La tristeza de César Miguel y su vergonzoso silencio ante las ofensas del Alcalde de Cúcuta a Venezuela

En un escrito de César Miguel Rondón, que pretende ser una respuesta al comunicado de Conatel, a través del cual el Directorio de Responsabilidad Social en Radio y Televisión le hace un firme llamado “…para que haga un uso responsable del espectro radioléctrico, cónsono con su pleno derecho a la libertad de expresión, incluyendo la crítica y la denuncia, pero que –como establece nuestra Constitución y las leyes- tiene como contrapartida la ética, el equilibrio y la verdad”, el absurdo es lo que se impone.

César Miguel después de contar con ciertos detalles la génesis de su familia, partiendo del matrimonio de sus padres y su vida en el exilio en México que concluye con el fin de la dictadura de Pérez Jiménez cuando retornan a Venezuela, siendo apenas él un niño de 6 años, remata afirmando que es “venezolano por nacimiento”.

Dijo Rondón que “vivimos tiempos absurdos, crueles, oscuros, injustos, terribles y miserables” en el que “hay que aclarar lo que está claro”.

Acerca de lo que hace descomunal silencio César Miguel Rondón es acerca de por qué el programa de radio que conduce fue utilizado como tribuna por el Alcalde de Cúcuta, Donamaris Rodríguez, para proferir ofensas a la figura del Presidente Nicolás Maduro, como a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y a las instituciones de la Nación venezolana.

César Miguel afirma que desde niño aprendió a “defender el país, defender sus instituciones, defenderlo todo”. Pero en la práctica ha demostrado que es falso. No intentó, en lo más mínimo, exigir el respeto al país de parte de su entrevistado. Su silencio, ante tanta injuria e infamia, demuestra que se congració con el ofensor y sus ofensas.

Cualquiera que oiga, unos minutos, el programa radial que conduce César Miguel sabrá que entra en la categoría de los “antichavistas recalcitrantes”, quien apenas lo disimula con su voz engolada y especialmente ofreciendo tribuna a quienes como Donamaris Rodríguez, carecen de escrúpulos para denigrar de las autoridades y de las instituciones del país, mientras el conductor del programa guarda un conveniente silencio.

Que agradezca César Miguel que en Venezuela después de Hugo Chávez se respetan los derechos humanos de los opositores al gobierno, porque si fuera como en los tiempos de la cuarta república, donde gobernaban los adecos que tanto admira Rondón, los más seguro es que le aplicarían el exilio por irrespetuoso e irresponsable en el ejercicio de la profesión que ejerce.



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