María Corina: ¿una indígena más?

Sin pensarlo dos veces, la precandidata de la MUS, se uniformó de indígena y se veía tan cuchi que hasta los indígenas presentes al acto político con asombro, no lo podían creer que, María Corina, fuera una representante de su raza en cuerpo y alma –aparentemente.

Su broquelage informático bien programado y después la activad in situ en cuestión, dejó boquiabierta a miles de los presentes y a Diego Arria en particular que, una vez que lo supo frente al espejo de su pasividad de su facultativa mundial y, vio la foto de La Malinche, exclamó, con pausa de ex embajador ante la ONU, -ahora yo seré el cara pálida de la oposición por estatura y peso y, dejaré atrás mi traje de gorila para internarme en la selva de los indios venezolanos a ver si esta vez ellos me explotan a mí: llevándome a Miraflores y como Tarzán dijo sin ponerse a pensar que, -donde hay monos hay convivencia-, me da la fortaleza de mandato consagrado de realismo, el rescatar la dignidad de los excluidos y esa será mi mayor fortaleza que le ofreceré al mundo como hombre de cultura universal que siente y padece más que María Corina como lo he demostrado –por demás.

La foto que deslumbró al mundo en sumo grado de popularidad fue en miniatura y, comprimida que sin sombra alguna, concentró en María Corina, una personalidad de exquisitez incomparable y como tal se vendió, recorriendo canales de televisión y páginas enteras de diarios entusiasmados que dejaban atrás el peligro del hundimiento del euro que en canoa amazónica sirvió como la esperanza que hacía falta, para que se conociera una región de Venezuela que comenzó a despertar de un largo letargo de retazos de incivilización y María Corina sabiamente hurgó en lo más profundo de la metamorfosis humana –vista como una mudanza de sentimientos- y, en su afán de ser, ha inyectado a su delicada persona una gota de rocío de otras generaciones que quizás y lo más seguro, ella no entiende ni entenderá y con esa picardía que bulle en otros, alguien inmediatamente dejó caer como un eco nada lejano: -ésta cómo que se equivocó de fiesta, trasladó lo decembrino a lo carnavalesco dentro de una idiosincrasia que a todas luces, la deja bien mal parada.

Y así como el mundo lo vio, Venezuela no podía ser la excepción que de lo más cuqui la contempló con su mapirito a cuesta, colgando de su cuello con un caballo blanco de rabia por galopar al contrario de la Venezuela actual que, recorre con su revolución de paz a satisfacción en proceso: la justicia social a la que todos tenemos derecho.

Se comenta en grado treintitres que la prenda de vestir utilizada por María Corina, para atraer los indígenas del estado Amazonas a su causa fue, creada por la diseñadora Carolina Herrera en Nueva York que impecablemente, puso a volar a María Corina, por algunas horas dentro de las ansias de poder que la invade y la llevó a navegar en lo ridículo de una idea traviesa que, por más que se disfrace de jefa tribual siempre se le ve el bojote por más que se tongoneé.

María Corina en su fértil acoplamiento de aventura selvática: soltó prendas de comunicación que la alzaron por los aires de la reflexión y a su entusiasmo de un ruipóntico indígena como un drama artístico más de su singularidad nada espontánea, atrajo a los presentes hacia sí, con que: “La presencia del Estado se hará realidad en todos los órdenes” y en respuesta nada agradable de comprensión a su fingida pretensión dentro de su “Capitalismo Popular” fue, que todos los loros del Amazonas se pintaron de colores en una desbandada de ruidos que todavía sucumbe esos lares y, fueron tantas las mentiras que puso al descubierto que algunas corren por sus venas engañosas de una política que encaja bien en su “revolución de emprendimiento de su estrategia” sutil con que lastimó esa región.

Fue en sí una lastimosa plegaria la que su persona llevó envuelta como estuvo en su disfraz maquiavélico que como oferta vendió, promover “la igualdad de oportunidades y el bienestar”, por cierto –indefinido. Y ella, María Corina, se atrevió a dejarles, toda la chatarra oxidada de su pensamiento apátrida como escuálida oligárquica que quiere modernizar el oprobio de su clase social a quienes le han servido toda la vida.

¿Y ahora qué seguirá dentro del melodrama político de los aspirantes de la MUS, que cada día que pasa, queman las pocas neuronas que –aún le quedan?

estebanrr2008@hotmail.com


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Esteban Rojas


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