Los Tongoneos de la Irreversibilidad

Censuren primero, averigüen después (II)

La escritura periodística es una metódica (una receta), de eso se precian los más fervientes defensores de la “escuela americana”, escuela cuyos preceptos y recetas todavía se usan para formar a nuestros jóvenes periodistas revolucionarios. El manejo de esta técnica (para los académicos, razón técnica instrumental operando) produce y reproduce la creación del gremio periodístico, de las dos orillas, y por tanto la noción de sociedad secreta, de claustros de “iluminati”. Para validar lo anterior voy a recurrir a un simple ejemplo, recreación de un hecho hipotético con fines andragógicos.

Cómo se forja un reportaje*

Nos apoyamos en la definición que nos hace de reportaje El Gabo García Márquez: “En un buen reportaje puede no haber buenos ni malos, sino hechos concretos para que el lector saque sus conclusiones”. El Gabo mete el dedo en la llaga de la supuesta veracidad y objetividad del discurso periodístico. Pero vamos a aislar la técnica en sus componentes primarios.

Ingredientes:

Hechos relacionados con sujetos individuales o colectivos (partidos, instituciones, empresas, naciones y otros).

Periodista, pueden ser dos, con acceso a medios (radio, impresos, web o habladera de paja en las esquinas).

Interés tangible (los cobritos) o intangible (prestigio, poder o simple pavoneo o sacapechismo), aunque a veces es simple revanchismo.

Necesidad externa o interna, de elaboración de un escrito “hecho a la medida” para fortalecer a un individuo deslegitimado (por él mismo o por lo que representa) o para que alguno de los periodistas, o los dos, tomen venganza.

Documentos también forjados, acuérdese que es un reportaje y no es cualquier cosa un reportaje.

Sí hay dos partes involucradas en el conflicto deberían estar reflejadas en el mismo espacio (columnas del impreso) o tiempo (segundos, minutos u horas para el radial o televisivo) de lo contrario se incurre en un sesgo y se manda pal cipote a toda la supuesta veracidad de la que se precia el discurso periodístico.

Torpeza de él o los periodistas al opinar y pronunciarse ante el hecho por diversos medios: Sesgo. Si tomas partido, el reportaje se descalifica por sí mismo.

Haciendo el reportaje

Una empresa privada que, a punto de declararse en banca rota, es comprada por el Estado y puesta bajo el ala del Jefe de ese Estado, quien la entrega a sus trabajadores y trabajadoras para que la recuperen, identifiquemos a esa empresa como empresa X.

Como la empresa X no ayudó a un periodista, pongámosle Lalo, o no toleró sus afeites y exacerbado ego revolucionario y defendió a una mujer víctima de la violencia del tal Lalo, pues, ya tenemos un enemigo de la empresa X quien opera con todos los medios desde los medios, aunque Lalo realmente es enemigo del director de la empresa quien es el centro de sus chismes (el gremio es chismoso, bien chismoso) y vive prendiendo velas para que el proyecto, que es nacional y querido por el líder, fracase. Porque él se asume comunista y el comunismo es él y no hay control obrero, que no pase por su mar de sabiduría marxiana de una micra de profundidad.

Lalo y Lolo (el otro periodista) se citan con el cliente, es decir, la persona, institución, empresa o nación que quiere el reportaje Prêt-à-porter –listo para llevar– y allí se le entregan los insumos: documentos (que no corroboran), gráficas y orientaciones. En cuestión de pocas horas estos hemingwayes criollos redactan, irresponsablemente, un “reportaje” del cual asumen toda la responsabilidad.

El gran pelón de los escribientes es haber fijado posición a favor de una de las partes en las redes sociales (Twitter por ejemplo) con antelación. Llegando a este punto nos preguntamos, ¿es posible que se avance hacia el socialismo con una comunicación plegada al modo de producción de contenidos capitalistas?

Estas historias continuarán.

*Aplica sólo para periodistas tarifados.


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Moisés Reyes


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