Volver al futuro

Pocas horas para el suceso electoral y mis camaradas articulistas de aporrea.org y de otros medios de comunicación hablan, escriben y especulan sobre lo que pasa ahora y hasta las elecciones presidenciales del 7 de Octubre, pero no dicen nada sobre lo que ocurrirá después de esa fecha, y es lógico, no son adivinos. Ni siquiera la iluminada astróloga Adriana Azzi lo ha dicho.

Yo en cambio, aunque no conozco al Dr. Emmett Brown, si conozco a un brujo loco que utiliza una bola (la bola de Néstor), el cual me transportó no en un ‘Delorean’ sino en un tal “Autobús del progreso” de vuelta al futuro, y pude vivir por adelantado muchas cosas.  

Lo primero que debo advertirles, es que todo viajero por el tiempo que se respeta, no dice mucho de lo que sabe porque corre el riesgo de ocasionar una “paradoja universal”, es decir, uno de esos paradigmas sintagmáticos en el cual se puede terminar “empatado” con la mamá de uno, o peor aún, siendo uno mismo su propio padre. Bueno… ustedes me entienden.

Después de un tortuoso viaje en el destartalado autobús ese –al cual por cierto tuve yo que echarle la gasolina-, aterricé el 8 de Octubre de 2012 al lado de un kiosco en la plaza Altamira y lo primero que vi al levantar la mirada fue la primera plana de El Nazional. Oh sorpresa, FRAUDE y en letras rojas.  

Punto aparte, no lo voy a negar, al percatarme de mi adelanto en el tiempo, pensé inmediatamente en buscar los resultados de la lotería, pero que va, las ganas de leer el editorial de Miguel Enrique resultaron ser más fuertes que mi ambición.

Al mismo momento pensé que era muy temprano por cuanto la ruma de este periódico estaba intacta, aún no se había vendido el primer ejemplar todavía, pues no, era mediodía, y lo pude determinar porque olía a comida de restaurant, específicamente a puré de Suapara. 

El editorial de Miguel Enrique no hablaba del lumpen desdentado, ni de bollos de pan, ni de carteritas de aguardiente, no señor, en el señalaba que era sabido que toda “la sociedad civil-izada chavista” había recapacitado luego de 13 años de desastre gubernamental comunista y había votado abrumadoramente por “El Flaquito”;  por consiguiente estábamos ante la presencia de un descarado fraude; teoría respaldada además por la imparcialidad y la pureza democrática del gobierno de los E.E.U.U. Fraude que había sido –para variar- culpa de Chávez. Así como lo oyen, perdón como lo leen.

Les cuento que por ese fraude, en el futuro ahora no se habla de la teoría del ‘cisne negro’ sino de la teoría del “Pato Blanco”. ¿Porque? Ni idea, no pude leer completo ese artículo porque estaba muy ocupado viéndome a mí mismo lo que hacía. 

Desgarradoras fueron las escenas, ¿O serán?, de la mesa de la unidad. Todos esos vejestorios (de edad y de actitud) con los ojos vidriosos, rojos y brotados, con ojeras y todos despeinados la mañana del 8;  con el tufo de aguardiente crudito y con la tembladera propia del delirium respectivo. Todos insultando a William Ojeda, Aldo Cermeño y David de Lima porque la cosa estuvo tan cerrada, que por esos tres votos habían perdido las elecciones. 

Pude ver a Marta Colomina, María Corina Machado, Carla Angola, Nitu Pérez Osuna, Del Valle Canelón, Marielena Salazar y todo ese harem de exquisiteces en vinagre, bajarse de un autobús y parecían regresar de tres días de rumba en algún lugar de los médanos de Coro, todas sudadas, amarillentas como en realidad son, con el rímel “corrido” de tanta lágrima y tanto “jipeo”, destilando su odio y gritando: “¿Porque dios mío? ¿Porque hiciste a este pueblo tan chusma señor?”.  

De Ismael García y ese largo tren de conversos ni les digo. El óleo abstracto de quien plasma en autorretrato su porvenir; desnudo y viendo hacia el sol, pero al mismo tiempo rascándose el que les conté y oliéndose el dedo. Todo un monumento a lo “indevolvible”.

De verdad que la cosa estaba muy divertida pero al mismo tiempo fastidiosa, pues era la crónica de la derrota anunciada. Pero esto no terminó aquí. 

Solo para satisfacer mi ego triunfador en venganza por tanta Arr.. que me da globovisión a diario, es que decido quedarme un ratico más y es cuando veo  lo mejor; un salto de talanquera pero en manada. ¿A que no saben quienes saltaron -o saltarán- la talanquera pero pa’ca? Pues el primero fue –o será- nada más y nada menos que Pedro Carmona Estanga, el hijo ilustre de la brevedad que ahora busca -o en el futuro buscará, ustedes me entienden- llegar al poder aunque sea de gobernador por el PSUV.

Más atrás brincó –o brincará- Leopoldo Castillo, Miguel Enrique Otero, Marcel Granier, Miguel Ángel Rodríguez, Rafael Poleo y el último en brincar fue –o será- Lorenzo Mendoza. Por cierto que para ese momento, la “Harina Pan” no había aparecido todavía. Atención Indepabis. 

Las náuseas por lo que vi me marearon más que el fulano viaje ese. Es cuando decido aprovechar el autobús, le metí RETROCESO y me fui para el pasado.  

Aparecí en los años más hermosos de la cuarta. La matazón de estudiantes universitarios, las redadas a “plomo limpio”, las reclutas a peinillazos, ohhhh dios, eso sí que era vida; por todos lados desaparecidos, muertos, barraganas, partidas secretas, jeeps, chinitos de recadi, barcos sierra nevada, barril de petróleo a 6 dolares, etc. Ahhhhhhhh, mis lágrimas brotaron de la emoción de volver a vivir lo que ya había vivido.  Millones de jóvenes sin cupo, teteros de agüita de spaguetti con perrarina, años sin aumento de sueldos ni salarios, abuelitos reumáticos y diabéticos arrollados por tanquetas de agua, y todos estos mismos politiqueros (bastante más jóvenes CLARO) que hoy quieren salvarnos del terror chavista, más ricos y sonrientes que nunca. ¿Por qué eran tan felices? No recuerdo. Diosssss que bellos recuerdos. 

Lamenté mucho eso sí, que la generación de manitos blancas de hoy no me acompañaran en ese viaje tan hermoso a la democracia pura que tanto anhelan. Les confieso que dude, por un momento pensé que había ganado Capriles, lapsus.

Solo estuve cinco minutos en ese pasado verdiblanco tan maravilloso y pensé en cambiar las cosas, pero me acordé de la película y de las consecuencias de cambiar el pasado por la ambición de cambiar nuestro futuro. 

Pero que va, no aguanté la tentación, por eso viaje a las semanas previas a las elecciones presidenciales de los años 1978, 1983, 1988 y 1993, para así poder cambiar la historia que tuvimos hasta la Venezuela de hasta 1998, ¿y saben lo que hice?, hipnotice a medio país y a la otra mitad lo convencí pero igualito ganaron los adecos y los copeyanos. ¿Por qué sería?

Que viajecito el mío, porque no pude “volver al futuro” donde Chávez les gana otra vez en el 2018? 

Jcar2021@gmail.co

 

TW: @jeca_65



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Jorge Carles Acosta


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