Constituyente para El Salvador

El último golpe asestado a la derecha americana, principalmente a la de EEUU, fue la derrota en las elecciones de El Salvador del fascismo que gobernaba desde hace 20 años, por medio del partido Arena, cuyo fundador y máximo líder fue Roberto D’Aubuisson, asesino, psicópata, alumno aventajado de la Escuela de Asesinos llamada "de las Américas", con sede en Georgia, EEUU.

D’Aubuisson dirigió, mediante los "Escuadrones de la Muerte", la matanza de 50 personas por noche en los ochenta y el asesinato, en plena misa, del arzobispo Oscar Arnulfo Romero.

La derecha convirtió a El Salvador en uno de los países más pobres del mundo, expoliado y humillado por EEUU, cuyos gobiernos permitieron u obligaron a esa desamparada nación a participar militarmente en la guerra de Irak. El triunfador en las elecciones fue un periodista, Mauricio Funes, al derrotar al candidato de Arena, Rodrigo Ávila, ex director de la Policía Nacional Civil, conocido con el remoquete de "Atila", aquel rey de los hunos del siglo V, de inolvidables crueldades.

Este será el jefe de la oposición salvadoreña, la que, a excepción del Ejecutivo, controlará los demás poderes del Estado; si a esto agregamos que Funes, según se dice, no tiene experiencia política ni administrativa, podemos prever fácilmente el futuro desastre de su gobierno ante una derecha criminal e implacable, como son todas las derechas del mundo.

Para ese reto, Funes sólo tiene un camino para poder gobernar y es convocando a una Asamblea Constituyente, por medio de un referéndum, basándose no en la Constitución vigente que seguramente no la permite, sino en la doctrina, en el pensamiento de los grandes filósofos del derecho y en la jurisprudencia, como se hizo en Venezuela.

Para todos los filósofos, como Emmanuel Sieyés, Montes- quieu, Rousseau, Kelsen, Maurice Hauriou, Carl Schmitt, etc.

y la Carta sobre los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el poder constituyente reside en el pueblo y "por encima del poder constituyente no existe ningún otro poder político, es la autoridad suprema incondicionada, libre de todo formulismo, fundada en si misma y omnipotente en el poder constitucional".



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Manuel Quijada


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