En Venezuela no hay limosneros

Por supuesto que todavía se dan raros casos de mendicidad, particularmente en aquellos estados y municipios con gobernantes de la rancia derecha poco colaboradores con los planes nacionales en pro de poner un coto general al problema del hambre y de la pobreza extrema. En Valencia se observa todavía una mamá con su niño semidesnudo usado para pedir limosna; se posan sobre el suelo, según sus hábitos traídos de zonas indígenas.

Hasta hace unos 5 años era frecuente la misma pintura con niños, ancianos y hasta mujeres jóvenes medicando a las puertas de iglesias, bares, restoranes y en puntos céntricos de las principales ciudades.

En Valencia presencié muchísimos casos de indigentes que esperaban las horas pico del almuerzo para forzar por esa vía a los dueños de restoranes para que les dieran un plato de sopa, por cierto bien vieja y refrigerada. Ellos se presentaban de improviso con harapos y cargados de olores nauseabundos.

Los niños pedigüeños formaron parte de los llamados “niños de la calle”, como si fuera una cuestión ya normalizada y característica de toda Venezuela.

Recordemos a aquel personaje de la TV que hizo bastante dinero para sí con una malsana fundación para recoger donativos en favor de los “simpáticos niñitos del Páramo”. Estos niños anémicos pedían limosna en efectivo y especie. Se les veía a las orillas de las carreteras de esas cumbres andinas con sus anemias y sonrojadas mejillas, con ropitas ligeras y raídas incapaces de protegerlos de aquellas bajas temperaturas. Los visitantes pasaban indiferentes, iban como turistas, jamás gobernante alguno se preocupó por ellos.

El Comedor Popular de Valencia, si bien ofrecía comida a Bs. 1,00, sus condiciones sanitarias dejaron siempre mucho que desear porque sencillamente sus principales y más numerosos comensales eran limosneros e indigentes.

Hoy, todos esos cuadros, que eran tan abundantes y cotidianos, han desaparecido en casi su totalidad. Las personas pedigüeñas que se puedan encontrar todavía son, más bien, actores y actrices muy bien tarifadas por la oposición para hacerle ver a los transeúntes que las ayudas alimentarias del gobierno son mentiras políticas. El Estado debería hacerle seguimiento a este tipo de delincuentes.


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Manuel C. Martínez


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