La lección de Honduras

La defensa del golpe en Honduras que protagonizan periódicos y periodistas, plumíferos clientelares y escribidores a sueldo sigue sin presentar novedades. Cualquier posición crítica o reclamo a los principios democráticos es una defensa del imponderable Chávez. Para ellos la estabilidad regional no depende de que el gobierno de Honduras sea espúreo o legítimo. Honduras es sólo una anécdota. Depende de una neutralización política de la Venezuela de Hugo Chávez. Lo repitió el lunes en la sección editorial La Nación. Y tienen razón. Chávez resulta ser, en esta coyuntura, el paradigma del respeto de la voluntad popular. A los amigos del golpe, a los tartufos o fariseos que ahora utilizan al Papa para legitimar a Goriletti, no les interesa la voluntad popular, sólo la defensa de las corporaciones imperialistas, con narcotráfico incluído.

La conclusión más obvia del golpe de estado en Honduras es que el discurso, las buenas intenciones y las actitudes del presidente Obama pesan menos en la política internacional de los Estados Unidos, que los intereses del capital financiero e imperialista. En el pulso interno entre Obama y las corporaciones que controlan el Pentágono y el Departamento de Estado, van ganando estos últimos. Pero no sólo esos ministerios, que tienen que ver con la política internacional. Tampoco le va muy bien en el Congreso, en cuyas cámaras no ha encontrado el apoyo necesario para iniciar un sistema de seguro médico de cobertura universal, como el de Costa Rica. Las compañías farmacéuticas, los hospitales, las organizaciones médicas y, sobre todo, las compañías aseguradoras le están ganando también ese pulso interno.

“Si estos críticos piensan que deberíamos repentinamente actuar de una manera que en cualquier otro contexto les pareció mal, eso indica que quizá hay cierta hipocresía en su enfoque de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina y que ciertamente no va a guiar mi política”, dijo Obama en México a propósito de Honduras. La hipocresía parece estar en otra parte. Probablemente -quizá con excepción del narcoestado de Colombia- nadie quiere las intervenciones usamericanas que patrocinaron los regímenes militares de la seguridad nacional como en Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia o Brasil, con centenares de miles de muertos. Pero todos sabemos hoy que Goriletti se mantiene en el poder gracias a apoyos provenientes del Congreso, del Departamento de Estado y del Pentágono. Encabeza el apoyo nada menos que el senador republicano Richard Lugar .Nadie quiere que intervengan en favor de los golpes de estado. Todos queremos que se respete la voluntad popular. ¿Es tan difícil entender eso? ¿O sólo se desarrolla un discurso no intervencionista para consolidar el golpe? Discursos suaves, pero con el garrote en la mano. ¿Es ésa la nueva estrategia?

Si Obama tuviera más apoyo social y mediático quizá hubiera emitido el decreto oficial que declara al gorilettazo ténicamente un “cout d’état” y hubiera aplicado la ley de suspensión de toda cooperación con el régimen de Honduras. Pero no lo ha hecho. No lo ha hecho porque Goriletti es una ficha de unos sectores poderosos tanto en el Departamento de Estado como en el Pentágono, a tal punto poderosos que desafían las palabras y los gestos del presidente Obama. Hasta el ministro de Relaciones Exteriores de Goriletti le dijo “ese negrito no sabe nada de nada”. ¿A quién se lo habrá oído? ¿A un señor de apellido Llorens, graduado de la escuela de Guerra en Washington?

Y los medios, como la SIP, La Nación y CNN en español, que son los voceros y defensores de los intereses golpistas, no hacen más que de altavoces de los golpistas. Destacan cualquier declaración que debilite la posición de Obama. Igual que corren a divulgar las opiniones de los enemigos de Chávez, de Correa o de Morales, llegando, incluso, a la mayor indecencia y vulgaridad verbal, como lo hacen los editoriales de La Nación.

Por el momento, no sólo la OEA, como ya lo sabíamos, sino tampoco la Asamblea General de la ONU y ni el gobierno de la Unión Europea han logrado nada, ni la más mínima concesión, en Honduras. La mediación de Oscar Arias, promovida por Washington, resultó ser una mediatización. Quiere a Zelaya de vuelta, pero bajo el control de los golpistas. Sin embargo, sería ingenuo pensar que se trata simplemente de una ocurrencia política que tiene por escenario a Honduras. No hay que olvidar que hasta ahora sólo los bancos y las aseguradoras, pero sobre todo, sus ejecutivos, han ganado en esta crisis, gracias a los dineros públicos de los que se han apropiado. El desempleo sigue creciendo y los precios de los combustibles y de los alimentos siguen aumentando.

Apostar por consolidar a Goriletti es jugar con fuego. La agitación y el nerviosismo se extienden en Suramérica. Ya no sólo Ecuador, Bolivia y Venezuela, que han sido objeto de conspiraciones y de intentos de golpes de estado militares o civiles. El nerviosismo también cunde en Brasil y Argentina debido a las siete bases militares que la Colombia de Uribe quiere entregar al Pentágono. Esta situación se agravará con un portaviones de la IV Flota en el Mar de las Antillas, que ha reaparecido con una base en Curazao. El Plan Colombia para combatir el narcotráfico ha fracasado. Nos debemos preparar para la afganización de América Latina. El narcotráfico es el pretexto. Honduras es el primer paso y el primer aviso. Pero el narcotráfico es negociable, como ya lo fue en la guerra de la Contra y lo es en Afganistán. Lo que no es negociable es el petróleo venezolano.


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