La insurgencia colombiana

El pasado 11 de este mes de enero circularon dos noticias importantes con relación a la insurgencia colombiana. La primera tiene que ver con la solicitud formal que a los gobiernos del mundo hizo el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para que retiren ─aquellos que los tienen incluidos─ a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) y al Ejército de Liberación Nacional (ELN), de la lista de grupos terroristas y que los cataloguen como verdaderas fuerzas insurgentes. La segunda noticia se refiere al anuncio que realizó el canciller francés, Bernard Kouchner, acerca de los emisarios de Francia, España y Suiza, quienes, a riesgo de sus vidas, se adentrarán en territorio colombiano ─al puro estilo de acción directa que caracteriza al Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy─ para tomar contacto con las FARC-EP y procurar negociar la liberación de los rehenes, principalmente, de la colombo-francesa Ingrid Betancourt.

Ambas acciones parecieran formar parte de una estrategia conjunta entre Venezuela y Francia, para ejercer presión sobre el Presidente de Colombia, Alvaro Uribe, a fin de avanzar hacia un proceso de canje de rehenes por prisioneros, como un paso importante que conduzca a un acuerdo definitivo de paz. Llama la atención las palabras de Bernard Kouchner, al señalar que está previsto el canje de 46 rehenes contra al menos 500 guerrilleros que permanecen detenidos en las cárceles colombianas, aparte de calificar como formidable el gesto de Uribe, de felicitar a Chávez, por las gestiones que realizó y que condujeron a la liberación de Clara Rojas y Consuelo González.

Ahora bien, más allá de las implicaciones jurídico-políticas que pueda tener el calificativo de terroristas, o de insurgentes, que se le pueda asignar a las FARC-EP y al ELN, hay una realidad geopolítica concreta que no puede ser desconocida y que tiene que ver con la existencia de un Estado Insurgente en territorio colombiano. Este es un concepto que fue desarrollado en 1969 por el geógrafo estadounidense Robert McColl (The Insurgent State: Territorial Bases of Revolution; Annals of the Association of American Geographers, Vol. 59, Nº 4), al momento de analizar los acontecimientos que para esos años se suscitaban en el sudeste asiático, específicamente en Vietnam. Aún cuando los escenarios son diferentes, la esencia del concepto de McColl puede ser utilizado para hacer una lectura del caso colombiano. Para este geógrafo, un Estado Insurgente cumple con las siguientes funciones: 1. Sirve como refugio físico para la seguridad de sus líderes y el desarrollo progresivo del movimiento; 2. Demuestra la debilidad e inefectividad del gobierno, contra el que se insurge, para controlar y proteger su propio territorio y población; 3. Proporciona los recursos humanos y materiales necesarios para poder operar; 4. Las organizaciones políticas y administrativas dan un aura de legitimidad al movimiento insurgente.

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Alfredo Portillo


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