En Copenhague los imperialismos y sus capitalismos mostraron sus verdades

Nos referimos en nuestro anterior comentario a la recién estrenada película “Avatar” del director James Cameron presentada a la crítica internacional justo en los días posteriores de la reunión en Copenhague en el escenario de las diferencias de criterio que se expresaron en la Cumbre por las diferencias entre dos conjuntos de gobiernos bien definidos: los representantes de los intereses de los países imperialistas-capitalistas y la de los países que reclaman un crecimiento-beneficio-Naturaleza para sus sociedades con sus propias contradicciones internas conceptuales. Quizás podría identificarse un tercer grupo de países cuyas voces estarían condicionadas por presiones imperialistas por sus antiguos colonizadores ¿Commonwealth?

Referíamos a “Avatar” en los tiempos conocidos por sus interesantes contenidos y diálogos. Reconociendo la tradicional propuesta del “bueno contra el malo”, los sentimientos y sus manipulaciones, tan tradicional en los mensajes jolibusenses, el argumento se sustenta en la necesidad de no solo salvar la Naturaleza sino también de “amarla y respetarla” pero con la interesante propuesta de la interiorización de pertenencia del “ser social” con la Madre Naturaleza en su relación de Creador-creado. Hasta insinuaciones teológicas contiene la propuesta de Cameron que nos obliga a pensar en Evo Morales como representante del “ser social originario continental” americano.

Básicamente, en “Avatar”, se confrontan dos conjuntos: el empresarial-militar versus los aborígenes de un planeta de cualquier galaxia, íntimo y perteneciente, el aborigen, a su Creador-destino (fate) como toda y única realidad. El primer conjunto: “empresarial-militar” representan ser los enviados de un “poder” terrícola pero no identificado ni en nombre, ni en lo ideológico, pero si en sus objetivos de mercado consumista. El objetivo de la presencia empresarial-militar es, en lo empresarial, la explotación de un mineral cuyo alto costo en el mercado de la oferta-demanda terrícola lo hace “idílico-necesario”; mientras que la presencia militar está dirigida, evidentemente (of course), a proteger la explotación y el desarrollo de tan promisora empresa “capitalista”. Por supuesto, las mayores reservas del mineral se encuentran en el espacio geográfico donde viven los “seres humanoides”, habitantes originarios, del planeta intervenido. El segundo conjunto referido es la realidad histórico-teológica de esos habitantes originarios en perfecta comunión con su Creador y su Naturaleza. Bien, traduzcamos.

Mario Silva hizo referencia a que en un momento de la película se menciona a Venezuela, ello es correcto lo que nos obliga a tratar de, en un ejercicio de imaginación, que se “lea entrelíneas” la propuesta de Cameron. Tenemos por un lado, un costoso mineral (léase: petróleo, gas y otros minerales estratégicos); a una sociedad dueña de sus propios suelos y destinos con “conciencia de ser” en perfecta comunión con su Ser Superior y su Naturaleza y dispuesta a defender su realidad y sus orígenes (léase: los pueblos originarios americanos, las sociedades africanas y las sociedades occidentales-orientales en revolución permanente en el siglo XXI); y, por último, lo empresarial-capitalista (léase: los representantes del capitalismo-imperialista tradicional y permanente en los tiempos del capitalismo vigente) respaldados por lo militar-guerrerista (léase: Pentágono y la OTAN). Interesante película.

Expresábamos más arriba que en Copenhague se enfrentaron dos formas de “vivir en paz” y en armonía con la Madre Naturaleza. Ambas propuestas se definieron, perfectamente, en sus objetivos: uno de los conjuntos, claramente, expresó su comunión con el mantenimiento del sistema capitalista, sistema socio-económico e ideológico, vigente “worldwide”, cual no contiene contradicción irreconciliable alguna en su seno sino perfectibilidad (Karl Popper, Isaac Berlin), representando para ese primer conjunto “su sistema” y así lo debían justificar frente a quienes seguíamos con detenimiento los “acontecimientos en pleno desarrollo”; lo interesante de la propuesta de esos gobiernos capitalistas con evidente comportamiento imperialista de “corte del siglo XIX”, fue su extraordinaria objetividad en sus intencionadas propuestas cuando en escena se considera las realidades previas a las que se había visto sometido ese perfectible sistema capitalista en fechas previas a la Cumbre danesa; nos referimos a la crisis del sistema capitalista cuando “estalló” la crisis financiera y sus desarrollos, “aguas abajo”, de las crisis socio-económicas posteriores. Para hacernos entender. La crisis capitalista-financiera mencionada no solo afectó a lo interno de los “grandes cacaos” del capitalismo: EEUU de América y la Comunidad Europea sino que también se vieron afectados aquellos países “dependientes” de aquellos mercados añorados inmersos en la sicología del consumo que benefician a sus economías de exportación. En ese marco de contradicciones evidentes, para ironía de las políticas Reaganianas-Tacherianas, la excepción se ha visto representada por la República Popular China, país titulado como “comunista”, sistema que a decir de Karl Popper, Isaac Berlin y el Santo Padre, Benedicto XVI, le niega a las sociedades “su moral y su dignidad”.

El segundo conjunto conocía que su presencia iba a ser incómoda, no deseada y de confrontación con el “status quo” internacional. Los argumentos que expresarían los países-miembros de ese segundo conjunto iban dirigidos a dos variables: la histórico-ética relación Naturaleza-ser social y la “razón de ser” de la crisis ecológica global. La primera variable fue explicada por Evo Morales mientras que la explicación de las causas objetivas de la profunda y grave crisis global y no solo ecológica recayó en la persona de Hugo Rafael Chávez Frías.

En el marco de aquel escenario nos atreveríamos a decir que, quizás, para los historiadores, la reunión de Copenhague haya sido un “turning point” en la Historia de la Humanidad y/o quizás se convierta en el “catalizador” de las crisis de las propias estructuras del sistema capitalista en sus etapas actuales hacia cambios de niveles superiores de la evolución lógica de las sociedades globales. Los historiadores, por defecto o exceso profesional, tendemos a mirar al pasado buscando respuestas para situaciones presentes que, generalmente, no podemos explicar globalmente y, mucho menos, objetivamente; las cargas subjetivas sustentadas en adhesiones a formas de analizar la Historia nos llevan a emitir opinión/criterios (¿soberbia profesional?) que las consideramos cercanas a nuestras verdades y/o intereses. Las ideologías pasadas nos han impuesto formas de ver y analizar situaciones que siempre son sesgadas y cargadas de ideologías propias ¿y exclusivas?. Tanto la lógica formal como la dialéctica ayudan, una más que la otra, pero nunca-jamás alcanzaremos a comprender lo global del “hecho histórico”. Visto lo que antecede, nos atrevemos a analizar-comprender la Cumbre de Copenhague que, a pesar de opiniones en contrario, consideramos fue un éxito para la “evolución de las contradicciones” en el seno del sistema capitalista.

Consideramos que en Copenhague se expresaron, diáfanamente, los imperialismos europeos y, por supuesto, norteamericano en un escenario que no esperaban encontrarse. Pensaron que las “letanías jurídico-ideológicas” iban a ser aceptadas con un simple “kow-tow” en el marco de las relaciones que se impusieron a lo largo del siglo XIX. Creyeron que en una reunión de un “petit-committe” alcanzarían los acuerdos necesarios para, no ya buscar un equilibrio en el caos en la relación ecología-consumismo e imponerlo a todos los países miembros del escenario internacional, sino para acordar la necesaria y “nueva reestructuración” de la geopolítica internacional sobre la base de las nuevas realidades de poder que se vienen expresando a partir del Gobierno de Ronald Reagan y Margaret Thatcher; con ello queremos decir que el “hecho histórico” de la “Caída del Muro” en Berlín, el sistema capitalista dio un “salto adelante” no solo gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías/tecnologías de punta/nanotecnologías sino por el desarrollo de la razón de ser del Capital. Esta realidad marcó la diferencia con las expresiones del Imperialismo durante todo el siglo XIX con sus consecuencias bélicas durante la primera mitad del siglo XX. Trataremos de explicarnos.

Los gobiernos europeos del siglo XIX se caracterizaban por estar regidos por “testas coronadas” que representaban la última etapa de aquella expansión hispano-portuguesa hacia aguas del Atlántico y el Pacífico; a esa expansión, en el tiempo, la siguieron, primero, los holandeses y, posteriormente, los británicos. La Revolución Industrial de Manchester (aplicación de la Ciencia y la Tecnología en la producción) obligó, cuasi-naturalmente, a cambiar el carácter del mercado internacional-tradicional (especias, sedas, tés, café, tabaco, etc.) hacia un mercado más elaborado donde los textiles y las drogas (opio y derivados) tuvieron un punto de inflexión importante. Se necesitaba una distribución de aquellas áreas geográficas beneficiadas (sic) por tan importante manifestación-expansión político-militar-religiosa de aquellos gobiernos testados. Dicha distribución se logró en dos conjuntos: acuerdos jurídicos entre los gobiernos de las testas coronadas europeas plus los nuevos invitados, Estados Unidos de América y Japón; y la imposición de “Acuerdos y Tratados Desiguales” a los gobiernos y gobernados de las colonias y semi-colonias conquistadas. Dichos acuerdos permitieron ciertos equilibrios por espacios de tiempos históricos mientras las contradicciones se iban manifestando y desarrollando en el propio sistema capitalista en sus diferentes fases imperialistas en el marco de las relaciones entre los diferentes actores-gobiernos arriba referidos, conjuntamente, con los cambios socio-político-ideológicos que se iban expresando e imponiendo en el seno de las sociedades nacionales confrontadas con las decadencias de sus gobiernos autoritarios tradicionales. A título de ejemplo podríamos señalar: las Guerras del Opio, las Guerras Sino-japonesas, la Guerra Ruso-japonesa, las Guerras Mundiales, las Guerras en África, las diferentes revoluciones que se fueron dando durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. En ese marco, es interesante destacar las Guerras hispano-norteamericanas en Filipinas y Cuba por el “turning point” en el infante imperialismo yanqui.

Visto lo anterior, es evidente que el llamado “Grupo de los 15” que se reunió en Copenhague trató de revivir aquellos acuerdos imperialistas del siglo XIX con la manifiesta excepción, debemos señalarlo, de Brasil, India, Rusia, China (BRIC). Es evidente, así mismo, que la presencia y los discursos de los Presidentes, Vicepresidente y representantes de los pueblos y gobiernos del ALBA lograron desarrollar una “matriz de opinión” mundial a favor de la Naturaleza que provocó que tanto el Primer Ministro británico como su ministro del ambiente y energía expresaran, en nombre de los imperialismos, acusaciones contra China, Sudán y Venezuela buscando evitar discutir el verdadero fondo del problema ecológico como lo expresó en el foro y fuera del mismo el Presidente Hugo Rafael Chávez Frías.


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Miguel Ángel del Pozo


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