Un pueblo en esperanza contra la maquinaria de la infamia

Al momento de escribir estas líneas nuestra Venezuela está siendo sometida a un bombardeo. Un bombardeo comparable con el de la Luftwaffe alemana sobre Londres en 1940 o con el que los aviones estadounidenses y británicos sometieron en 1943 a Pompeya. ¿Les “suena” como un tremendismo? ¿O no lo es? A Dios gracias, que no se trata de bombas de Fusión, o de Uranio o Plutonio, ni de Racimo. Pero no dejan de ser bombas “matagente”. Me explico: bombas que buscan matar la moral de un pueblo y la de su gobierno legítimamente elegido y mantenido. Así es. Las mass-media de la dominación global tiene meses, años y ya se acerca a la década que ha enfilado su arsenal bélico con un ensañamiento bestial contra el proceso bolivariano encabezado por Hugo Chávez Frías en nuestro país. Da pena ajena observar como estos medios, llámense prensa escrita, televisión, radio, prensa digital, etc., al referirse a lo que acontece en Venezuela, mienten, tergiversan, ocultan, magnifican y acuden a cualquier clase de artificio para satanizar a Chávez y a su proyecto político con una desfachatez que nos hace preguntar si alguna vez la humanidad ha sido testigo de tanta miseria, tanta mezquindad, tanta alevosía para posicionar un fraude comunicacional en el colectivo mundial.

Citar ejemplos resulta más fácil -como decimos en nuestro país- que “pelar una mandarina”. ¡Son tantos como una plaga de langostas! Pero nos interesa señalar por el momento los últimos acontecimientos de cara al referendo del venidero 2 de diciembre, en el que las y los venezolanos deberán decir sí o no a una propuesta de reforma constitucional: Los sectores oposicionistas (que no opositores, lo cual es otra cosa) han iniciado una estrategia de violencia para enrarecer la convivencia social. El pretexto: que la eventual aprobación de la reforma “terminará” de llevar a Venezuela al “castrocomunismo” y al fin de la “democracia”. Pero, en el fondo, a muchos lo que les preocupa es seguir perdiendo sus privilegios de otrora, sus posibilidades de volver a las andanzas de sanguijuelas de las que disfrutaron por mucho tiempo. Como es de esperarse, sus “atajaperros” intentan ejecutarlo en la capital del país y en una que otra ciudad importante. De esa manera procuran un cierto impacto mediático. Y como también es de esperarse, el apoyo real es de un reducido grupo de manifestantes, inducidos al odio y a la irracionalidad por todos estos años de lavado cerebral goebbeliano. Combaten a unos molinos de viento que en su delirio de disociación les parecen monstruosos gigantes, cíclopes, gargantúas y otros bichos que supuestamente acabarán con Venezuela, aunque en verdad sea lo contrario. Les puedo asegurar que el grado de enajenación en el que han quedado cautivos muchos oposicionistas es difícil de describir. Todo gracias a los medios. Que son muy pocos quienes salen a la calle: no importa, para eso están los medios de des-información: efectos especiales de cámara que milagrosamente hacen aparecer cien personas donde hay diez, y mil donde hay cien; y para eso están en el sitio indicado y en el momento oportuno ágiles reporteros que ¿¡arriesgando sus vidas!? darán irrefutables testimonios de cómo las feroces hordas que apoyan al régimen, forrados de armas de última generación, arremeten sin compasión a indefensos, cívicos y patriotas ciudadanos cuyo supuesto único delito es reclamar su derecho a ser escuchados. ¡Mentira! ¡Mentira! y ¡mil veces mentira! Grotesca la manera de mentir. La más vulgar e inmoral manera de mentir. Y lo peor: la comunidad internacional, en su gran mayoría, ni se ocupa en verificar lo que recibe, lo que lee, lo que escucha, lo que cree ver.

A estas alturas, no faltará el lector o lectora que pensará: ¡aquí tenemos a un defensor igual de fanático de un proyecto político! Pues asumo el riesgo de ese juicio -y vale la pena- si ese “fanatismo” tiene como basamento la esperanza y el amor. Así como suena de romanticón. Solo me basta que en este proceso político el pueblo alimente la esperanza. Porque donde haya gente que supere la desidia, el abandono y la resignación estará en plena actividad el abono que hace que germine la vida. ¡Nunca –desde que tengo uso de razón- el pueblo más necesitado de Venezuela ha abrigado en su alma la esperanza de una vida con un poco más de dignidad! ¡Nunca las mujeres y los hombres “ninguneados” de la sociedad, las y los etcéteras de nuestros caseríos, pueblos y urbes, han acariciado como hoy en día la posibilidad de un techo propio, de un poco más de instrucción, de un tanto más de asistencia para lo más elemental de la salud, de algo más en los bolsillos como para gratificar la sudorosa lucha de cada día, que supone la vorágine capitalista! ¡Nunca, como ahora, hay entre los inquilinos de los estratos e y f quienes empiezan a vislumbrar que la vida va más allá de un infame sino que nos condena a las dentelladas de la sobrevivencia “del más apto”, o “del más fuerte”, o del que “mejor se adapta”! Quizá sea un “fanatismo” como el de aquel que se les perdió a sus padres cuando era un muchachito para poder quedarse debatiendo con algunos intelectuales de su tiempo, y así poder compartir su precoz sabiduría; o el “fanatismo” de quien dejó a su familia cuando llegó a la treintena para anunciar la llegada del “reinado de Dios” entre los seres humanos; o el “fanatismo” de quien se negó “un lecho donde recostar su cabeza” para que no le estorbara la misión; o el “fanatismo” de quien se indignó con el negocio de los mercantilistas que se aprovechaban de la fe del pueblo en el que le tocó vivir. Es decir, hay ejemplos de “fanatismos” a seguir. Y este “fanatismo” tuvo como motivación fundamental la misma gente sufrida, desheredada, ignorada, ajena al consuelo de quienes disfrutaban de la parte “mejor” de la vida: “Dichosos los (y las) pobres por que de ellos es el reinado de Dios (la nueva sociedad humana)”.

¡Claro que un proyecto político no es –ni remotamente- ese mentado “reinado de Dios”! ¿Quién lo ha afirmado? Pero ¿Habrá que conformarse con el infierno de un sistema de producción, de una cultura, que entronice a Mammón, prefiguración primitiva del actual capitalismo voraz y criminal, como la todopoderosa divinidad cuyos designios son inexorables? ¿Habrá que sacrificar el invalorable costo de la vida en toda su diversidad ecológica para satisfacer el ansia bulímica de las transnacionales depredadoras? ¿Acaso es un acto pecaminoso ponerse del lado quienes optan por una sociedad alternativa, en donde el ser humano y el ecosistema ocupen el lugar preponderante; una sociedad que, al decir de María Luisa Navarro, se proponga nuevos paradigmas relacionales, de manera que el ser humano deje de ser una “tuerca” del engranaje racional-productivo para llegar a ser persona-en-relación “socialmente integrada en un convivir”? (1) ¡Pues de eso se trata! La reforma constitucional no es más que un nuevo escalón que puede ayudar a ascender a nuevas formas de relaciones sociales, a nuevas formas de producción y redistribución económica en función de superar la miseria humana en Venezuela. Es verdad que el auténtico desarrollo humano no lo garantiza la letra constitucional, pero sí determina un marco referencial concreto para su logro a plazos.

Tal vez uno de los aspectos más dignos de destacar es que, a través de la reforma constitucional se busca profundizar la participación popular organizada para el logro de objetivos comunes, y que se le ha dado llamar la “explosión del poder comunal”. Y mientras que en la reforma se le daría plena vigencia a un nuevo poder del Estado: el Poder Popular, los medios de comunicación locales de oposición e internacionales se han encargado de correr la burda especie de que con la reforma Chávez busca “atornillarse” en el ejercicio del poder, como si, a final de cuentas, eso no dependiera de la voluntad popular. Claro, para eso, la media tiene una luminosa respuesta: el sistema electoral está controlado e intervenido por el ejecutivo, de manera tal, que todos los procesos electorales están asegurados a su favor. Y con credulidad supina muchos consumidores de la información mercantilizada se “comen” estos cuentos. No es mala idea que le pregunten al Centro Carter y a cuantos observadores internacionales han estado presentes en Venezuela lo que opinan de ello.

Que faltaría mucho más por hacer ¡Claro que sí! ¡Muchísimo! La tarea es titánica, supone mantener viva la utopía. Se requiere incorporar mucha moral; se necesita que simultáneamente al proceso de desarrollo de formas económicas y políticas socialistas aparezcan -y echen raíces profundas- formas socialistas de relacionamiento humano. Son muchos años y décadas de cultura de capital, el cual inyecta al ser humano el miedo al “competidor” es decir, al que en verdad es su prójimo. El hombre y la mujer socialistas están llamados a desintoxicarse de estructuras mentales en donde impera el espíritu del egoísmo, de la autoestima viciada de valoraciones patológicas, de valores consumistas que conducen a la rapiña y la depredación, de la desconfianza y el miedo simulado que no le permiten la libertad de amar, y hasta de conductas arrogantes y prepotentes con las que se pretende ocultar las debilidades. Por otra parte, ese nuevo espíritu le permitiría a la sociedad de mujeres y hombres socialistas un nuevo relacionamiento con la naturaleza y con el cosmos, entendiéndose como parte de un todo integrado, como un sistema al que hay que respetar. Sí, la tarea es grande pero emocionante. Creo que estos elementos no pueden faltar en el socialismo del siglo XXI, aunque el horizonte utópico siempre demandará ir más allá.

Entre tanto llegan los tiempos de hacer visible esta superestructura social y ecológica, nos interpela el tiempo del combate. El bombardeo mediático está siendo resistido al interior de nuestras fronteras con mucha entereza y valentía. Del lado afuera de nuestras fronteras, las ciudadanas y los ciudadanos del mundo deberán estar contestes de que llegarán nuevas noticias de Venezuela que anuncian los “desastres”, los “crímenes” y las “violaciones a los derechos humanos” que comete el “tirano”, el “autócrata” y su insufrible gobierno. Seguramente, en ocasiones, las víctimas aparecerán como victimarios y los victimarios aparecerán como víctimas. En otras palabras: la maquinaria de las infamias estará bien aceitada y a plena capacidad. Al mismo tiempo, el pueblo sencillo, sin recursos comunicacionales, el que no tiene las maneras de hacer oír su voz: la voz que gritaría: ¡es mentira!; el pueblo que está en pleno proceso de formarse para la libertad, en medio de un sinnúmero de limitaciones, debilidades, peligros, pero con no poco entusiasmo y mucha intuición, seguirá alimentando y construyendo la esperanza y perfeccionándose en y para el amor.

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(1) Navarro, María Luisa, El arte de vincularnos

mensajero.ecuvives@cantv.net



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