El síndrome del mal perdedor: el laberinto de la "oh-posición"

En el contexto de la democracia representativa burguesa, la dicotomía entre gobierno y oposición no pasa de ser una parodia muy bien interpretada para dar a entender a la sociedad un aparente “equilibrio” de poderes y una falsa alternabilidad en el sistema. Gobierno y oposición, en el Estado burgués, son un enorme fraude dialéctico y un recurso para perpetuar el control de una clase social sobre la otra.

La clase explotadora, la burguesía, se sirve de tretas jurídicas y políticas con el objetivo de desdibujar su papel distorsionador en las relaciones humanas; las esferas dominantes guardan la compostura y el “allure”, hasta que son desplazadas del escenario principal por algún factor exógeno e inesperado. Las rabietas, las histerias y el infantilismo, se desatan en las otrora clases hegemónicas y éstas enfilan su visceral odio y desprecio hacia los elementos responsables de su caída en “desgracia”.

Cuando las masas populares, representadas por un líder indiscutible, se hacen de los resortes del aparato estatal de las élites, comienza la guerra sin cuartel –del lado de la burguesía- para tomar de nuevo por asalto su botín, que es a fin de cuentas el entramado del Estado liberal. Como las clases dominantes han forjado una infraestructura y una superestructura a su imagen y semejanza, un Estado en su justa dimensión plutocrática, no están acostumbradas –para nada- a perder el poder. “Perder” es una palabra proscrita en el rimbombante glosario burgués y “ganar” –a toda costa- es la máxima de los Amos del Valle. Nunca, desde que se “manufacturó” el engendro burocrático producto de la Toma de la Bastilla y del “Tiers État”, las clases dominantes habían sido confiscadas de su creación más preciada y defendida: el Estado moderno. Es por ello lógico que, aún después de una década, las oligarquías no hayan asimilado y aceptado –en Venezuela- que ya no detentan el poder político y que sus tentáculos económicos se han visto severamente reducidos. El profundo “shock” en el que se encuentran las élites, las ha llevado a empantanarse en el fango de la sinrazón más inenarrable de la cual se guarde memoria.

El infantilismo y la malcriadez de la “oh-posición” vernacular es la clara expresión de la actual contradicción estructural entre capitalismo y socialismo. En un sector se halla la oligarquía desconcertada, a la deriva y sin discurso coherente, y en el otro bando se encuentran los variopintos elementos revolucionarios y progresistas amalgamados con las masas populares, cuya solidez teórica y pragmática se desenvuelve en el marco del materialismo científico. La “oh-posición” venezolana encarna el viejo régimen de partidos del “establishment”, la moribunda guanábana adeco-copeyana y el sistema capitalista, en última instancia. El antagonismo que se libra dentro del Estado nacional es la lucha a muerte entre un orden de valores caduco, amoral y apátrida, vendido al capital transnacional, y otro esquema vigoroso, ético, científico, igualitario y nacionalista. La “oh-posición” actual no es el usual ente cómplice a la espera de su turno en la goma, sino un cadáver insepulto que pugna por su supervivencia y la anulación apocalíptica del otro. El conflicto interno entre dos modelos de mundo y dos cosmovisiones completamente irreconciliables, es lo que coloca al inédito proceso bolivariano en primera fila a escala global.

El síndrome de mal perdedor de la derecha es intrínseco a ella y la delata como la hija prodigio del Estado burgués; la costumbre crónica de la oligarquía de explotar a la clase trabajadora, burlarse de las leyes y manipular a su antojo las instituciones de su “juguete burocrático”, que es copia al carbón de sus intereses de clase social, la empuja a ser la negación de la sensatez cuando es ésta (la oligarquía) la que se halla en desventaja. Ante la dramática orfandad de un método dialéctico de análisis y propuesta, el recurso anti-estilístico “prêt-á-porter” es la constante descalificación rastrera y la proyección en la “acera de enfrente” de las miserias humanas de la burguesía. Apelar al etnocentrismo, el clasismo, el sectarismo y la analogía escatológica, son los dardos favoritos de una “oh-posición” dislocada y rebosante de rencor, la cual asume una actitud irracional de evasión de la realidad real y se rehúsa a aceptar la derrota, tanto numérica como ideológica.

El berrinche de un niño malcriado que no acepta haber perdido un juego o que llora a moco suelto para que le compren un costoso artefacto lúdico, es el retrato más cercano a la tragedia griega de la “oh-posición”. Por culpa de la malcriadez opositora tuvimos el 11 de abril de 2002, el sabotaje petrolero y las guarimbas. Gracias a las pataletas de la “Sociedad Sambil” se gritó fraude en el Referéndum Ratificatorio de 2004 y en las legislativas de 2005. El árbitro electoral no era confiable porque las clases dominantes, que se habían habituado a ganar siempre con sus triquiñuelas y chantajes, no aceptaban el revés y la humillación de fracasar en su propio terreno. Es ya costumbre en la derecha criolla la amenaza de romper toda la “vajilla”, si no se accede a sus caprichos infantiles y superficiales; el chantaje al Estado revolucionario es un comodín desplegado hasta el hartazgo para desestabilizar y lograr sus oscuros propósitos.

Un ejemplo palpable del infantilismo y la torpeza de la “oh-posición” lo personifica el 2D; después de haber atacado –por años- al Consejo Nacional Electoral y haber puesto en duda su credibilidad, la derecha tuvo la sorpresa de su vida durante la jornada del 2 de diciembre de 2007: por 180 mil votos revirtió la propuesta de Reforma Constitucional y tuvo que tragarse -como supositorio- la basura canallesca vertida en desmedro del ente comicial. Preguntaría yo a los “sesudos” oposicionistas: ¿qué habría pasado si la propuesta de Reforma hubiese salido victoriosa con ídem margen de sufragios? ¿Habrían reconocido ustedes el triunfo de la Revolución Bolivariana por tan poco? Debido al carácter predecible de la “oh-posición” venezolana, no se necesitaría ser un genio para dar con la respuesta. ¿Cierto?

El proceder mecanicista y anti-dialéctico de la burguesía y su negación automática del chavismo y la Revolución Bolivariana, la acorrala en un laberinto inextricable y autodestructivo. La rabieta “kindergarteriana” de las élites y sus acólitos, los explaya en insultos hacia el poder popular y los inspira a desglosar los epítetos más “respetuosos” de su vocabulario ramplón. La cíclica y hasta obsesiva utilización de los vocablos pertenecientes a la profesión más antigua del planeta, verbigracia, para arremeter contra el proceso revolucionario y su líder, Hugo Chávez, es la radiografía más reveladora de la “psiquis” de los cultores de la plusvalía. La oligarquía refracta en sus adversarios ideológicos las debilidades y perversiones que le son inherentes, como buena meretriz del capital que es. Las culpas, traspiés y responsabilidades serán de otros, nunca de ella, ya que la infalibilidad del dinero la convierte en “la elegida” ante los ojos de Dios y el Imperio.

El síndrome del mal perdedor hace de la “oh posición” una entelequia y un mal chiste, un círculo vicioso de arrogancia. Precisamente, la madurez y la adultez política se cultivan a medida que se reconocen los errores, se aprovechan las victorias y se asumen con agudeza –en el podio de la autocrítica- las derrotas. Nuestra derecha vernacular, la mala perdedora, es la antítesis del raciocinio y de la argumentación lógica; por el contrario, nuestras masas conscientes de trabajadores, campesinos, profesionales, estudiantes y amas de casa, son la respuesta dialéctica que va encaminada a la concreción de la democracia directa y popular. ¡Sólo el socialismo salvará al hombre del hombre!

ADÁN GONZÁLEZ LIENDO

P.D. Exigimos desde esta tribuna la inmediata restitución del espacio radial “Polémicas”, de Mundial Margarita, el cual fue sacado del aire de manera abrupta e irresponsable. Emplazamos públicamente al nuevo presidente del Circuito Mundial, José Gregorio Zambrano Aguilar, para que dé una explicación acerca de sus infortunadas acciones y rectifique en su actitud. Vaya nuestra solidaridad revolucionaria para con el camarada Ramón Echeverría y su equipo de producción.

elinodoro@yahoo.com



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Adán González Liendo

Traductor, corrector de estilo y locutor

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