Política Comunicacional Bolivariana (Parte I)

Mucho se ha venido hablando en la Venezuela actual de la necesidad de construir una política que responda a las exigencias comunicacionales del proceso de cambio revolucionario que se esta desarrollando en el país en estos últimos años.

El propio comandante Chávez en diversas oportunidades ha aludido tan candente tema, expresando una preocupación, que en buena medida, le es común a muchos de quienes activamos en la práctica comunicacional desde la perspectiva de la defensa y consolidación del proceso bolivariano. No obstante, a medida que transcurre el tiempo se siente, a pesar de los esfuerzos que se adelantan, que no se termina de articular una política coherente capaz de vincular e integrar todas las aristas que conforman la acción comunicacional del Estado y del gobierno bolivariano, de los movimientos sociales y de las fuerzas políticas que procuran la concreción de un nuevo país, de un nuevo Estado, de una sociedad alternativa fundamentados en los valores del socialismo.

Mientras los sectores que propugnan el retorno del viejo orden, aun cuando se encuentran debilitados políticamente y sin una estrategia que les avizore salir del marasmo en que se encuentran, –independientemente de los grupos exaltados y alentados por agencias imperialistas que propician el abstencionismo y la desestabilización de las instituciones-, disponen de un potente aparato comunicacional que incluso les permite imponer matrices de opinión (Chávez esta regalando en el exterior los recursos del pueblo; el CNE no es garantía de transparencia; la inseguridad se ha aposentado en la sociedad venezolana, etc.) a pesar de la evidente postración política que los caracteriza. Sin duda estén empequeñecidos políticamente (encuestas dixit) pero mantienen una fortaleza comunicacional nada despreciable. Fortaleza que al recostarse en la ideología burguesa que todavía predomina en la sociedad, en la mente de nuestro colectivo nacional, se constituye en el mayor peligro interno, que hoy por hoy, tiene la revolución venezolana.

Estos sectores han sido derrotados en lo político, en lo militar, en lo económico, en lo social, en lo internacional, en fin, han conocido el polvo de la derrota en todos los terrenos en los que se ha librado la confrontación de las dos fuerzas antagónicas actuantes en nuestro país. Pero comunicacionalmente se mantienen “vivitos y coleando”. Esa fortaleza es una “cazamata” a la que están aferrados y desde donde desarrollan una endemoniada ofensiva comunicacional.

Por cierto, es esta circunstancia, la que ha hecho proponer a más de un compatriota movidos algunas veces por la impotencia, que se proceda a expropiar a las grandes empresas mediáticas privadas, a por lo menos una de las más emblemáticas. Acción que, a nuestro modo de ver, sería un craso error que sólo serviría para dotar al oposicionismo de una bandera que sabría desplegar a los cuatro vientos, tanto al interior pero más fuertemente fuera del país. Más aún, una acción de esta naturaleza despojaría a la revolución bolivariana, pacífica pero no desarmada, de uno de sus más caros símbolos: el de la libertad de expresión, que incluso en los aciagos y terribles días de abril de 2002 supo preservar. Tan importante es este elemento simbólico en la política del gobierno bolivariano, que el imperialismo a pesar de su poderío y de su inmensa capacidad de chantaje no ha podido influenciar en la mayoría de los gobiernos de los países occidentales para que tilden de antidemocrático y totalitario al gobierno del presidente Chávez, con las consecuencias que de allí se desprenderían. Precisamente, en buena medida, por el respeto que este le ha sabido dispensar a la libertad de expresión, que proclama por encima de cualquiera otra consideración el contenido profundamente democrático del proyecto de país que estamos desarrollando.

Por supuesto que esta vocación de fe democrática no es óbice para que a las empresas mediáticas privadas se les aplique con todo rigor las sanciones que sean menester ante el incumplimiento de los reglamentos y leyes que rigen su funcionamiento. Ello sería, cabal expresión, también, del apego al estado de derecho vigente plenamente en el país.

En la lucha ideológica – comunicacional que esta planteada en Venezuela se requiere la construcción de una política comunicacional bolivariana. Ha llegado el momento para que se acometa diligente y efectivamente una materia de tan trascendental importancia para el devenir de la patria. Retardar u obstaculizar por intereses grupales o particulares el tratamiento, de una vez por todas, de una tarea de tanta significación además de una irresponsabilidad es, ni más ni menos, un atentado contra la consolidación del gran esfuerzo nacional que esta desarrollando el bravo pueblo venezolano y por extensión el pueblo nuestroamericano.

Atendiendo a esta necesidad histórica, vital para el país es que el Bloque Venezolano de Prensa Alternativa (BVPA) esta presentando para la discusión y consideración de todos los sectores que participan del quehacer comunicacional, al gobierno bolivariano y a la sociedad venezolana en general, la propuesta Misión Comunicación, como una contribución al debate ineludible que esta planteado por el diseño y construcción de una política revolucionaria en el ámbito comunicacional. En Venezuela se esta revolucionando la comunicación, de eso no debemos tener la menor duda. De lo que se trata, en buena medida, es darle coherencia a lo que se viene haciendo; cohesionar, articular, recrear diversas iniciativas que están siendo emprendidas y propiciar, por supuesto, el involucramiento de todo el pueblo en la actividad comunicacional. Asumir de una vez por todas que frente a la guerra mediática que las empresas privadas y el imperialismo le tienen declarada al país debemos contraponer y desarrollar la guerra popular comunicacional.

miguelugas@yahoo.com


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Miguel Ugas

Miembro de la coordinación nacional del MoMAC

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