Paz total como "paz constituyente"

La Paz total planteada por el gobierno del presidente Gustavo Petro para superar la violencia social y política en Colombia esta cargada de un enorme potencial transformador, pues, tanto como por los objetivos y la metodología gubernamental planteada, como por los actores participantes, gobierno y guerrillas revolucionarias (Eln y Farc EP), su contenido bien puede superar el alcance de los Acuerdos de paz del 2016, que evadió temas álgidos como la eliminación del modelo neoliberal, la transformación del Estado oligárquico, la reforma militar y la configuración de un nuevo ordenamiento territorial para atender las demandas de las comunidades indígenas, afros y campesinas, excluidas del "desarrollo" capitalista.

Siempre se ha dicho que cambios de tal envergadura deberían ser objeto de una Asamblea constituyente, previamente convocada por los actores centrales del régimen político; convocar, elegir y desarrollar una Constituyente es un evento y un proceso que suele ser presentado por la ultraderecha como un atajo cargado de conspiración golpista del que se vale la izquierda para destruir la democracia liberal y sus reglas de juego ciertas y estables.

Una Asamblea constituyente, con toda su parafernalia electoral, su escenografía de deliberaciones y la aprobación de un nuevo texto no necesariamente es el escenario adecuado en el que conversaciones y negociaciones de paz reflejen su capacidad transformadora del viejo régimen oligárquico.

La Paz total tiene una esencia constituyente, un potencial constituyente que puede fluir directamente de su dinámica y sus lógicas esenciales.

La Paz total como "paz constituyente", a mi juicio, debe articular y conectar los procesos de resistencia armada, la desobediencia civil, la deserción y el sabotaje de la guerra con las luchas obreras, campesinas, afros, indígenas, urbanas, feministas, LGTBI, anticoloniales, antifascistas, ecologistas, por la salud, por la reforma agraria democrática, por la vivienda, por la educación, por la disolución del Esmad, la depuración de la policía, el ataque a la corrupción y la destrucción de las castas regionales oligárquicas en su expresión político partidista y electoral.

Paz constituyente es un movimiento múltiple y convergente de transformación revolucionara que debe contar con el apoyo y concurso de los actores involucrados en el proceso de diálogos, acuerdos y ejecución de estos, sin que necesariamente deba colocar como condición básica la entrega de las armas por las guerrillas revolucionarias, que son la garantía de que los pactos no se queden en el papel como ocurrió, efectivamente, con los textos de la Mesa de La Habana, sometidos a la trampa y la traición en el caso emblemático que involucro a Jesús Santrich (qepd) y sus otros camaradas.

La paz constituyente debe ella misma animar, facilitar y construir nuevas formas de poder popular. En este caso estamos hablando de una paz que proyecte una democracia emancipadora y antifascista de la lucha contra los amarres entre guerra, austeridad neoliberal, concentración de la riqueza y autoritarismo como una lucha por un Estado y una república regionalizada, federalizada y con plena autonomía territorial.

En esos términos es que es posible ir más allá de las famosas "líneas rojas" de la paz neoliberal santista a la que se acogió un sector de las Farc (Timochenko y su rosca contrarrevolucionaria) en evidente plan transformista por la vía de un reformismo grotesco y un parlamentarismo de alcantarilla que destapo su degradación ética y su naturaleza oportunista.



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Horacio Duque

Politólogo e historiador.

 horacioduquegiraldo@gmail.com      @horacio_DG

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