El discreto encanto corruptor de los contraticos

La destructiva actividad generadora de riqueza sucia y deshonrosa, que es la corrupción, mortifica con fundamento. Luciera como si agobiara a una sociedad ambivalente que no alcanza condenarla con resolución, sino que cuando lo hace no disimula nunca la envidia que en muchos denunciantes más bien pareciera subyacer. De forma tal, que seríase capaz de odiarla y combatirla siempre y cuando no favoreciera de alguna manera, o que, en todo caso, no permitiera incorporarse a ella a través un mero acto de cómplice consentimiento que colocara al ser de marras -por tanto- en un plano de marginación.

Ahora, en sentido lato corrupción es por ejemplo favorecer a alguien para obtener una contraprestación económica; llámese comisión, o coima. Es administrar con dispendio e irresponsabilidad manifiesta. Es actuar con aparente desgana esperando el ofrecimiento previsto para convertirse en laborioso. Pero el acto magno de la corrupción es corromperse; corromperse mediante una decisión conciente que pretendiera luego disimularse con aparatosas apariencias; y grave, y muy grave corrupción también es, preparar a nuestro hijo o hija para ser corrupto, comprándole con algo material la supuesta bondad o corrección de su conducta incipiente.

Pero hay esta vez en sentido estricto otras formas de corrupción que, por ende, resultan más sofisticadas (pudiera ser que hasta admirables) y correspondientes ya a la contraprestación de unos supuestos méritos que alguien, en particular acumulara, por haberse enajenado con insólita jactancia a la postura y ejecutorias inmorales de otros, que con la evidencia de su inhumanidad, constituyen genuinas anomalías recurrentes en la triste historia humana, y que en obtusa justicia terrenal, deben (o tienen) que pagarse de forma personal; no mediante el grosero desembolso de tesorería de una formidable suma, sino de otra forma muy disimulada que, incluso, se ve como muy normal dentro del mundo degradado del capitalismo: pues recibiendo el corrupto un contratico de una poderosa empresa del poder económico mundial privado.

Veamos entonces dos que pudieran resultar por ahora paradigmáticos. El primero fue el del cocodrilo Rupert Murdoch, dueño de un verdadero imperio mediático mundial, que le firmara al franquista José María Aznar en su abierto beneficio compensatorio, por sus “méritos” obtenidos en la cumbre mafiosa de las Azores, previa a la ilegal invasión a Irak por parte de su verdadero patrón, que aún es Bush… Este contratico “inocente” representa, para la envilecida humanidad de este patiquincito de ultramar, una suma apetitosa aunque aparezca como uno de los “consejeros” peor pagados del cocodrilo (y todo un asqueamiento, seguro para él con razón), pero que resulta el único integrante no anglosajón del “Board of directors”; vale decir, del órgano del grupo que toma las decisiones.

El que sigue se acaba de anunciar; y no es otro que el correspondiente esta vez al cómplice mayor de Bush en el genocida emprendimiento militar: Tony Blair, a quien el poderoso banco gringo, JP Morgan, le acaba de firmar otro contratico a medio tiempo, el cual, por los momentos ha sido tasado en un millón de dólares anuales, y todo para que pague todas sus hipotecas contraídas cuando gobernaba; y con seguridad, libres de polvo y paja…

Y me ha llamado la atención haber leído, no hace mucho, que el presidente de la gigante General Electric realizara una sospechosa visita a Uribito en su flamante rancho “El ubérrimo”, un muy sugerente nombre a propósito de esta visita. No quisiera pensar que bajo el pretexto de hablar de inversiones, lo que estuvieran más bien fuera hablando -con la debida anticipación, y sobre todo- del alcance de las cláusulas económicas que muy seguro habrán de conformar el contratico que, como nuevo “asesor”, pudiera rubricar Uribito con la General Electric tan pronto deje la ubérrima presidencia de Colombia.

Y sabemos que a Fox ya se lo habían dado todo por adelantado, pero donde al parecer sirvieron de refuerzo complementario las propias arcas de México.

crigarti@cantv.net


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Raúl Betancourt López


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