El desarrollo chino

El pueblo y el gobierno chinos no dejan de darnos sorpresas, enseñanzas, ejemplos, demostraciones y lecciones. La nación más vieja sobre la tierra, con diez mil años de fecunda presencia, con casi la cuarta parte de la población mundial y la economía más exitosa, con las reservas internacionales más grandes de todas las existentes, superiores al millardo de dólares, cifra nunca alcanzada en el mundo, prepara su XI quinquenio. El desarrollo más vertiginoso habido en las últimas décadas, superior al de los llamados “tigres asiáticos” y que se convertirá sin lugar a dudas en una de las economías más grandes del mundo, si no la más grande.

Su dirigencia tiene una de las visiones más amplias y estratégicas del planeta. Se trata de gente de cierta edad, aunque lejos de ser ancianos; con conocimientos y experiencia de larga data. Nada de recién llegados. Una buena parte con grados científicos elevados, investigadores en áreas fundamentales, doctores, que saben el poder del conocimiento científico y tecnológico para hacer de China una poderosa nación y darle a su pueblo grados más elevados de bienestar. Para mediados de este siglo, los chinos disfrutarán del nivel de vida existente en los países desarrollados.

Se dice fácil, pero está muy lejos de serlo. Un mil 200 millones de seres humanos disfrutando de niveles elevados de bienestar en salud, educación, empleo, seguridad social, vivienda, vestido, calzado, cultura, deportes, seguridad civil y esparcimiento. Inimaginable el esfuerzo social necesario para llegar a esas condiciones en tan poco tiempo. Desde 1949, luego de la victoriosa gesta de Mao Tse Tung, en sólo 58 años, China dejó de ser una nación disgregada, feudal, atrasada e invadida, para transformarse en la potencia que es hoy. Y todo ello en medio de la guerra fría, de sus contradicciones con la Unión Soviética, de sus enfrentamientos con varios de sus vecinos, sus luchas para recuperar Hong Kong y la presencia amenazante del imperialismo desde la isla de Formosa.
Acaban de duplicar hasta 12 mil millones de yuanes la inversión en ciencia y tecnología para el desarrollo social en el próximo quinquenio, además de acordar toda una estrategia de inversiones para reforzar el apoyo de la ciencia y la tecnología en el desarrollo coordinado de la economía y de la sociedad. Son cinco los puntos hacia donde se dirigirán los esfuerzos, y su escogencia ya nos ilustra sobre la calidad y capacidad de los gobernantes chinos. Primero trabajarán en resolver los problemas de recursos naturales, que constituyen en este momento una limitación del desarrollo sustentable chino. Se trata de incidir en los llamados “cuellos de botella”, para lo cual buscarán el respaldo de las ciencias y la técnica. En segundo lugar, colocan como prioritario el problema energético y lo enfrentan junto con el desarrollo de tecnología de protección del ambiente, reparación ecológica, ahorro energético y desarrollar investigaciones en esta importante área.

En tercer lugar, financiarán investigaciones para la prevención y tratamiento de enfermedades importantes en China, la creación de nuevos medicamentos, la biotecnología, la innovación tecnológica en el campo de los equipos médicos, el desarrollo cultural y deportivo. Al mismo tiempo rescatan la necesidad de modernizar la medicina tradicional china, dándonos un gran ejemplo al no contraponer los dos tipos de saberes: El oriental, autóctono de China, con el occidental americano-europeo. Desarrollan ambos, no se enrollan como vemos enrollados a nuestros sociólogos del conocimiento y a muchos otros, quienes plantean que el saber occidental debe rechazarse como si este conocimiento fuera malo en sí mismo.

En cuarto lugar, colocan el objetivo de afianzar la seguridad pública y el desarrollo sostenible de pueblos y ciudades, para lo cual desarrollarán investigaciones sobre la plataforma de emergencia de la seguridad colectiva, la seguridad alimentaria y de la actividad productiva, reducción de las calamidades naturales, estimular la tecnología de construcción y la programación urbana, además de la alerta científico-tecnológica. Por último, desarrollar como área a estudiar el trabajo científico y tecnológico para el desarrollo social, a objeto de soportar la toma de decisiones en forma científica. Duro contra el empirismo en la función pública y contra las decisiones sin basamento científico ninguno. Nuestro gobierno debería tomar como ejemplo esta última lección.


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Luis Fuenmayor Toro


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