Cuando la gallina pone…

Dicen que de la gallina vieja se puede obtener buen caldo y aunque usted no lo crea, de esa tan cándida sentencia se pueden obtener todo tipo de enseñanzas, sean estas explícitas o implícitas. Y si es del negocio petrolero de lo que se trata, de las primeras conclusiones que el refrán provee la más evidente es que: por más que se le haya sacado provecho a sus huevos, aunque esté ya vetusta y estropeada, aún se le puede sustraer un jugoso y revitalizante caldo, y la menos evidente aunque axiomática e irrefutable es que, por la experiencia acumulada a lo largo de más de un siglo de explotación petrolera, todavía podemos disfrutar un largo rato de esta providencial bonanza. "La mujer pare llorando y la gallina cantando".

¿Al respecto, desde cuándo venimos escuchando de parte de los voceros del gobierno que al país no le está entrando sino el 1 % de lo que en el pasado correspondía al ingreso petrolero?

¿Cuántas veces hemos oído a un rollizo Wills Rangel -dirigente sindical petrolero con las mismas horas laboradas en la industria que las que le otorgan a cualquiera méritos suficientes hasta para llegar a ser presidente de una nación-, señalar que "la clase obrera ha resistido de manera firme durante más de 14 meses sin vender un solo barril de crudo, producto del bloqueo impuesto por Norteamérica"?.

El mismísimo "Presidente obrero", con similar fama de trabajador incansable que la del -en palabras de Ramos Allup "atocinado"- dirigente petrolero, no se ha cansado de repetirnos que, a pesar de la sequía de divisas generadas por las medidas que en contra de la industria de los hidrocarburos nos han impuesto desde el imperio del norte, su gobierno ha venido afrontado durante más de un año la defensa de los más necesitados. "Hay que hacer como las gallinas, que ponen el huevo y salen cacareando para que todo el mundo sepa que lo puso".

Y en una nota de prensa firmada por Yeison Sandoval del 19 de febrero, se puede leer: "En el marco de las medidas adelantadas por el Ejecutivo Nacional para avanzar en la recuperación de la industria petrolera, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, firmó este viernes la Convención Colectiva de los Trabajadores y Trabajadoras de Petróleos de Venezuela (PDVSA) 2019-2021, en acto celebrado en el Salón Simón Bolívar de la sede de la estatal petrolera".(1)

Maduro nos recordó en el acto en donde le presentaron a la nación el balance de gestión de la "Comisión Presidencial para la Defensa, Reestructuración y Reorganización de la Industria Petrolera Nacional Alí Rodríguez Araque" (nombre más largo que el título para una tesis de postgrado) que, producto de las sanciones económica contra nuestro país, se redujo en un noventainueve por ciento el ingreso nacional de divisas, y que esto había generado un efecto devastador sobre los salarios, dejando inservibles por ociosos los contratos colectivos.

Ahora bien, si nos lo dicen con la mismísima insistencia con la que Juan Guaidó no para de recitar su mantra ("cese a la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres"…), no entiendo cómo es que el presidente que confiesa recibir tan mermado presupuesto, les hace tan esplendida gratificación a los trabajadores de una empresa parada desde hace más de un año y que por lo tanto no produce dividendos. Con razón dice un refrán castizo que: "unos vienen a pelar la gallina y otros a ver como la pelan".

Con la garganta aprisionada por el cuello de una celebérrima camisa roja que casi no puede contener el desbordamiento adiposo, el sindicalista Rangel anunció una serie de beneficios contractuales adquiridos por los trabajadores de PDVSA y sus empresas filiales en el que nada más para el transporte obtuvieron un bono de 50 millones de bolívares soberanos además en su equivalente en petros, para que no se los vaya a pulverizar la inflación pero, ¿es eso racional cuando el resto de la población activa, es decir la que continúa trabajando a pesar del bloqueo injusto, desmedido e ilegal, a pesar de la catajarria de sanciones unilaterales, inaceptables y abusivas impuestas por los Estados Unidos y sobre todo muy a pesar de la pandemia, ganando un sueldo miserable que a duras penas nos alcanza para sobrevivir, para comer algo hoy para volver al trabajo mañana y así hasta que el cansancio, la inanición y la desesperanza nos venzan?. ¿Será cierto entonces que "grano a grano llena la gallina el buche"?.

Así como han hablado y aclarado sin descanso acerca de los alcances de las medidas sancionatorias unilaterales y del sanguinario bloqueo imperial, y su repercusión en la exploración, explotación, producción, refinación y comercialización petrolera, también lo han hecho para alabar el altruismo, abnegación y benevolencia con la que el personal sanitario (médicos, enfermeras, bioanalistas, técnicos en diversas áreas, personal de mantenimiento, camareras, camilleros, ascensoristas, etcétera) se ha entregado con generosidad y desprendimiento, poniendo en riesgo hasta sus vidas, pues no están exentos de contagiarse con el peligroso virus SARS-Cov 2, para socorrer a los miles de casos que han requerido de atención médica y de soporte vital.

Pero esa misma entrega, esa misma prodigalidad también la han tenido los docentes de todos los niveles educativos que, comenzando por cambiar de paradigma educativo, de tener que aprender a trabajar con otros patrones de enseñanza, han asumido la responsabilidad pedagógica a distancia en un momento en el que sus equipos de computación generalmente son obsoletos, con los obstáculos que generan los apagones, con las dificultades que suscitan las malas conexiones a internet y con los apuros financieros que deben soportar para llegar con las cuentas balanceadas a los quinces y últimos de mes y sin embargo, son abofeteados en sus buenas intenciones otorgándoles unos sueldos miserables, como contraprestación a sus sacrificios. "Cuanto más escarba la gallina, más tierra se echa encima".

Nicolás expresa que las medidas del gobierno de los Estados Unidos "han tenido un efecto devastador en los salarios, en los contratos colectivos; hemos logrado defender la educación, la salud, el derecho a la vivienda, la cultura, el derecho al trabajo, a la dignidad, pero sin duda ha quedado vulnerado tremendamente el estado de bienestar".

Y sí, el estado de bienestar se esfumó llevándose consigo las esperanzas de todo un pueblo que confió y lo sigue haciendo en una "revolución" que le abrió las puertas a la ilusión, que generó unas expectativas, unas esperanzas y sobre todo una convicción en que pacientemente les llegarían la prosperidad, la tranquilidad y la holgura económica que alejara para siempre de ellos el infortunio y la desventura.

Pero los salarios dicen lo contrario y Pascualina Cursio -a mi manera de entender una de esos "izquierdistas trasnochados" que tanto incomodan al primer mandatario nacional-, al respecto sostiene que "Hay quienes bajo un dogma monetarista pretenden cerrar el debate con una frase: ‘no hay dinero pa´ salarios’. A esta afirmación y con el mismo tono de rendición le añaden otras: ‘no podemos ajustar los salarios si no producimos’. Culminan diciendo: ‘estamos bloqueados por el imperialismo’."(2) Y técnicamente ella debe saber más de eso que cualquiera de los "bate quebraos" que declaran profusa y constantemente tales barrabasadas haciendo comparsa para sostener, no al gobierno, sino a ellos mismos en sus cargos, gozando de sus privilegios bajo la consigna de que "¡pa’ pobre no vuelvo!"… Decía socarronamente mi abuelo: "A la gallina, la mujer y el marrano, pónganle la mano".

Y aunque el mandatario nacional afirme que "la recuperación del sistema de protección integral de los trabajadores vulnerado por toda esta guerra. Nosotros estamos en una fase de resistencia, qué sería de Venezuela si no existiera el Sistema Patria y todo el apoyo que les damos a las familias, si no existieran los CLAP, la educación, la salud pública, el sistema de viviendas; nos hemos defendido con lo que nos dejó Chávez, el Sistema de Misiones y Grandes Misiones, con lo que creamos en el año 2017, pero tenemos que pasar de la defensa a la ofensiva"(1), le cuento mi presi que del CLAP no supe desde el año pasado hasta el mes de febrero que corre, aunque a mi parecer es menester comer a diario. Le puedo comentar también que mientras gandolas del oxígeno nuestro socorrían a nuestros hermanos brasileños, uno de mis queridos amigos poetas pedía desesperadamente entre sollozos que hiciéramos "una vaca" para facilitarle literalmente por su vida una bombona de ese gas vital. Y no es que esté mal el internacionalismo y la ayuda humanitaria, que por algo somos o nos decimos revolucionario pero al parecer "A la gallina cacaraquienta es a la única que se le toma en cuenta".

Dice también la Pascualina nuestra de cada día: "No es el bloqueo económico impuesto por EEUU la principal causa del deterioro del salario, claro que influye, pero no es lo determinante. Lo que más peso ejerce es el ataque al bolívar que ni siquiera incorporan en su discurso, presumimos que tampoco en sus análisis a pesar de que, el propio imperialismo ha confesado que es una de las armas de la guerra económica que ha usado contra los venezolanos. A partir de ese diagnóstico equivocado comienzan a entramparse en contradicciones y paradojas incluso en sus propias teorías".(2)

Contradicciones y paradojas estas en las que se enreda nuestra dirigencia revolucionaria desde los inicios del proceso y que nos llevan al matadero por hambre y extenuación sin que los nuevos diputados miren aunque sea con un catalejo en una noche despejada y desde la hermosa panorámica del pesebre caraqueño que nos muestran los ventanales del casino del hotel Humboldt, les estruje el corazoncito y se den cuenta de la suerte que detrás de la retórica sufre el pueblo venezolano.

El "ataque al bolívar, que es un fenómeno externo a la dinámica de los mercados" trae como consecuencia un incremento desproporcionado del precio de los productos y dado que el salario hace años que se encuentra inmóvil y contra las cuerdas, el resultado lógico que produce es una caída en picada del poder adquisitivo y por ende una disminución en la demanda y en la producción. Esto evidentemente afecta todas las aristas de la economía nacional, pero sobre todo y lo más importante, origina una mengua del consumo por parte de nosotros, los asalariados no pertenecientes a la clase obrera petrolera.

Recomienda entonces la Dra. Curcio que para resolver el asunto que: "La única manera de resolver esta paradoja es aumentando la cantidad de dinero que circula en la economía en la misma proporción que aumentan los precios. Dinero que debe destinarse a estimular la demanda por la vía, entre otros, del consumo de los hogares, y para ello es necesario, orientarlo hacia el aumento de los salarios nominales en la misma proporción que los precios, a eso se le conoce como indexación".(2) Eso quiere decir que "no hay gallina gorda por poco dinero".

Mientras tanto, los venezolanos afectos al gobierno, opositores a éste o indiferentes de a bola, tenemos que batallar a diario con la escalada de los precios y con la liliputiense remuneración que percibimos para no ser acusados de "izquierdistas trasnochados", de "intelectuales de cafetín" o de "infiltrados, traidores a la patria". Con razón señalan por allí que a "gallina que al gallo espanta, hay que cortarle la garganta".

1: http://www.pdvsa.com/index.php?option=com_content&view=article&id=9635:firmada-convencion-colectiva-de-la-clase-trabajadora-petrolera&catid=10:noticias&Itemid=589&lang=es

2: https://www.aporrea.org/economia/a299933.html


 



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Carlos Pérez Mujica


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