¿Quién dijo que Rosales no es maestro?.

La bella de Panamá insigne alumna de Manuel Rosales

En un mitin en la población sucrense de Güiria, en campaña electoral, cuando hablaba, el Dr. Luis Beltrán Prieto, candidato presidencial por el MEP, alguien desde el público, le gritó a todo pulmón: “Ese viejo está cansao”.

El maestro, quien entre todos sus valores, tuvo el de ser un personaje de muy buen humor y con habilidades para hacer chistes, interrumpió por momentos su línea discursiva y dirigiéndose a quien aquello había gritado, le respondió con parsimonia:

“Si hijo, estoy muy cansado. ¿Y cómo no iba estarlo, si me he pasado todo el día aquí en Güiria, donde nació y se crió Luis Piñerúa, buscando su certificado de sexto grado y a esta hora no lo he encontrado?”.

Diógenes, a pleno día, recorría las calles, con una lámpara encendida, buscando un hombre honesto y respetable. Creyó no encontrar nunca a nadie que se acercara a lo que tenía como tal.

Desde que el nombre de Manuel Rosales, trascendió los límites de Maracaibo, quiso exhibirse por el país todo, usando los medios de comunicación, se supo que alguna vez había aparecido en una nómina de la Gobernación del Zulia como maestro no graduado, mucha gente, como Diógenes y el Dr. Prieto, se lanzó a las calles, buscando a alguien que se hubiese sentado en un pupitre para recibir clases suyas.

¿Cómo será? ¿De qué modo como actuará?

Hasta ahora no se había encontrado a nadie a quien Rosales, dentro del sistema formal educativo, hubiese por lo menos “desasnado”, como dijese una vez su compañero Rómulo Betancourt.

En rochelas partidistas, contubernios, reuniones de patotas, Rosales enseñó a mucha gente mañas para escamotear votos, matar estos con actas, correr rumores para aniquilar contrincantes, gastar un presupuesto sin que se le viese el queso a la tostada, poner zancadillas sin que el agraviado se percatase y hasta multiplicar los panes. Es conocida su habilidad para de una finca, sacar con un ligero pase mágico, tres. Y lograr que sus vacas paran como si acures fuesen. En estas artes, dentro y fuera del partido, tiene muchos alumnos y hasta aventajados que le admiran e idolatran.

Pero de la escuela de la tiza, el pupitre, timbre para entrar, recrearse y salir, donde se enseñan buenas y nobles cosas, no aparecía por ningún lado nadie que dijese y sobre todo mostrase, sin que quedase dudas, que hubiese recibido enseñanzas de Rosales. Y uno lo agradecía porque no era posible ni justo que a alguien le hubiesen echado aquella vaina.

Recordemos, para estar a tono, aquellas cosas producto del intelecto de Rosales, como “pedir peras al horno”, no escuchar “cantos de ballenas”, “taparse los ojos y cerrar los oídos” y, por encima de todo, haber descubierto un Voltaire o Montesquieu, que vivieron “dos mil años antes de cristo”. Es Rosales pues, por esto último, alguien que al Renacimiento y Siglo de las Luces, no les borró de la historia, sino que les metió en la máquina del tiempo por él inventada, hecha y patentada, les mandó, como si estuviese reproduciendo vacas a granel, para lo más lejos que pudo. Hizo el cambio como quien acomoda los muebles de una casa. Sócrates, Platón, Diógenes y hasta Confucio, quedaron más acá. Fue hasta capaz, con esa divina capacidad para la magia, de cambiar el orden del desarrollo del pensamiento humano.

Imagino que Alan García, tomará todo eso en cuenta y encontrará alguna universidad que al evadido otorgue un “doctorado honoris causa”. “Por los reales, dice Rosales, con su habitual delicadeza, no se pare, hágase el acto, que en esta bolsa están”.

Pero como siempre sucede, cuando uno menos lo esperaba y en circunstancias impensadas, aparece una muchacha, muy bonita por cierto, con todas las cualidades intelectuales que solamente el refugiado en Perú, puede trasmitir.

Mucha gente, por culpa de esa chismosísima que es la red de Internet, con la ayuda nada desdeñable de Aporrea.org, conoce de las respuestas que la joven panameña, al estilo Sofía Loren, por lo bella y lo italiano, Giosue Cozzarelli, dio en un concurso de belleza. No obstante, por si acaso las recordaremos.

Al preguntarle acerca de Confucio, el filósofo chino, respondió que “era uno de los que inventó la confusión”. Y sin que se le aguase el ojo, agregó a la carrerita que, “fue uno de los chinos japoneses más antiguos”.

Es indudable que por el estilo, manejo del tiempo y los espacios, más nadie que Manuel Rosales, pudo haber sido maestro de la linda muchachita panameña. Es más, es posible que esa tarea de aprendizaje, algo como un propedéutico, se hubiese producido en los días que el refugiado visitó Panamá, buscando donde esconder y esconderse. Fue algo así como un curso Express.

Esto prueba que ex alcalde de Maracaibo si ejerció la docencia, pues todavía mantiene la vocación intacta. Y sus productos son genuinos, parecidos a él.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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