No alineados o mundos libres

Hoy, nos preguntamos si Rusia quiere alcanzar el nivel de vida norteamericano o China cuando adelantaría a los Estados Unidos como potencia económica.

El optimismo que debería caracterizar las cumbres del mundo libre se manifiesta en la confianza otorgada al sufragio universal para nombrar directamente al presidente, poder dado a la colectividad para que administre la vida cotidiana en: vivienda, educación, salud, cultura. Numerosas decisiones que nuestros gobiernos encargan a personas selectas o tren ejecutivo.

En ellos, el papel motor que desempeña la investigación, las ideas, son ornatos, cuando deberían ser herramientas para transformar al mundo en un mundo libre, contrariamente a lo que se cree, la sociedad capitalista europea y norteamericana, invierte mucho en la inteligencia humana que luego derrocha en caprichos.

La mayoría de los gobiernos de los no alineados son administraciones burguesas que en muchos casos solo representan al electorado que los eligió. El proceso de este aspecto parcial pero valioso para la democracia económica, es un resurgimiento del despotismo ilustrado.

Una elite segura de la verdad, se aparenta, con derecho a imponer a todos, mediante una coerción minuciosa, sus preferencias, incluso, estaría dispuesta, según parece, a sostener la pobreza para seguir…defendiendo a las masas contra los riesgos morales de un crecimiento en libertad.

En la izquierda, la misma desconfianza de la derecha en la mujer y en el hombre, desemboca en el culto a la planificación coercitiva. Muchos gobiernos progresistas sueñan en instaurar una sociedad en la cual una burocracia omnisciente y depositaria del orden ético y moral dicta al pueblo sabias decisiones que estos son incapaces de tomar por voluntad propia.

Se diría oyéndoles en sus respectivos países que, la masa de gente desea únicamente afectar sus gobiernos y comprar más vehículos, que la verdadera causa de la vivienda reside en la falta de recursos, la izquierda se olvida de buscar sus remedios en un aumento de libertad mediante una mejor información y una administración mejor. Se han acostumbrado a un capitalismo disfrazado administrando solo actividades económicas.

Nuestros dirigentes, lideres y presidentes nos ofrecen, en una actitud por demás loable, pero, que hace del dirigismo un fin en si por miedo a las libertades del mercado, se combinan en el colbertismo centralizador y desconfiado de la administración publica burocratizada.

Incluso nuestro presidente, por sacar al pueblo de la frustración nos ofrece que seremos una potencia, pero…leamos a madame Simone de Beauvoir, ella dijo: “En todos los países ya sean, capitalistas o socialistas, el hombre es aplastado por el sistema, condenado a sus trabajo, encadenado, embrutecido. Todo el mal deriva por haber multiplicado sus necesidades cuando habría debido reducirlas. En vez de aspirar a una abundancia que no existe, y que tal vez no exista jamás, hubiera debido contentarse con un mínimo vital, como lo hacen los pobres en sus comunidades, donde no ha penetrado el sistema y que todavía no han sido corrompidas por el dinero. Allí la gente disfruta de una felicidad austera, porque han sido preservados ciertos valores, valores verdaderamente humanos, de dignidad, de fraternidad, de generosidad, que dan a la vida un sabor único. Mientras se sigan creando nuevas necesidades se multiplicaran las frustraciones ¿Cuándo empezó la decadencia? El día en que se prefirió la ciencia a la sabiduría, la utilidad a la belleza. Con el renacimiento, el racionalismo, el capitalismo, el cientifismo. Sea, pero ahora que hemos llegado a esto ¿Qué podemos hacer? Tratar de resucitar en uno mismo, alrededor de uno mismo, la sabiduría y la afición a la belleza. Solo una revolución moral, y no social, política o técnica, devolvería a la mujer y al hombre su verdad perdida”.

Nuestra degradación política garantizan una ausencia de misión colectiva porque la política sostiene la decadencia moral por una estricta parcelación reglamentaria de las actividades de cada cual, el individualismo, caracteriza su comportamiento. Se interesa mucho en los medios y poco en los objetivos. En vez de fijar estos con precisión y dejar al pueblo la mayor libertad para la creatividad y la responsabilidad del cambio.

La inestabilidad política, característica de nuestras naciones, evita que el potencial de materia gris que producen las universidades se comprima, por miedo al mal uso que podría hacerse de ella. Este miedo empieza a manifestarse a través de la crisis del sistema administrativo caracterizado por el temor de delegar. Este miedo ha modelado las estructuras, ha motivado los procedimientos, ha dictado comportamientos. Hoy es causa del desquiciamiento de sectores enteros cuya actividad rutinaria es motivo de escándalos, en comparación con las normas de los países más avanzados.

Como se frena la iniciativa, no hay mayores responsabilidades ni gusto por el cambio en las naciones con procesos hacia el socialismo; por eso, la ocasión de aprender, de imaginar, de crear y de actuar, no es aprovechada por el temor que impone el mismo burocratismo y el miedo del gobierno.

rcpuma061@yahoo.com


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Raul Crespo


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