Grano de mostaza

A propósito de los trabajador@s de los bingos y casinos de Margarita

Cada rincón de nuestro amado planeta por muy lejano y apartado que sea tiene sus querencias. Siempre habrá quien perciba en su terruño las bondades que Dios le brindó. Aun en los desiertos y montañas más inhóspitas, la familia humana convive con las demás criaturas y el ambiente. Los seres humanos tienen un don sagrado de habitad y capacidad adaptativa sin igual a otras especies que le permiten asentarse y darle vida, gentilicio y dignidad a sus parajes. Los seres humanos hemos venido poblando los confines de la tierra desde hace centenales de siglos que sobrepasan la historia primitiva. Lo primero que enseña el libro del Génesis, para los hijos de Abrahán, es que Dios es el único Creador del cielo y la tierra, y nos mandó que la hiciéramos habitable en convivencia con los elementos de la creación. Asimismo quiso que la especie humana se distinguiera de los remanentes vivientes por su particular dignidad. La convivencia tiene profundos preceptos de amistad y responsabilidad; con una constante de libre aceptación entre las diferencias naturales y sociales que tenemos. Hay tantos relatos y testimonios que confirman la condición de viajeros hasta del infinito de los seres humanos. Nadie podrá contener las posibilidades de viajar a otros destinos con distintos fines. El turismo es expresión de nuestra condición de viajeros del universo. Venezuela como tierra de gracia, muestra al mundo casi infinitas bondades de sus parajes y pueblos. En el catálogo de las expresiones turística de nuestra patria, se ofrece casi todas las posibilidades de la creación; desde los hielos perpetuos del glacial Bolívar, hasta la profundidad salvaje de la amazonia. En Margarita existen más de cuarenta playas tipo ´´A´´, amén del don gentil de los Margariteños y Cochenses. En la República Bolivariana de Venezuela nadie duda que por estas heredades insulares, sea Margarita el primer destino nacional e internacional del turismo.

Desde hace varias décadas se ha venido fraguando el turismo como sector determinante de la vida regional. Con la pesca y sus ancestrales tradiciones, los trabajadores del turismo aportan sus talentos y esfuerzos en esta específica labor de dar hospitalidad a viajeros propios y extraños. En buena lid han sedimentado un sostén de actividades que se conectan con todos los ámbitos de la vida del pueblo insular. Miles de familias y usuarios durante temporadas así lo confirman. Es cierto que la región neoespartana ha recibido un trato especial del Estado venezolano, como justamente tiene que ser. Nuestra condición insular trasciende a las oportunidades de quienes viven en tierra firme. Es una coexistencia equilibrada que afecta la vulnerabilidad de las muchas ternuras de la creación. Fue aquí donde nació la llama libertaria de la patria bolivariana para emblemáticamente liberarse como primera estrella del imperio opresor.

En estas tierras de la Virgen del Valle se expresan cada sentimiento de la venezolanidad. Lo que ocurre a la patria de Bolívar se siente en el corazón y la mente para accionar al llamado solidario imperecedero del pueblo margariteño. Hoy se siente una amenaza en toda su expresión: El hecho que miles de hombres y mujeres trabajadores sientan angustias y sosiego por un posible cierre de sus fuentes de faena; es como quitarle a los pescadores sus botes y aperos. Los bingos y casinos forman parte la vida pública de esta región. Es necesario, nadie lo cuestiona, que se realicen procedimientos y normativas rigurosas para esta actividad tan seriamente discutida, la cual le merece el apego más estricto a los preceptos de responsabilidad y moralidad; no obstante creemos en la capacidad absoluta que tiene el Estado para regular cualquier actividad socioeconómica en transición.

Para ustedes trabajadores, la Fe en que el humanismo del Comandante Presidente Chávez permitirá darle una justa solución a sus desvelos. Aunque sea tan pequeña como un grano de mostaza, la Fe de Abrahán permitió que el Creador bendijera a su descendencia; y es tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que hay a la orilla de la mar. ¡Viviremos y Venceremos!




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William Fariñas

Diputado a la Asamblea Nacional


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