Respuesta a Walter

Si hay algo realmente desagradable -al menos para quien esto escribe- es tener que, obligado por las circunstancias, hablar de uno mismo. Y eso sin dejar de reconocer los beneficios personales que la práctica del autoelogio representa para quienes,  sin pudor ninguno, utilizan este desagradable método para llamar la atención y hacerse pasar por lo que están muy lejos de ser. En este sentido, conocemos dos casos verdaderamente insólitos. Uno, el de un sujeto que logró ingresar a una universidad autónoma y ponerse al frente de una cátedra de castellano. Y eso, sin más credenciales académicas que lo que él decía de sí mismo y de sus excepcionales y avanzados conocimientos. Y todo, porque al contrario del diente roto, que llamó la atención por su hermético mutismo, no ha hecho otra cosa en su vida que alardear de hazañas intelectuales que sólo existen en su megalómana imaginación. Entre otros disparates este sujeto les recomienda a sus alumnos no decir “cafecito”, sino “cafetito”. Conocemos igualmente otro que, basándose en lo mismo, además de haber ocupado en el pasado una curul en el Congreso, llegó a desempeñar varios cargos en la administración pública. Ahora, la característica más resaltante en este tipo de personas es que además de practicar generosamente la autoalabanza, son simultáneamente también unos eternos e impenitentes aduladores.  

   Esta reláfica viene a cuento, porque en su respuesta a mi artículo “El pelón de Walter”, este periodista, persona en quien reconozco sin ninguna clase de reservas una incuestionable calidad profesional, de hecho no me pierdo ninguno de sus programas, me atribuyó, sin más pruebas que su mala fe, torcidas y malévolas intenciones. Dijo, olvidando aquella máxima que practican las personas nobles  y rectas y que dice “…la buena fe se presume y la mala hay que probarla”, que yo había querido utilizarlo a él para - palabras más palabras menos- adquirir notoriedad y renombre, o en otras palabras, hacerme famoso. Por lo visto, este señor es incapaz de suponer en nadie gestos limpios y desinteresados, gestos carentes de intencionalidad, porque todo aquel que incurra en el desafortunado desliz de no mencionarlo elogiosamente es porque algo busca y algo no muy santo, además. Actúa como el millonario que tiene una hija única. Un tipo así generalmente piensa que todo el que pretenda a la muchacha no es porque la ama sinceramente sino porque lo que busca es su dinero.  

  Es indudable que el conductor de Dossier no me conoce. Y no tendría por qué hacerlo, en verdad, ya que ajeno como soy a los afanes de figuración y pantallerismo, mi vida  se desenvuelve en el más completo y absoluto anonimato. Es decir, que afortunadamente me encuentro inmune al síndrome de Eróstrato, que afecta gravemente a tanta gente en este país. Sin embargo, para contrarrestar la mala imagen que los infelices comentarios del señor Walter Martínez pudo haberme creado, me voy a ver en la necesidad, con el permiso de los sufridos lectores, de dar a conocer dos hechos que podrían contribuir a dar una idea más o menos aproximada de quién en realidad es el que esto escribe. Se trata de lo siguiente:   

   Como se recordará, en las elecciones creo que del 92 en las que se elegiría un nuevo Presidente, participaron como candidatos Rafael Caldera, Oswaldo Álvarez Paz y Andrés Velásquez, esa especie de ornitorringo de la política venezolana. Desde luego, que para un hombre de izquierda eso significaba un complicado dilema, pues para él no le resultaba nada fácil, en el caso de que resoviera participar en esos comicios, tener que pronunciarse a favor de alguno de esos energúmenos. 

   Álvarez Paz, por ejemplo, de clara orientación fascista, venía de desempeñar una catastrófica gestión al frente de la gobernación del Zulia. Una gestión caracterizada no sólo por una fuerte represión contra sus adversarios políticos y contra los jubilados y pensionados del Seguro Social, sino también con particular preferencia contra los sectores más desposeídos y humildes de la región. Tan brutal se mostró este carcelero en el desempeño de su cargo, que tuvo el coraje de enviar a las Colonias Móviles del Dorado, donde se encontraban los más empedernidos y peligrosos asesinos y criminales del país, un adolescente de apenas 15 años de edad, por el terrible delito de haberle enviado a una de sus hijas una carta de amor donde menudeaban expresiones tan insultantes como “mi reina”, “mi princesa”, “mi diosa”, “mi amor eterno”, etc. Pero este no es todo el prontuario de esta especie de Nereo Pacheco moderno, porque el maldito delito de la corrupción se desbordó tanto que quebró varias veces la Lotería del Zulia, a la cual puso realizar sorteos amañados en las propias instalaciones del canal once, o sea, de Niños Cantores TV. 

   En relación con Andrés Velásquez, en vista de que este tipo constituye, desde el punto de vista político, una verdadera curiosidad antropológica, decidí dejárselo a los especialistas para que fueran estos los que realizaran, con la rigurosidad científica del caso, los estudios que permitieran explicar las razones por las cuales un indígena puede llegar a asumir posiciones políticas de extrema derecha. Es decir, posiciones políticas cuya característica más sobresaliente es el racismo. Pero, además, para que digan también, de ser posible, por supuesto, cómo este singular personaje podría traicionar a raza y al mismo tiempo ser leal y consecuente con otros grupos étnicos distintos al suyo y cuyos intereses dice defender. 

   Del trío mencionado nos queda entonces Rafael Caldera, individuo que se nutrió ideológicamente en los abrevaderos de la falange española. Hecho del cual dio una contundente demostración cuando al frente de una horda de fascistas le cayeron a palos a Leoncio Martínez, Leo, director de Fantoche, produciéndole serias lesiones producto de las cuales, pasados algunos meses, falleció.  

   Por alguno de estos tres personajes, integrantes de la farándula política vernácula, se tendría necesariamente que sufragar. Pero no, por supuesto, para que uno de ellos ganara, sino para que los otros dos, de quienes ya hemos hablado, perdieran. Y este sujeto, quien jamás ha creído en el abstencionismo, no sólo votó por Caldera, sino que hasta le llegué a dedicar algunos artículos por la prensa. ¿Por qué lo hicimos? Porque nos pareció que pese al pésimo prontuario del candidato, era el que mejores credenciales tenía. Pero, además, por su discurso pronunciado en el fenecido Congreso, que pudo haberle salvado la vida a los insurrectos del 4 de Febr4ero, la cual ya había sido amenazada por aquel siniestro personaje llamado Morales Bello, que no tenía precisamente nada de bello ni de hermoso, y sí mucho de vello púbico.

   Pero no sólo, como ya dije antes, voté por Caldera, sino que a través de algunos artículos de prensa le hicimos campaña a su candidatura. Con motivo de estos artículos el doctor Nectario Andrae Labarca, uña y carne, o sea, pana burda del candidato, me llamó por teléfono a mi casa para decirme textualmente lo siguiente: 

   -Hola, Alfredo, como estás. Es el doctor Andrade Labarca, y te llamo para darte las gracias por tus artículos a favor de la candidatura de Caldera. También quiero decirte que puedes pedirme lo que quieras, lo que desees, pero eso sí, menos dinero, ja.ja.ja, porque yo de lo que vivo es de una pequeña pensioncita que me da la universidad. Pero por lo demás, te repito, lo que quieras. 

   Sin reponerme todavía de la sorpresa ante aquel insólito ofrecimiento, le respondí  lo siguiente: “Mire doctor Andrade, le agradezco mucho su llamada y su generoso ofrecimiento, pero para serle franco yo continuaré respaldando al doctor Caldera siempre y cuando desde el gobierno realice una gestión, no sólo en beneficio del país, sino también a favor de los más necesitados. Pero en el momento en que se aparte de esta línea –continué-, cambiaré de actitud y pasaré a adversarlo”. ¿Qué hubiera hecho otro en mi lugar. Nada,  que no lo hubiera dejado terminar de hablar para aceptar su ofrecimiento, como en efecto ocurrió con otro menos escrupuloso. 

   Otro caso. el mismo se originó con motivo de una artículo de prensa en el cual abordaba, junto con el desastroso funcionamiento de la CANT, el angustiante problema de la inseguridad que se vivía en el Zulia en aquellos tiempos, y que con la complacencia de los gobiernos neo-adecos de Rosales y Pablo Pérez, se ha extendido hasta nuestros días. 

   Con motivo de ese artículo, repito, un amanuense de Rosales, muy temprano en la mañana me llamó para decirme que su jefe estaba muy interesado en hablar conmigo; que si lo podía visitar en su despacho de la alcaldía. Mi respuesta fue que debido a mis múltiples ocupaciones me era prácticamente imposible trasladarme hasta su oficina.  Pero que si estaba interesado en hablar conmigo, no tendríamos ningún inconveniente en recibirlo muy amablemente en la mía. Como esperaba, no volvió a dar señales de vida. 

   Como ve, señor Walter, no es el desmedido afán de notoriedad ni el deseo de llamar la atención ilegítimamente lo que me quita el sueño Y en torno de lo que afirmé en mi artículo, en el sentido de que usted había asegurado que tanto el hundimiento del Lusitania como el ataque a Peral Harbor habían sido los detonantes que habían desencadenado la segunda y primera guerras mundiales respectivamente, bueno eso fue lo que escuché o al menos creí haber escuchado. Pero si me equivoqué, no tengo ningún inconveniente en ofrecerle como en efecto le ofrezco mis disculpas; en decirle, además, que lamento mi equivocación. Cosa que es absolutamente innecesaria, porque en lo dicho al final de mi artículo estaba implícita esta disculpa y que usted, quien sabe con qué propósito, omitió Será acaso que quiso aprovechar la oportunidad para dar a conocer una vez más su amplio currículum como periodista. No sé, pero de que vuelan, vuelan.  

Por ultimo dos cosas más: primero, usted, señor Martínez, al hablar del comportamiento diario de los precios del petróleo afirma que el West Texas es el marcador del petróleo venezolano. Falso, porque ese petróleo no es el marcador del nuestro. El marcador de nuestro hidrocarburo es el de la OPEP, y más específicamente, el de Dubai, de los Emiratos Árabes. Por otra parte, yo no sé quien le estará suministrando a usted la información sobre los precios. Pero debe tener mucho cuidado, porque lo están engañando y, de paso, haciendo que usted engañe a su vasta audiencia. Siempre, toda la vida, el petróleo venezolano se ha cotizado 2 ó 2 dólares y medio por debajo del marcador de la OPEP, el cual también se ha cotizado por debajo de los demás petróleos. Y sin embargo, según usted, el precio del venezolano en muchos casos supera a los otros hidrocarburos. 

   Pero ¿por qué  el petróleo venezolano se cotiza por debajo de los demás? Simplemente, porque nuestros crudos son pesados, en contraste con los otros, que son petróleos ligeros o livianos y, por consiguiente, más rendidores, más ricos en gasolina, que es el derivado más apetecido y más demandado en el mercado mundial. Además, no es lo mismo refinar un petróleo pesado que uno de densidad menor. En Venezuela, solo en Tía Juana se produce petróleo liviano, pero lamentablemente en cantidades muy pequeñas para imponer un promedio. 

   Segundo, el día 22-8, el señor Walter Martínez, después de haber terminado con la sección informativa de su excelente programa, se sentó frente al escritorio y no sin cierta satisfacción leyó una comunicación enviada desde Cuba. Se trataba de una persona que durante la crisis de los misiles se encargó de custodiar, como militar, una zona de la ciudad de la Habana. Eso fue lo que entendí. Ahora, ¿qué dijo ese señor en esa comunicación? Casi nada, que a Nikita Kruschev, con motivo de la mencionada crisis, se le cayeron los pantalones. Este personaje, en realidad, no es santo de mi devoción, pero lo cortés no quita lo valiente. Sin embargo, coño, que un cubano diga del gobernante soviético lo que dijo, que se exprese así de alguien que tantas duras batallas libró junto con su noble y generoso pueblo en defensa de la pequeña isla antillana , es cuando menos el colmo de la mezquindad y el desagradecimiento. Tan intimidado se encontraba Kruchev con motivo del conflicto de los misiles, que en el Consejo de Seguridad de la ONU se quitó el zapato y, arrecho y vociferando improperios a diestra y siniestra, le cayo a zapatazos a la mesa, donde atónitos se encontraban reunidos los representantes de los demás países. Pero lo peor no es esto, lo peor es que no es el único personaje importante de ese país, de Cuba, que abriga iguales sentimientos anti-soviéticos. Pero eso lo dejaremos para una nota posterior. 

Aquí, en Maracaibo, están haciendo temperaturas que fluctúan entre los 41 y 45 grados de calor y, como siempre, no hay agua para medio mitigarlo, No todo es color de rosas, como usted supone, señor José Vicente Rangel. 

   ¿Qué ha dicho la iglesia católica en relación con la horrenda masacre perpetrada por lo jenízaros del mundo libre, occidental y cristiano en Libia? ¿Dónde están los comunicados de la Conferencia Episcopal, esa despreciable guarida de malandros, condenando las masiva y repugnantes violaciones de los derechos humanos en el país africano? No han dicho ni publicado nada. ¿Por qué? Porque las atrocidades cometidas por los dignatarios de esa secta perversa a lo largo de la historia han sido peor y más condenables. ¡Farsantes! 

alfredoschmilinsky@hotmail.com



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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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