Trump inmortal

¿Necesita Donald Trump un artículo de un humilde latinoamericano que ve los toros desde la barrera en esta nueva experiencia electoral en los Estados Unidos de Norteamérica? Quizás no; sin embargo ha venido sopesando en mi mente la idea de abordar el fenómeno Trump desde otra perspectiva que lo muestre más allá del concepto pueril de un candidato presidencial. Gane por la vía de las estrategias y tergiversación de las leyes norteamericanas, eso es un problema de ellos; o pierda ante el inevitable desgaste de su imagen pública que elevó la preferencia en electores noveles hacia una formula tampoco nada atractiva como la de Joe Biden Jr. (1942), es también un asunto que poco importa, ya que a mi juicio lo que representa Trump va más allá de este proceso electoral, él es la viva imagen del "dictador del futuro", de esa figura ególatra , megalómana que la "masa", que siempre se comporta como el objeto a ser seducido, es vulnerable y fácil de engañar.

En 1982, Jean-François Revel (1924-2006), filósofo y escritor francés, publicó su ensayo titulado "El Estado Megalómano", donde abordaba la experiencia del primer gobierno del Partido Socialista de Francia (PSF), abanderando a François Mitterrand (1916-1996), como su líder en las elecciones de 1981. En el ensayo Revel planteaba que la ideología del partido socialista francés era marxista ortodoxa, y que se estaba buscando llevar al nuevo Gobierno hacia una especie de Socialismo real, el cual nunca estuvo en la oferta electoral y que implicaba un resquebrajamiento del established order(orden establecido).

Revel hace una crítica ruda a la propuesta de gobierno de la izquierda europea para la época, expresando que un gobierno bajo la fórmula del marxismo ortodoxo solamente era capaz de cumplir tres condiciones: bajar el nivel de vida, incrementar las desigualdades y restringir las libertades; los hechos son reaccionarios, todo régimen de izquierdas cumple esas condiciones, tal criterio para discernir la izquierda de la derecha constituye una deshonestidad intelectual. La izquierda que denunciaba Ravel entonces planteaba un sistema socialista descarrilado, sin dirección ni referente donde garantizar el bienestar de todos; dice Ravel: "…cuando el socialismo llega al poder, fracasa, pero no por su culpa, sino, sobre todo, por culpa del enemigo interior, del enemigo anterior y del capitalismo. Este siempre tiene la culpa, pues constituye también un axioma del socialismo el que cuando el capitalismo fracasa, es evidentemente culpa del capitalismo; cuando el socialismo se embarranca, también es culpa del capitalismo…"

De manera concreta, Revel explica que la naturaleza de la sociedad moderna no permite que se la doblegue sin resistencia, un sistema político particular, como el socialismo que, durante la ascensión hacia la conquista del poder y el comienzo de la presencia en el poder, ha tenido como vector una orientación económica y social que renuncia a los mecanismos tradicionales de negociación liberal, y esto tomando como referente Revel el socialismo real soviético del momento, resulta que la consolidación y la defensa del socialismo, en tanto que sistema político, justifica la relegación al segundó plano de los objetivos económicos y de las aspiraciones populares a bienes y servicios subsidiados, implica la imposición de decisiones en las reglas de la economía interna de un Estado, y ello solamente es posible por la vía del autoritarismo que es el "coco" al que temen los grupos de ciudadanos que se califican de derecha, porque aceptar el control total del Estado en los modos de producción de un país, implica la pérdida paulatina de libertades.

Revel en su ensayo resalta que el objetivo político del socialismo del partido francés de comienzo de los ochenta del siglo XX, era el de concebir un Estado central férreo que proyectara hacia una cultura organizacional de la obediencia y el sacrificio, y no buscara generar nuevas contradicciones hacia lo interno. Para Revel, los socialistas querían liberar la información (darle a los medios de comunicación mayor protagonismo) , ya que caía por su propio peso que era sierva en los regímenes de derecha y que accedía a la libertad gracias al régimen de izquierda, creándose las condiciones para que el poder y el dinero, en manos del control absoluto del Estado, garantizase la independencia. La tutela del Estado sobre los medios de expresión debe extenderse y reforzarse, ya que es el único poder suficientemente fuerte como para contrarrestar al del dinero. De esta manera se dio el tránsito a un Estado que marcara las pautas de información y comunicación, dejando a un lado los medios de información masivos de carácter privado que ponían su interés siempre sobre aspectos minúsculos y no en el valor y sacrificio que una sociedad estaba experimentando bajo la égida de un Gobierno que buscaba redefinir las reglas económicas de distribución y acceso de las clases menos favorecidas a los bienes y servicios.

En esta lectura del ensayo de Revel, se va retratando la figura política del Trump inmortal; el socialismo constituye para Revel una ideología, y la caracteriza como una concepción del mundo orientada a su puesta en práctica, para fabricarlo a tenor suyo y fundada en ideas intuidas, en puras construcciones mentales; una construcción del mundo, o de una parte de la realidad, intentada a partir de una idea; el socialismo criticado por Revel fracasa cuando pasa del reino de las ideas, cuando pasa de la teoría a la práctica; la utopía socialista desemboca siempre en el totalitarismo porque las ideas de igualdad para que calcen han de venir impuestas, no toleran las variantes de una planificación estratégica.

El socialismo de Mitterrand fue totalitario, esgrimió Revel, por su propia manera de entender la ideología; fue un socialismo a priori, de ánimo tiránico o totalitario, influenciado en el momento por el antiestaliniano y la influencia de la socialdemocracia, debatiéndose ante un en el dilema de elegir el camino de la social democracia o deriva hacia el comunismo, es decir, hacia el totalitarismo.

Trump no es socialista, eso está claro, pero tampoco es un capitalista neoliberal. El capitalismo ha venido evolucionando desde un mercantilismo y proteccionismo de tipo opresivo, pasando por el Laissez faire y capitalismo sin regulación, construyéndose en el tránsito de un capitalismo corporativo, donde la economía de mercado incluye lo social, hasta convergen en una economía mixta multidimensional que ha dado sus frutos en el 2020, ante la crisis de la pandemia del Coronavirus 19. Para Trump el ejercicio del poder es la garantía de sostener un sistema socio-económico donde se estimula la propiedad privada sobre el capital como herramienta productiva, constituyéndose como organizaciones ideales aquellas que surgen de las relaciones empresariales afines a actividades de inversión y de creación de beneficios, relaciones laborales autónomas y asalariadas; y apartando a un plano de efecto colateral de la generación de riquezas, a los grupos sociales que por distintas situaciones padecen desventajas en sus proyectos de vida y en su papel de entidad útil para generar riquezas. Entiéndase que a Trump le importa el ciudadano que sea productivo para él y para el Estado, el resto, el bagazo, los "miserables de la tierra", no existen en su concepción de mundo y de ideología.

En un estupendo ensayo del colombiano Alfredo Ramírez Nárdiz (Doctor en Derecho, profesor titular en la Universidad Libre, Barranquilla), titulado "Aproximación al pensamiento político de Donald Trump: ¿es el presidente de Estados Unidos populista?" (Revista Española de Ciencia Política, 52, 59-83), se hace un esbozo acerca de la ideología que caracteriza a Trump: "La ideología de Trump es esencialmente reactiva; es decir, de oposición a otros movimientos y corrientes, generalmente considerados progresistas por cuanto consistían en la ampliación o reconocimiento de derechos de minorías (hispanos, negros, musulmanes, inmigrantes o refugiados)… Esto sugiere que el modelo de sociedad que encarna es una reacción frente a aquella otra sociedad plural que se abre camino en EE. UU.: la reacción de los hombres blancos anglosajones que se consideran desplazados y maltratados por la globalización y las transformaciones que esta supone…la imagen del populista estadounidense es la de un hombre blanco agraviado, desplazado de la centralidad en la política, en el trabajo y en el hogar. No obstante, el apoyo a Trump no solamente procede de los trabajadores objetivamente empobrecidos por la globalización, sino de aquellos que subjetivamente se sienten empobrecidos y olvidados por ella. Entre sus votantes caben muchos más que aquellos realmente perjudicados por la globalización: clases medias blancas y heterosexuales que sienten que mujeres y minorías raciales y sexuales obtienen más beneficios sociales que ellos…; puede afirmarse que la ideología de Donald Trump se resume en una sola palabra: reacción. Es una ideología reaccionaria, si por tal se entiende aquella que reacciona frente a otra previa y que trata de revertir gran parte, si no la totalidad, de las transformaciones políticas, económicas y sociales realizadas en la presidencia anterior. Frente a los años de Obama, en los que se apostó por el internacionalismo, los derechos sociales o la lucha contra el cambio climático, la presidencia de Trump parece en ocasiones no tener más objeto que derrumbar todo lo hecho por su antecesor…"

En este sentido, el Trump que hoy está "malcriado" tirado en el suelo vociferando su lugar en el mapa político norteamericano que él ha querido transformar pero que la institucionalidad norteamericana se lo ha impedido, es un Trump populista emocional, donde convergen en su personalidad toda la cultura estadounidense conocida como "American way of life" o estilo de vida americano. Es individualista, ya que las leyes norteamericanas hacen énfasis en los derechos y las libertades individuales, creando en los ciudadanos un amplio respeto a la vida privada; promulga la independencia y autoconfianza, el discurso franco y directo, el manejo informal de situaciones límites, sobre todo es etnocentrista, se circunscribe al interés de su entorno inmediato, no hay un sentimiento cosmopolita ni universal que le una al mundo de manera directa, como tiende a ser la postura de los latinoamericanos y europeos que son sujetos del mundo.

Trump ha sido el producto de una sociedad en descomposición, esa misma sociedad que Zygmunt Bauman calificó de "sociedad líquida", la cual viene como producto de una ruptura con las instituciones y las estructuras fijadas, pasando de una vida diseñada para cada persona, quien tenía que seguir los patrones establecidos para tomar decisiones en su vida, a una vida donde las personas ya han conseguido desprenderse de los patrones y las estructuras, y que cada uno crea su propio molde para determinar sus decisiones y forma de vida. Una sociedad basada en el individualismo y en una forma de vida cambiante y efímera, donde se ha convertido el hombre en algo temporal e inestable que carece de aspectos sólidos; su realidad es cambiante y con fecha de caducidad, en comparación con las estructuras fijas del pasado que tendían a presentar al hombre en el marco de una experiencia de vida larga y esperanzadora.

El Trump melagómano ha estado bajo la lupa del fiscal especial Robert Mueller, quien en marzo de 2019, concluyó su informe sobre la interferencia rusa en la elección de 2016, no alcanzando una fallo final favorable acerca de que si Trump obstruyó ilegalmente la justicia, ni encontró evidencia de una conspiración criminal entre Trump y Rusia; también la Cámara de Representantes iniciaron una querella contra Trump, acusándolo de abuso de poder y obstrucción a investigaciones del Congreso, en el hecho de que Rusia presionó a Ucrania para difamar a los rivales políticos de Trump en la campaña electoral, pero después de cinco meses de audiencias, Trump fue absuelto en el Senado, no habiéndosele conseguido relación alguna con esa acusación.

Donald Trump tiene mucho dinero, cuantificar cuál es su fortuna real ha sido una odisea para quienes quieren mostrarlo como un acumulador de capital, ejemplo del capitalista ortodoxo, ese a quien le importa más la económica basada en el racionalismo individual, caracterizado por la maximización de la utilidad y los modelos económicos de equilibrio, que por un capitalismo social que integre el capital humano y el económico en un solo principio de transformación y éxito.

Para George Lakoff (1941), investigador norteamericano de lingüística cognitiva de la Universidad de California, Berkeley, en Trump la idea básica es que la autoridad se justifica por la moralidad, postura de Frederick Christ Trump, 1905-1999, padre estricto de Trump, y que en un mundo bien ordenado debería haber una jerarquía moral en la que aquellos que han dominado debían dominar; esto es, por ejemplo, que si la jerarquía es Dios, este está por encima del Hombre, el Hombre por encima de la Naturaleza; y los disciplinados, esos que concibe Trump como los fuertes, han de estar por encima de los indisciplinados, los débiles, los Ricos por encima de los Pobres, los empleadores por encima de los empleados, los adultos por encima de los niños. En fin, la cultura occidental por encima de las otras, y los Estados Unidos de Norteamérica por encima de todos los demás países. La jerarquía se extiende a los hombres por encima de las mujeres, los blancos por encima de los no blancos, los cristianos por encima de los no cristianos, los heterosexuales por encima de los homosexuales, y así, sucesivamente.

Para Lakoff, el Trump que expresa en voz alta lo que sienten, y a lo cual le imprime fuerza, agresividad y enojo, no lo hace para asustar, porque ni vergüenza del papel que está haciendo tiene; todo lo hace para imponerse a la autoridad establecida y ganar terreno en ella buscando comenzar a ser parte del paisaje, porque si la confronta por la vía de la seducción y la sumisión, no solamente quedará expuesto ante ese orden que ostenta el poder y que es oculto en la realidad norteamericana, sino que terminaría siendo una pieza de ese orden y esa versión de Trump no existe porque no se crió para eso ni ha vivido bajo esa condición de vulnerabilidad.

A grandes rasgos Lakoff afirma: "…No existe el punto medio en la política norteamericana. Hay moderados, pero no hay una ideología de lo moderado, ni una única ideología en la que los moderados estén de acuerdo. Un conservador moderado tiene algunas opiniones progresistas sobre ciertos temas, pero estas varían de persona a persona. De manera similar, un progresista moderado tiene algunas opiniones conservadoras sobre ciertos temas, pero de nuevo, estas cambian de persona a persona. En resumen, los moderados tienen ambas visiones político-morales, pero usan en mayor medida una de ellas. Esas dos visiones morales en general se contradicen entre sí. ¿Cómo pueden habitar en el mismo cerebro al mismo tiempo? Ambas se caracterizan en el cerebro por el circuito neuronal. Se conectan por un circuito común: la inhibición mutua. Cuando una se enciende, la otra se apaga; cuando una se fortalece, la otra se debilita. ¿Qué las hace encenderse o apagarse? El lenguaje que coincide, activa una visión fortalecida, mientras que apaga la otra visión y la debilita. Cuanto más se discuten las opiniones de Trump en los medios, más se activan y más fuertes se vuelven tanto en las mentes de los conservadores del ala dura como en las de los progresistas moderados…"

Desde un puno de vista filológico, el discurso de Trump se alimenta, a juicio de Lakoff, por biconceptos progresistas, ya que va dirigido ese discurso a los padres estrictos en sus hogares o en su vida privada, que creen en los valores familiares tradicionales, del código conservador, y de manera automática Trump logra identificarse con ellos, porque ellos buscan a los ganadores, y él se considera un ganador.

Volviendo a la visión de socialismo de Revel, donde la naturaleza es la que se encarga de desmentir los intentos de fabricar un mundo mejor, doblegando las ideologías, el socialismo, como el sistema de la libertad, como el sistema humano por excelencia que busca mejorar las condiciones de vida de los pueblos, por encima de un capitalismo que no mide en los sacrificios que tiene que causar para el logro de sus objetivos, es un socialismo que tiene que recurrir a posturas autoritarias para imponer sus recetas, pero que al ir logrando imponerse y crear condiciones de conciencia social y política, ese autoritarismo se diluye y queda el autogobierno como opción de igualdad plena, totalitarismo. Lo lamentable es que esta visión, expresa Revel, sigue siendo una utopía, y en la Francia de los ochenta no estaba nada claro aún. Hoy día el socialismo no ha logrado cambiar las estructuras de poder en Francia como aspiró Mitterrand; el Partido Socialista (PS) francés, del que fue miembro Emmanuel Macron, antes de fundar su propio movimiento político, hoy está en una situación débil tras haber acumulado las derrotas electorales desde 2017; desde el punto de vista ideológico ha iniciado una reestructuración liderada por su secretario general, Olivier Faure, a pesar de haberse perdido la casi totalidad del terreno político galo, suplantado por la izquierda radical e inclusive por la izquierda ecologista. ¿Qué hubiera sido del partido socialista francés de haberse materializado el proyecto autoritario de Mitterrand? Hubiera terminado en un Estado amorfo, donde la ideología habría pasado a un segundo plano y se hubiera impuesto la anarquía y la incertidumbre.

Trump, para el asesor gerenciar Javier Salas, es un líder carismático cuya imagen es asociada con los shows de realidad, sus edificios de lujo, sus casinos, los dimes y diretes en los que se ha enfrascado como con la actriz Rosie O'Donnell y sus concursos de belleza internacional; su figura de magnate y presentador es lo más sobresaliente; lo malo de él, es que al ser tan mediático, Trump es visto como parte de la tradición nativista de su país; sus números en el ejercicio de su gestión política ha sido importantes al llevar el desempleo a cifras menores del cuatro porcientos, pero ha habido aumento en los crímenes de odio contra los latinos por parte de civiles y policías, principalmente en comunidades rurales; los grupos de odio han aumentado debido a las preocupaciones contra los indocumentados, y las medidas de control fiscal interno cada vez reflejan la necesidad prioritaria de ajustes mucho más estrictos para adecentar una economía que se ha visto golpeada por la situación de pandemia mundial.

En una cantidad muy importante de centimetraje de la prensa escrita del mundo, Trump ha dejado su huella personal, sus posturas acerca de sí mismo que lo hacen un capitalista reactivo: "¡Si no te desquitas, eres tonto!"; "Hacer que Estados Unidos sea grande de nuevo"; "El mundo es un lugar cruel y brutal…"; "…tus amigos están tratando de hacerte daño: quieren tu trabajo, quieren tu casa, quieren tu dinero, quieren a tu esposa, e incluso quieren a tu perro"; "Cuando la gente te hace daño, ve tras esas personas, porque es una buena sensación y porque otras personas te verán hacerlo"; "Yo siempre me desquito"; "Me encanta ver cómo las personas se asombran y se maravillan ante el increíble mármol y la sorprendente catarata de 24 metros"; "Lo cierto es que a mí me asombran tanto mis propias creaciones como a los turistas y a las personas glamorosas que acuden a la Torre Trump… o a cualquier otra de mis propiedades"; "Los hombres ricos tienen menos probabilidades de ser como yo…, pero al hombre trabajador le agrado porque él sabe que he trabajado arduamente y no heredó lo que he construido"; "A menudo digo que soy miembro del club afortunado de espermas"; "Pero ¿me dio esto un talento natural? No lo creo. Esto me dio una ventaja que deliberadamente elegí convertir en una ventaja"; "Si yo hubiera sido hijo de un minero, habría salido de las condenadas minas…Pero la mayoría de personas no tienen la imaginación —o lo que sea— para salir de la mina"; "Me volví un poco engreído, y probablemente un poco holgazán…Simplemente experimentas una sensación de invencibilidad…Bajas la guardia. No trabajas tan arduamente. Luego las cosas empiezan a avanzar en la dirección equivocada"; "…Yo solía decir ‘Salgan, consigan a las mejores personas y confíen en ellas’. En el transcurso de los años he visto demasiadas travesuras y ahora digo ‘Consigan a las mejores personas y no confíen en ellas'"; "Creo en ojo por ojo, como lo dice el Antiguo Testamento"; "…Soy demasiado directo. Soy demasiado…creo que soy demasiado honesto…pero efectivamente creo que soy demasiado directo como para ser político…".

Desde una postura del desarrollo organizacional, a juicio de Javier Cantera, lo de Trump pasó a ser un síndrome en la nueve versión psicológica de la teoría del liderazgo. El síndrome al cual se le adjudica es el de "líder auténtico", donde la persona ejerce el liderazgo desde su autenticidad, pero sin ser auténtico; resalta Cantera, es la tesis de liderazgo auténtico, la cual no debe confundirse con el gracejo del líder populista; es ser auténtico, lo que significa ser fiel a sí mismo pero respetando opiniones y visiones externas; Trump dice lo que piensa y a los que no piensen igual, que les zurzan.

Este síndrome del líder autentico se caracteriza por tener conciencia de sí mismo, lo que ha llamado Daniel Goleman lo que uno opina de sí mismo, conociendo lo que otros opinan de él. Los líderes auténticos se creen su historia porque la repiten mil veces, excede de sus límites de la realidad y su éxito justifica su distorsión perceptiva para ser un valor como líder. No olvidemos que conocerse implica una alta dosis de autocrítica para crear tu propia autoeficacia.

Otra característica del líder auténtico es su transparencia en las relaciones, donde ser transparente no significa no ocultar nada sino más bien la apertura de querer compartir los conocimientos y las emociones que a uno le pasan; actuar y mantener un dominio conductual de la moral internalizada según sus propios valores y principios personales, conociendo la potencialidad que como ser humano se tiene para buscar influir en la transformación de la realidad en la cual tenga poder de decisión y marque la diferencia.

Trump es un líder auténtico, reactivo, pero sobre todo inmortal. Porque esa figura de persona bajo ese liderazgo de autenticidad, no es la única que ha venido apareciendo en el mundo, está surgiendo y ha mostrado interés por parte de la masa electoral que es la que elige. El futuro de Trump es el de un hombre fuerte: sea cual sea el escenario que le toque luchará, con razón o sin razón, por lo que él considera su verdad. De que está equivocado con Venezuela, con los países progresistas del mundo, es otra cosa, pero no se le puede negar que es un hombre con carácter, con visión clara de su lugar en el universo, valores que hablan de personalidad y de conducta consecuente en lo que se cree y en lo que se piensa.

Uno, desde la lectura de los medios de comunicación internacional, pareciera conocer quién es Trump, pero revisando algunos portales se encuentra con verdades no tan aparentes, dichas por personas que las corroboran y por ende se puede partir de la idea de que son aparentemente ciertas. Trump en el 2012, por ejemplo, contrató a un doble del entonces presidente norteamericano Barack Obama, para decirle: "¡Estás despedido!", su frase estrella en el programa de televisión "El aprendiz", el vídeo jamás se llegó a emitir; su fecha de nacimiento es el 14 de junio de 1946, en el barrio de Queens, en Nueva York, un sitio nada vinculado con la realeza económica de su imperio personal de hoy día; el padre de Trump fue Fred Trump, que a su vez aprendió el oficio de su madre, Elizabeth Christ Trump, una mujer alemana que aprendió al tener que hacerse cargo de los negocios de su marido, Frederick Trump, también alemán y patriarca de la familia; Trump tuvo los derechos de los concursos Miss Universo, Miss USA y Miss Teen USA, durante casi dos décadas, hasta que en 2015 le obligaron a cederlos por sus comentarios racistas y su afición a entrar en el vestuario de las candidatas a saludar mientras se estaban cambiando de ropa; el Trump World Tower de Manhattan fue durante un tiempo el edificio residencial más alto del mundo, la casa de Trump está en el ático; el 2016 se convirtió en el 45.º presidente los Estados Unidos de Norteamérica, siendo el más viejo en haber accedido al cargo, con setenta años, el tercero más alto, mide 1,91 m, el único en no haber hecho el servicio militar y el primero que tiene la piel naranja.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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