Ganó el "comunista comeniño" en Colombia

Los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, este 19 de junio, dan un vertiginoso giro a la política en este país. El triunfo electoral de Gustavo Petro, después de dos intentos fallidos de llegar a Nariño, va mas allá de la aplastante derrota del uribismo, corriente política de la extrema derecha mas recalcitrante que supo imponer esquemas efectivos para mantenerse en el poder en Colombia en estos últimos tiempos.

El modelo comunicacional hegemónico en el continente fue eficiente en ocultar las profundas desigualdades y contradicciones de la realidad social colombiana(siempre signada por la violencia)y llego al extremo de exaltar la "democracia modélica" de este país al contrastarla con el estigmatizado modelo político socialista que emergió con Chávez (después de 1999) en Venezuela.

El uribismo lleva tiempo en una crisis profunda y aunque esta se agudizó con la movilización y la protesta social del 2021 hasta la amenaza de quiebre definitivo, el proceso que hoy lleva a Petro a la Presidencia no esta exento de incertidumbres, avances, retrocesos , dudas y contradicciones.

Una indudable ventaja es que Gustavo Petro tiene una valiosa experiencia política acumulada y así como supo torear mil adversidades, incluyendo atentados contra su vida, esta obligado a gobernar Colombia sabiendo que esos poderes facticos no cejaran en su empeño de intentar retrotraer al país al pasado que ellos impusieron a la sociedad colombiana.

No pudo el poderoso aparato de propaganda cimentado en las mentiras, en fake news revertir, en esta tercera ocasión, la propuesta del cambio real que representa Petro y una manera de hacer política equidistante a la que se ha hecho en Colombia en los últimos años.

La campaña contra el guerrillero, "comunista comeniños", aliado de Chávez, socio de Maduro sirvió de poco al uribismo.

Contexto

Ningún otro país del extenso "patio trasero" ha cumplido mejor su papel en el modelo hegemónico impuesto por los EE UU en América Latina como lo ha hecho Colombia durante estas ultimas décadas. No es casual que desde la izquierda se le haya bautizado acertadamente como "el Israel de Latinoamérica".

Si bien la vitrina económica del capitalismo estadounidense en Suramérica fue siempre el Chile post Allende, en ningún otro país la doctrina ideológica y el modelo político de sujeción al imperio, reino en el sur del continente como en Colombia. No es casual que en el territorio de este país se hayan enclavado siete bases militares estadounidenses y que a través del Plan Colombia los gobiernos de turno hayan servido a los intereses imperiales de dominio del norte sobre el sur.

Colombia, como ningún país, puede ser definido como violento por naturaleza. La naturaleza del modelo político impuesto en Colombia ha sido el de la violencia. El fruto que ha generado este modelo político han sido los mas de 50 años de guerra que en este siglo XXI parece definitivamente agotado y en decadencia. Pero aunque la guerra haya llegado a su fin, el modelo que le ha dado vida y que ha sustentado a esta sociedad durante tantas décadas no sucumbirá de la noche a la mañana.

Petro llega a Nariño, pero nadie debe ignorar que el uribismo y los factores que han gobernado Colombia mantiene cuotas importantes de poder a las que se mantendrán asidos hasta el ultimo respiro. Como bien dicen los gramscianos, no ha terminado de nacer lo nuevo que viene aflorando en Colombia como tampoco de morir lo viejo que esta por desaparecer. Convivirán por un buen tiempo mas, lo peor de la política colombiana, representada por el uribismo, con el petrismo y las corrientes impulsoras de un proyecto distanciado de la guerra y la violencia.

Que un poco mas de 10 millones de colombianos hayan votado en contra del "cambio real" que representan Petro-Márquez, indican que aun persiste una base electoral que, por distintas razones, sigue apoyando al paramilitarismo, al narcotráfico, a los falsos positivos, en fin a la Colombia de la guerra y del plomo.

Aunque evidentemente no cuentan con liderazgo que conduzcan a las masas, como vimos con el caso del desplazamiento de Fico por parte de Hernández que no es menos cierto es que la propuesta que termino aglutinando el candidato Hernández, derrotado por Petro, carece de liderazgos genuinos capaces de conducir a la victoria a sus seguidores.

Si bien la llegada Petro despierta expectativas en las izquierdas latinoamericana y mundial, nadie debe olvidar lo limitado que puede ser el poder ejecutivo en los modelos republicanos de nuestros piases, ya hemos vistos las componendas que las derechas son capaces de articular para sacar del juego a quienes defiendan los intereses de los pueblos, el caso de Lula en Brasil ha sido quizás uno de los mas emblemáticos.

Ya se ha oficializado el primer contacto del gobierno de Petro con el del Presidente Nicolás Maduro. Así como el uribismo estableció una relación de confrontación con el gobierno venezolano, en estos últimos años, le corresponderá al gobierno de Petro intentar recomponer estas relaciones y dejar de jugar el papel de aliado principal de quienes conspiran, desde fuera, para derrocar un gobierno elegido por el pueblo. En esto es determinante también el rumbo que tomara la relación del nuevo gobierno colombiano con los Estados Unidos.

Es indudable que en Latinoamérica soplan vientos de cambios en política y se avecina un nuevo ciclo de izquierdas en el poder.

Desde Venezuela que ha sido, junto a Cuba y Nicaragua, uno de los bastiones de resistencia popular de la lucha contra las políticas imperiales de los EE UU, no tenemos mas que celebrar la llegada de Petro a Nariño y seguir apostando a que Colombia cambie para que comience a iniciarse procesos que conducirán a la revolucion que necesita este pueblo.



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Carlos Luna Arvelo


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