El avión presidencial no se vende

Mientras las voces del fango hablan de vender el avión presidencial y de “tiros por la culata”, vemos a un Chávez humano, solidario y lleno de sentimientos, metido en la sangre y la carne de su propio pueblo. Su conciencia revolucionaria se hace praxis y profundiza en el ejemplo de un auténtico estadista, que no brinca charcos como los demagogos de la Cuarta República, sino que es una centella que tiende la mano y la esencia del alma para darle oxigeno a las familias afectadas por el tiempo inestable e inclemente. Así, empapado de lluvia intensa, se sumerge, se entrega a sus mejores esfuerzos y sus palabras no cesan a favor de la causa de justicia para los necesitados.

A medida que se incrementan las respuestas y con ello la ayuda y la acción responsable del gobierno nacional, la soberbia hace sombra sobre el mantel de la mesa de la unidad y por ende oscurece el pensamiento de los malvados comensales, quienes en su odio, su ceguera y perturbación mental apuestan al deslave y la decadencia. Todas esas apuestas absurdas lo que hacen es levantar los oleajes de la reprobación, tal como me lo han dicho personas respetables de este Estado. Por ejemplo, alguien me dijo que más allá de la mala voluntad que le circunda en el fomento de las bajas pasiones, el tipo que propuso vender el avión presidencial tiene una visión distorsionada y ve todo hacia un solo lado. Para opinar con precisión es necesario ver el conjunto del espectro, porque sino la mirada mental termina fijada en el marco de la irracionalidad.

Precisamente, cuando la centella rompía el silencio de la noche lluviosa, los personalismos sin personalidad calcaron inoportunamente sus opiniones de poca monta, cuyas palabras no alumbraban ni siquiera con el relámpago impetuoso que cruza raudo el cielo del horizonte. No obstante, ellos con su ejército de escuálidos están empeñados en pulverizar la vida del país y de allí sus comentarios, sus opiniones absurdas de desorientación y convicción pesimista.

En tanto, tengamos nosotros la confianza en el porvenir porque nuestra revolución está iluminada por el sol de la libertad. Pronto escampará y esa lluvia que hoy nos sumerge en la nostalgia, encontrará su desagüe progresivo y solo quedará el agua cristalina para bañar la fe en el lago del optimismo. Que sigan ellos en el fango del desprecio hacia el alma del pueblo y su gente, mientras la revolución apuesta por la patria, por el bienestar y el progreso.

Y estas no son meras frases de un poeta errante sino palabras mías enmarcadas en una profunda convicción en lo que creo y defiendo. Tampoco son ideas preconcebidas y acomodaticias sino verdades que me salen del alma, para hacerle frente a las cóleras injustificadas que pretenden anular todo el esfuerzo que hace el gobierno revolucionario y el propio presidente Chávez. Siga adelante Comandante y no se detenga usted a escuchar los rebuznos de esos tipos que quizás no tengan sangre en sus venas sino un mazacote casi convirtiéndose en mazamorra petrificada. Tal vez esos comentarios destemplados de vender el avión y los tiros por la culata, son los primeros síntomas que dejan ver que la peste verde también ha llegado a las praderas de un nuevo tiempo.

Politólogo

eduardojm51@yahoo.es


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Eduardo Marapacuto*


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