Israel y Palestina: ¿A quién pertenece la Tierra Santa?

“Yo soy el señor Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac: la tierra en que duermes, te la daré a ti y a tu descendencia” (Libro del Génesis 28:13).

Cuando David Ben Gurión, Político sionista, nacido en Polonia y creador del Estado de Israel y su Primer Ministro, persuadido del ideal de conferir a los judíos un Estado propio, alcanzando el sueño en 1948, a costa de los derechos de la población palestina que había vivido en esta región durante siglos, los presagios de muchos para la época habrían de convertirse en realidad. Declarando su independencia ese mismo año se suscita la primera guerra árabe-israelí que alcanzó una enorme cuantía desde el punto de vista pragmático y alegórico para el pueblo judío por su contribución en la instauración del Estado, legitimándose con ello no solo la creación, sino también el progreso de un ejército que marca una huella en el sentimiento del pueblo judío alcanzando objetivos comunes ampliamente codiciados, asegurándole su razón de ser y una especie de perpetuidad hasta nuestros días.

Al retiro de Gran Bretaña de los territorios palestinos en 1949, se divide el territorio para la creación de dos estados independientes, uno judío y otro árabe. Lo cual contó con la acepción de los judíos y el rechazo de los árabes.  Determinado en 1947 el plan de la ONU, establecido en la Resolución 181, de repartición de territorios, tal y como lo señala Patricia Kreibohm de Schiavone, en su ensayo: La Guerra de Palestina 1948-1949: Una Contienda Fundacional en el Contexto del conflicto de la Segunda Post-guerra-: “…los enfrentamientos se agudizaron: a la implementación de la violencia por parte de los judíos se sumó el terrorismo árabe y esta situación se mantuvo hasta Mayo del 48 fecha en que la declaración de Ben Gurión precipitó una guerra interestatal protagonizada por cinco países árabes contra el Estado de Israel. La contienda finalizó en enero del 49 con el triunfo judío, sellando de este modo el establecimiento del Estado y originando una segunda etapa del conflicto. Tres guerras posteriores y un proceso - interrumpido - de paz es el saldo de esta etapa histórica hasta la actualidad.”. Las consecuencias de la denominada Guerra de Liberación para los israelíes, devenida en la Nakba ("tragedia") para los palestinos terminó con el desplazamiento de más de 700.000 refugiados palestinos hacia las zonas que les fueron concedidas -la Franja de Gaza y Cisjordania- y hacia otros países árabes como Siria o el Líbano.

Han sido múltiples los intentos por establecer la paz en la región, en el marco del acontecimiento bélico narrado que plantó la semilla de un conflicto latente, pasando por la Guerra del Yom Kipur, el 6 de octubre 1973, la cuarta que ocurría entre Israel y sus vecinos árabes. Guerra que en sus comienzos fue aterradora para Israel, ante el arrase de sus defensas por fuerzas mucho más numerosas y, en picada su fuerza aérea, sin aliados que necesitaba con urgencia, por tratarse de una guerra en varios frentes de ataque protagonizados por Egipto y Siria, además carente de armas y municiones, vitales no solo para su defensa, también para contraatacar y así mantener a sus enemigos alejados de sus territorios urbanos. Dos acontecimientos colocan a Israel en la ofensiva, el primero, el envío masivo de ayuda militar por parte de los Estados Unidos que haría posible ese contraataque, y el segundo, su incursión por una pequeña área no bien protegida junto al Canal de Suez que le permitió avanzar hacia territorio egipcio y, desde allí, destruir la artillería y las defensas antiaéreas que habían estado protegiendo a las fuerzas egipcias en el Sinaí. 

Todo este transcurrir bélico ha permitido el fortalecimiento israelí y su avance hacia nuevos territorios en Palestina, alcanzando el control en las zonas de la península del Sinaí y Gaza (de Egipto), Cisjordania (Jordania) y el Golán (Siria). Tomando, igualmente a Jerusalén (oriental), ciudad bajo estatus de protectorado internacional de acuerdo con las resoluciones de la ONU, y pasando a denominarse, por parte de los hebreos, capital de Israel. Todo lo anterior, combinado con un constante asedio a sus nativos hasta acorralarlos en territorios de la Franja de Gaza y en Cisjordania en condiciones deplorables, rodeados de colonos israelíes en asentamientos que se acrecientan en detrimento de la supervivencia palestina. El ataque de Hamas a territorios colonizados por Israel y con el trágico saldos de cientos de vidas perdidas de civiles y militares de ambos lados, así como de prisioneros, eleva a su pico más alto las tensiones devenidas en una nueva conflagración que pone en tensión al Planeta.

En esta región, que alcanza al río Jordán y el mar Mediterráneo, “…escenario de mitos y leyendas fascinantes, pero también de los conflictos más atroces.”, como lo menciona Constanza Vacas en su trabajo escrito denominado: La Creación de Israel: origen y consecuencias, confluye  el origen de las tres religiones monoteístas, se trata de la Tierra Sagrada -donde se encuentra Jerusalén- para los cristianos, la cuna del cristianismo, para los judíos, la tierra prometida, y para los musulmanes, el lugar desde el cual Mahoma ascendió a los cielos.

El devenir histórico de la región, intensificado desde hace casi un siglo atrás, lo ha hecho un territorio inestable, pero, más que por contener la influencia de los textos sagrados, es debido a una serie de decisiones políticas determinadas en acontecimientos como la Primera y la Segunda Guerra Mundial, que han intentado dejar en una especie de limbo la Tierra Santa.

Ríos de tinta, kilómetros de videos y horas de testimonios que alcanzan días, meses y hasta años, atestiguan la penosa situación de los palestinos en las zonas de la Franja de Gaza, Cisjordania y el este de Jerusalén, precisamente en esa zona Israel ha establecido un control militar e incluso civil en determinadas áreas sometiendo a la población palestina con una permanencia prácticamente de ancestros (y lo digo sin exagerar) viendo sus derechos anulados. Se habla de una cifra que alcanza a 600.000 personas en asentamientos reconocidos como ilegales por las sucesivas resoluciones de Naciones Unidas. Más el régimen de Tel Aviv se dio por desentendido y creó grandes bloques de población colona, con exceso de servicios y recursos naturales esquilmados a su propietario original, cortando cualquier continuidad territorial.

La organización islamista palestina Hamás atacó por sorpresa a Israel desde la Franja de Gaza. Por supuesto que la reacción sionista ha sido mucho más devastadora, presagiándose hasta estos momentos la invasión terrestre que pudiera desaparecer de la faz de la tierra el espacio físico del Estado palestino.  “No solo los vivos son asesinados en la guerra”, dijo hace muchos años el célebre escritor y bioquímico ruso, Isaac Asimov. Y bajo esta triste premisa, no solo cargará Tel-Aviv con la culpa, también los Estados Unidos y el resto de potencias occidentales que bailan la danza de la guerra puesta en boga nuevamente. 

En una ocasión, una comisión de investigación encargada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, sostuvo que la ocupación de territorios palestinos por Israel y la discriminación hacia su población son “las causas principales” de las tensiones periódicas y de la inestabilidad recurrente, hoy devenida en una nueva conflagración, donde apenas Rusia, China y otros pocos estados afines exigen el cese al fuego y la reanudación de acuerdos a partir de las resoluciones de la ONU. Palestina es un territorio ocupado, asediado y convertido en un inmenso campo da hacinamiento; desde hace tiempo se le ha exigido a Israel su retiro y el freno a los asentamientos ilegales, incluso que cumpla con las obligaciones que impone la Convención de Ginebra, todo esto como garantía para el establecimiento definitivo del Estado palestino.

Pareciera quedarse cada vez más atrás la premisa del profeta Isaías: “Transformar las espadas en rejas de arado y las lanzas en hoces.”. Para dar paso a la reflexión del gran Victor Hugo: “Dios pierde su tiempo haciendo estrellas y flores, ¡porque a los pueblos querellosos les gusta la guerra!”. Ojalá y las vidas sacrificadas en estas conflagraciones, que se cuentan por millares, abonen la Tierra Santa para consolidar un Estado democrático multicultural y multiconfesional, capaz de integrar a todos con los mismos derechos. 



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Victor Barraez


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