Un polo socialista iberoamericano

Las caretas van cayendo. Toda es falsa izquierda made in USA se está quedando sola. Ellos, la casta "canceladora" y su patrocinador angloamericano no engañan al pueblo. No son nadie para hablar en su nombre. Son los perritos falderos del Pentágono, la CIA, los siervos de las innumerables fundaciones y ONGs al servicio de la Anglosfera. Tratan de meter miedo en el cuerpo. Tratan de ejercer la censura ("cancelación"), tratan de conquistar por medio del silencio, tratan de imponer una voz única y amenazar al discrepante. Pero no podrán. Todos los obreros, campesinos, trabajadores de las clases populares, toda la gente de a pie está viendo que la izquierda otanista y progre es un montaje, una farsa, auténtico fascismo.
Un montaje angloamericano. Se palpa, se percibe de forma nítida e incontestable. Tratan de introducirnos en la conciencia unas diatribas y unos delirios que no son los nuestros. Podemos, Sumar, PSOE, separatistas…Las naciones hispanoamericanas, quienes de verdad las vertebramos hablando español y portugués, quienes vivimos sacando el callo en nuestras manos y cerebros, somos naciones que no podemos vivir envueltos en pseudoproblemas y delirios creados por los angloamericanos.
Los problemas de una élite burguesa y privilegiada no tienen que ver con los problemas del pueblo. El pueblo sabe detectar sus auténticos problemas, y son dos: el pan y el trabajo. La crítica al capitalismo pasa por la exigencia de un derecho, el derecho al acceso al pan y al trabajo. El pueblo apoya a los líderes populares y a los movimientos sociales que, más allá de los partidos políticos tradicionales, luchen denodadamente por el pan y el trabajo. Ambos conceptos están estrechamente vinculados en la conciencia popular, no hay pan dignamente digerido sin el trabajo. El trabajo digno, desarrollado en ausencia de explotación y liberados de la oligarquía.
Pero la izquierda burguesa y posmoderna se ha olvidado del trabajo y del problema de la explotación. La izquierda "woke", como dicen en los USA, o izquierda "pija" como decimos en España, no mira más que a la vida de placeres, propia de la burguesía urbana y universitaria, ávida de sexo bizarro y enamorada de marginalidades (coqueteo con las drogas, la perversión y un alto grado de consumo cibernético, enemiga de la familia y de la patria…). El pueblo trabajador, y más si es educado bajo la luz de valores humanistas y socialistas, nada quiere saber de esos "derechos". Sus derechos son los del pan y el trabajo. La tradición de lucha y estudio marxista va en esa misma línea: el trabajo dignifica y edifica hombres, el trabajo y la lucha les vigoriza. El pan es el primer bien que debe garantizar un Estado popular, y no los lujos aberrantes ni problemas de "identidad".
Cuando el hombre no trabaja, bien por su voluntaria condición de parásito, bien porque el sistema capitalista le ha condenado a la inacción a través de una creación constante del ejército industrial y campesino de reserva, entonces la vida suya y la de su familia, su sustento esencial, la misma dignidad de la persona son asuntos que peligran. Sorprende que en países altamente desarrollados el pueblo haya aceptado una desindustrialización feroz, destruyendo su empresa pública, como la que sufrió España a partir de la instauración del Régimen del 78. Sorprende que la gente de mi país se haya desprendido de sus propias tierras, aun modestas, sus pequeños negocios y sus empleos fijos en la industria estatal y, sin embargo, gran parte de esa gente siga votando a los "socialistas" (PSOE). Los peores agentes contratados por los USA, siempre al servicio de de la destrucción de la nación, siguen ganando elecciones y encadenando gobiernos. Algo similar acontece en otras naciones hermanas de América, cambiando las siglas y con personajes aparentemente distintos: se presentan como progresistas pero son recaderos y matones contratados por los angloamericanos. Llevan décadas desarticulando naciones y enemistando a hermanos, para impedir así el surgimiento de un gran polo de resistencia y un complemento necesario a la multipolaridad.
Lleva razón el filósofo ruso Dugin: no hay posibilidad de acabar con el imperialismo angloamericano si no es articulando polos (basados en hermandades y en afinidades culturales) y asegurando espacios de multipolaridad. Llegó el momento en que los focos de resistencia aislados (la Argentina de Perón, la Cuba de Castro, la Venezuela de Chávez…) pasen a convertirse en tejidos de alianza trans-ideológica: más allá de las diferencias ideológicas y de las tradiciones diversas, los países del polo de la "Gran Patria" pueden aunarse en unos pocos preceptos simples: a) ahogar para siempre la inercia golpista, saneando las fuerzas armadas y deviniendo éstas en guardia popular y patriótica, hermética ante sobornos y manejos yanquis, b) impulsar una política económica autocentrada, una "insubordinación fundante" (M. Gullo) que sirva de instrumento socialista al servicio de las clases populares (defendiendo la producción autóctona con aranceles y proteccionismo gradualmente creciente, gracias al apoyo de los aliados externos en la multipolaridad, c) desarrollar mecanismos de democracia económica o control popular liderados por un partido, un cabecilla carismático o una concentración nacional de fuerzas, para que el desarrollo del pan y del trabajo sea equitativo, justo y que sea sometida a control y freno toda la oligarquía reaccionaria.
Como se puede deducir de mis palabras, defiendo con fuerza que este es el momento para una reorganización de lo que hasta ahora se ha llamado izquierda. Propongo una síntesis de elementos que la pseudoizquierda "woke" y sus precedentes del "progresismo" han neutralizado desde 1945 por influencia estadounidense. Los elementos de la verdadera izquierda restaurada pasan por Marx, Perón y Castro:
a) Soberanía nacional económica, como paso previo para la soberanía política e independencia nacional: proteccionismo y "desconexión" de la globalización neoliberal angloamericana (Gullo, Amin, Dugin).
b) Hermanamiento de naciones ibéricas de ambos continentes para crear un polo complementario de los ya existentes (Eurasia o Rusia, China, India, Islam…) que contrarreste al Occidente colectivo, al cual no debemos pertenecer. El polo debe estar liderado por las más grandes naciones de América del Sur, las cuales cuentan con potencial demográfico, industrial, energético, etc. más que suficiente (Brasil, Argentina) (Gullo, Gustavo Bueno).
c) Democracia popular o económica en todos los países del polo recién constituido: principios básicos de redistribución equitativa de la riqueza, banca e industria nacional, repartición de tierras y uso social y patriótico de los beneficios (Marx, Castro, Chávez).
d) Autodefensa federada, con la meta de constituir un ejército transnacional iberoamericano, con alejamiento progresivo y ulterior denuncia de los tratados impuestos por el Occidente colectivo.



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Carlos Javier Blanco

Doctor en Filosofía. Universidad de Oviedo. Profesor de Filosofía. España.

 carlosxblanco@yahoo.es

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