Las protestas no son pacificas

La protesta es una forma de manifestar inconformidad, tiene implícito el rechazo a determinadas políticas públicas, por tanto ninguna protesta es pacífica, porque su esencia es protestar. Ellas tensionan al Estado, aun cuando se consideren inofensivas. No obstante, es el único recurso con que cuenta la sociedad, para elevar su voz ante situaciones que se estiman necesarias alertar y que por la vía burocrática no ha sido posible.

La protesta es un derecho ciudadano otorgado por el Estado democrático. Él reconoce de hecho, que requiere del látigo de la ciudadanía para corregir y acelerar la marcha. La protesta por tanto, es una alerta de que algo pudiera no estar funcionando correctamente.

Ahora bien, siendo la protesta un derecho ciudadano, se debe de cumplir con ciertos protocolos, por ejemplo, presentar y cumplir la hoja de ruta. Aprobada la solicitud, pueden expresar en las calles las demandas e inconformidades que reclaman al gobierno, pero siempre apegadas a los principios democráticos, al respeto de los bienes públicos y privados.

Cuando la protesta quebranta estos principios, estamos en presencia del rompimiento del acuerdo democrático. Situación que pone en entredicho el espíritu, razón e intención de la convocatoria, trayendo como consecuencia que el objetivo que agrupó a la mayoría de los convocados se pierda. Pero es más grave aún, cuando ésta se torna violenta, no sólo se pierde el objetivo sino que se pone en peligro la integridad física de los marchantes, así como de los que observan y transitan por el lugar.

En este sentido, el Estado venezolano está obligado a garantizar el derecho ciudadano a protestar, pero los protestantes están obligados a respetar el espíritu democrático de la protesta. Ambas partes deben rendir cuentas de sus actuaciones, ante la opinión pública de los hechos ocurridos el 12F, que dejaron como saldo negativo tres muertos, docenas de heridos y, daños mil millonarios al patrimonio de la nación y privados.

Los manifestantes están obligados a cooperar, señalando ante los organismos del Estado a los responsables de tan deplorables sucesos. Hasta ahora, no hemos visto una actitud convincente de los protestantes, solo simples declaraciones distanciándose de lo ocurrido. Lo cierto es que, la protesta como derecho ciudadano se debilita, ante hechos como estos y solo se podrá fortalecer este derecho, en la medida que sucesos como los del 12F no queden impunes.


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Jiuvant Huérfano


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