“En esta ocasión al votar pensaré no sólo en mí, sino en nosotros los colombianos”, expresó la señora Ruth Jaramillo, vecina del barrio Teusaquillo en Bogotá, capital de Colombia, el 19 de abril de 1970, hace casi cuatro décadas. En las calles, los simpatizantes de tres candidatos, entonaban consignas. Se desplegaba la algarabía del carnaval electoral. Las fotos de Evaristo Sourdiz, Gustavo Rojas Pinilla y Misael Pastrana Borrero, aparecían en gigantescos carteles con sus frases de campaña.
La señora Ruth simpatizaba con el Partido Liberal pero no estaba de acuerdo con el sistema capitalista, por lo cual decidió votar por la Alianza Nacional Popular (Anapo). Igual que ella, muchos militantes y simpatizantes del Partido Conservador, dieron su voto a la Anapo. Recordaban que Gustavo Rojas Pinilla, su fundador y luego candidato a la Presidencia colombiana en 1970, había explicado que la lucha no era en contra de los militantes liberales ni conservadores; más bien contra las burguesías de los partidos tradicionales (Conservador y Liberal) que no tenían principios y entregaban todos los días el país a monopolios extranjeros, principalmente británicos y estadounidenses.
El gobierno presidido por Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) realizó un fraude a la Anapo y contra el pueblo colombiano que había escogido un presidente diferente el día 19 de abril de 1970. Lleras fue respaldado por la oligarquía y el imperio estadounidense, quienes manifestaban temores de que “el pueblo se equivocara y escogiera un candidato de ideas peligrosas”, es decir que la mayoría de la población se decidiera por un cambio económico, político y social.
Ante la imposición de Misael Pastrana Borrero, candidato del Partido Conservador, la misma noche del 19 de abril de 1970 comenzó a organizarse un movimiento de resistencia. Algunos estudiantes y trabajadores en Armenia, Bucaramanga y Cali, comprendieron ese día porque sus compatriotas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) habían optado por la lucha armada.
Un sector de la Anapo denominado Anapo Socialista propuso que sus militantes se integraran en un movimiento de resistencia a lo largo y ancho del país suramericano. Comenzaron los bloqueos a carreteras, las tomas de plazas públicas y las protestas frente a canales de televisión, radiodifusoras, periódicos y revistas. La patria de Manuel Marulanda Vélez (Pedro Antonio Marín), vivía polarizada desde 1928, tras la masacre de las bananeras. Esa violencia política se acentuó en 1948 con el asesinato a Jorge Eliécer Gaitán Ayala y volvió a tomar fuerza en 1970 luego del fraude electoral que vino a retrasar una vez más la vida de los trabajadores y del pueblo colombiano.
El 20 de julio de 1970 cuando en Colombia se recordaba el 160 aniversario del inicio de las luchas por su primera Independencia; al instalarse las sesiones del Congreso de la República, varios senadores encontraron en sus puestos, cartas de protesta donde dirigentes anapistas reconocían la validez de la lucha armada y reflexionaban acerca del fraude cometido tres meses antes. En la teoría se echaba a andar el Movimiento 19 de Abril (M19) conocido después por heroicas acciones políticas y militares donde mezclaba audacia con buen sentido del humor.
Cuarenta años después de aquel fraude, un porcentaje alto de colombianos
ve con indiferencia las elecciones presidenciales programadas para el próximo mes de mayo, donde Álvaro Uribe Vélez, el déspota e invasor de territorio ecuatoriano, deja sucesores que continuarán empeñados en la guerra, la desaparición de opositores políticos, las masacres, y por supuesto, el gran negocio del narcotráfico, el cual incluye ahora tratados especiales con sus amos y amigos de Estados Unidos quienes disponen de siete bases militares desde donde amenazan una vez más a Ecuador, Venezuela Bolivariana, Brasil y Bolivia, porque consideran que esos países tienen gobiernos enemigos de la “civilización occidental”.
Dos candidatos que son presentados por la prensa colombiana como opositores: Antanas Mockus, del Partido Verde y Gustavo Petro del Polo Democrático Alternativo, han reconocido durante entrevistas en los medios de comunicación, “los avances de la política de seguridad implementados por Álvaro Uribe Velez”. Si los “opositores” piensan eso, ¿que dirán los demás candidatos, casi todos uribistas y celosos defensores de la eterna alianza de “amistad”, más bien, dependencia colombiana de Estados Unidos?
“Es paradójico, brutalmente paradójico que debamos optar por la guerra, para imponer el pluralismo, pero es la realidad”, afirmaba al finalizar el decenio de los setenta en el siglo anterior, Jaime Bateman Cayón, Comandante Pablo del M19. En 2010, transcurridos 27 años de la muerte de Bateman, es brutalmente paradójico que los crímenes cometidos por Álvaro Uribe Vélez, desde cuando se desempeñaba como gobernador del departamento de Antioquia en 1995 y 1996, sean considerados ahora como “aportes a la nación” y “avances de la política de seguridad”.
Inseguridad, intimidaciones y amenazas es lo que soporta cotidianamente la población colombiana. Aumenta el número de presos políticos, aumentan los precios de alimentos, medicinas y útiles escolares. Desciende el compromiso con la justicia, el respeto y promoción a los derechos humanos y la recuperación de la soberanía nacional en este año paradójico del Bicentenario de la primera Independencia.
fernandoacosta_44171@yahoo.com