sede propia en este lugar...

Era una ciudad en crecimiento y así aparece en el diseño levantado por el Gobernador Sebastián García de la Torre en 1731, en el sitio por donde salía el cacao, de estas tierras hacia la zona donde desemboca el río Yaracuy y las costas de Puerto Cabello y Tucacas, hoy conocidas como boca del Yaracuy, cuando se produjo la histórica rebelión de Manuel López del Rosario, conocido como “El Cimarrón Andresote”, contra la Guipuzcoana lo que evidencia un gesto de rebeldía contra la opresión de los usurpadores que se robaban las riquezas de nuestros pueblos para ir a llenar las arcas de reyes y oligarcas europeos de toda calaña.

Igualmente es de señalar, que el Gobernador de la Provincia de Venezuela, Gabriel de Zuloaga, al fallecer el Justicia Mayor de la Ciudad de San Felipe El Fuerte, Juan José Larrea, nombro en su lugar, sin consultar a nadie y usurpando funciones que no le correspondía, a Ignacio Basazábal, un agente de la Guipuzcoana, cuyo nombramiento fue cuestionado y de inmediato fue protestado por el pueblo declarándose en abierta rebeldía, incluso apoyado por el propio Cabildo de la ciudad, lo que obligo al Gobernado Zuloaga proceder con la destitución del funcionario impuesto teniendo el mandatario que negociar con los vecinos alzados.

Fue el mismo espíritu de rebeldía contra la opresión y por la libertad que en 1752 los afrodescendientes ayudados por los aborígenes se alzaron bajo la jefatura de un esclavo de nombre el negro Miguel contra los imperialistas criminales saqueadores de las Minas de Baria en Nirgua, pero luego ante la presencia de las tropas españolas del tristemente Diego de Losada, tuvieron que replegarse a las montañas, hacia las cabeceras de los ríos Aroa y Yaracuy originando las cimarroneras, las cumbes que tanto marcaron la historia de nuestra región y, por extensión, de toda Venezuela en los siglos posteriores y andanza de Andrés López del Rosario, que todavía esta por estas montañas con el grito de libertad.

Estos y muchos otros episodios revolucionarios honran la historia nuestra, historia ensangrentada, vivida y sentida del pueblo venezolano. Esa historia que se abre para conocerla como es y que ha sido motivadora para ser posible los cambios hacia una nueva sociedad, una sociedad con respeto a los derechos humanos, con derecho a la vida.

Pareciera que las elites de hoy aun siguen en la colonización de la memoria, no se han enterado de que esos cambios llegaron para quedarse, ignoran que las sociedades comienzan a despertar asumiendo los roles de un proceso regenerador de trascendencia socialista.

No han entendido ò no quieren entender esas elites que se mueven en burbujas de reprivilegios, que la demanda de los pueblos a favor de su inclusión en el presente y futuro, es también bandera de todos los excluidos del mundo. Que esa gesta rebelde de San Felipe El Fuerte, del Negro Miguel y Andresote, son los mismos indignados e indignadas que luchan contra el desfalco económico financiero mundial, son parte de nuestra herencia histórica como garantía para la reivindicación de nuestros valores culturales, de identidad y la comunicación humana en códigos de paz y justicia que camina hacia el socialismo e intercionalismo ..

Muchos episodios importantes registra la historia de San Felipe que a pesar de ser una de las ciudades mas importantes en la naciente Republica con un futuro promisor, que contaba con calles, casas, teatro de la comedia, acueducto, cárcel, pequeño hospital, guarnición militar, Iglesia Nuestra Señora de la Presentación y todo lo necesario de una urbe en desarrollo para la época, fue sorprendida por un devastador terremoto la tarde del 26 de marzo de 1812, Jueves Santo, cuando se preparaba celebrar la ceremonia del Lavatorio en recogimiento a Nuestro Señor Jesucristo.

Aquella hecatombe natural sembró de luto y dolor a la otrora pujante ciudad de San Felipe El Fuerte, resumiéndola a escombros, De aquel cuadro de tragedia nace una nueva historia, la historia de la ciudad mártir, la misma que no se doblego ante nadie ni ante nada, que supero valientemente los avatares de las guerras de independencia y la Federación, que supo adaptarse a su nueva realidad levantándose con esfuerzo propio y que es la misma que hoy nos permite verla floreciente, con su frente en alto, con su pecho abierto en su dignidad, mirándose en el ejemplo de su sacrificio que es asombro para el mundo.

Este suelo bendito parió hijos e hijas que participaron en brillantes etapas de la historia venezolana, como los hechos del 19 de abril de 1810, como la declaratoria y firma del Acta de la Independencia de Venezuela, hay todo un pueblo admirado que aun sigue dando ejemplo.

Es la ciudad que recoge la hazaña memorable del General del Pueblo Soberano Ezequiel Zamora, quien alzando la consigna de TIERRA Y HOMBRES LIBRES, proclamo a Yaracuy como Estado Federal en 1859, que son las mismas banderas que hoy flamean con el espíritu y conciencia revolucionaria de lucha contra el latifundio y del proceso emancipador que lidera nuestro Comandante Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, contra las políticas depredadoras del ejercito invasor norteamericano.

Es la revolución que se inspira en el valor de nuestros ancestros, que irradia con ecos asombrosos hacia otras latitudes del Continente... Que dice que solo hay un color de identidad, que los pueblos han venido reivindicando sus derechos territoriales, agrarios, que defienden sus recursos naturales, e identidades culturales, lenguas, formas de pensar, de expresarse y su determinación a ser libres y soberanos.

Todo ello nos lleva a reafirmarnos en nuestros derechos en signos de libertad y dignidad merecida. Todo ello es reconocido en el espíritu y fundamento de la actual Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela, una Constitución esencialmente humana, de una nueva regencia de los pueblos en la Venezuela de hoy, emancipadora de sus luchas y del reconocimiento ancestral.

Y aquí esta la ciudad afincada en los valores de su heroicidad, con gente luchadora, revolucionaria, formada para las contingencias de la vida. La ciudad que nunca murió por efectos de un desastre natural ni de los ataques y saqueos de la usurpación colonialista superando su mudo dolor en un dramatismo intenso.

Es la ciudad que siempre esta en la vida de si misma, en el corazón de su propio pueblo. La ciudad que ustedes dignamente representan porque son carne y hueso de su propia humanidad. La que esta hoy en la orbita de las mejores intenciones para enrumbarla hacia nuevos derroteros de paz y felicidad.

Y ello es posible con el esfuerzo de todos, al lado de sus concejales, al lado de su Alcalde Francisco Capdevielle, quienes han demostrado ser sensibles a las demandas del bien., al clamor del pueblo, como un buen Sanfelipeño.

No quisiera concluir sin reiterarles mi agradecimiento. Nunca paso por mi mente que un simple y humilde campesino como yo pudiera ser merecedor de una recompensa de la magnitud emocional y estimulante, al permitirme decir unas palabras a todas y todos ustedes.

Puedo decirles que seguiré en mis trincheras revolucionarias como los mejores propósitos para servirle a mi pueblo. Yo estaré como siempre junto a ustedes, unido a ustedes, con la esperanza de ver a San Felipe y a todo Yaracuy alejado de miserias, en el elevado camino de su trascendencia, en dialogo abierto con su propio sentir, compartiendo sus inquietudes, sus emociones afectivas, sus sueños y anhelos, que son los mismos sueños y los mismos anhelos de la Patria grande.

Y juntos seremos escudos contra las ambiciones de la burguesía fascista venezolana que intenten reivindicar los mayorazgos perdidos o cúpulas de caporales de la política para servirse y no para servir al pueblo. Por supuesto, que el abordaje positivo de esta tarea titánica, compleja e implicativa, que nos invita a desarrollar a plenitud la concepción política, ideológica y de compromiso del árbol de las tres raíces “Simón Bolívar, Simón Rodríguez y mi General Ezequiel Zamora”.

La ciudad como todo Yaracuy quiere que sus representantes, sin maculas y disfraces, ejerzan la política como una ciencia para la verdadera redención de los pueblos ofreciéndoles mejores condiciones de vida, con un horizonte alegre de posibilidades ciertas donde todos podamos vivir en paz y armonía en un techo común.

Y quienes asumimos este compromiso de hacer de la política una herramienta útil para el bienestar colectivo, debemos honrarla con ejemplos, con luchas, con entrega total en un sostenido afán de servicio, hasta exponiendo para ello la vida en una conducta moral y ética dedicación publica, es una de las más altas posibilidades morales y oficiantes del hombre en su desempeño social.

El filosofo Antonio Machado dijo: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar….”. Estrechamos nuestras manos para caminar juntos por alamedas abiertas, anchas y hermosas para así lograr las transformaciones que merecemos.

En estos muros de la historia se percibe mucha luz, de ese brillar de las montañas de la Reina Maria lionza, de esa luz y espejo que es el retrato vivo, de este valle que a pesar de los tiempos, no a perdido la luz, no ha borrado el dolor, pero que hoy seguimos amando y aun se mantiene viva la esperanza de un buen día, de un mañana mejor. Y ese día y ese mañana mejor, llegará.

En su espejo me miro para admirar la Ciudad Mártir, de donde tomo su savia para fortalecer mis fuerzas de lucha entregadas al Yaracuy. Esa savia que me nutre para continuar dando sin reservas lo mejor con lealtad a la tierra que tanto amo y representarla con decoro, dignidad y que me vio crecer.

Esta Llave de la Ciudad de San Felipe la llevare honrosamente en mis días, con ella seguiré abriendo caminos de esperanzas, marchando con nuestra conciencia y ética revolucionaria por el rumbo correcto, por el camino de la decencia en el manejo de su destino hacia el logro de un mejor porvenir para mi querido Yaracuy, San Felipe el Fuerte, TIERRA JIRAJARA.

SOMOS PUEBLOS! SOMOS HISTORIA! SOMOS PATRIA! SOMOS LA VIDA DE LOS SUEÑOS ETERNOS! PARA LA SOCIEDAD SOCIALISTA!

brauliojo72@hotmail.com


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Braulio Álvarez

Diputado y dirigente campesino


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