Colombia: El paraíso de la muerte

"La paz de Colombia es la paz para Venezuela"

Hugo Rafael Chávez Frías

El mundo se mantiene atónito ante la violencia que consume al pueblo colombiano y que sucumbe en silencio ante la masacre institucionalizada de un sistema gobernado por una oligarquía sorda, ciega y muda.

Nunca antes en la historia de la humanidad, que ha vivido el esplendor de muchos imperios y la caída irreversible de emperadores con pie de barro, había experimentado un régimen tan corrupto e insensible como el que gobierna la vecina república de Colombia y el cual, es manejado a control remoto por el imperio norteamericano.

La dignidad de un país y la cultura de un pueblo trabajador y laborioso, ha sido socavada desde hace muchos años por una oligarquía depredadora e inmoral, la cual ha conducido en las manos del crimen organizado y del narcotráfico, las riendas de un Estado nacido bajo la inspiración de una causa libertadora, como la impulsada por el Padre de cinco naciones, El Libertador Simón Bolívar.

Mirar a Colombia desde la perspectiva histórica es reencontrarnos con un pasado glorioso, impulsado por hombres con un profundo sentir latinoamericano, luego traicionado con el tiempo por sus propios hijos, muchos de ellos herederos directos de Francisco de Paula Santander y quienes emprendieron el camino de la envidia y la venganza, para causar así la muerte a millares de hermanos a costa de una guerra fratricida.

Desde los cimientos de su propia historia han convivido dos Colombias; una laboriosa, apegada al trabajo y al esfuerzo y otra, inspirada en la explotación, en el sicariato y en la vida fácil que ha llevado al pueblo neogranadino a subsistir, bajo el imperio de la droga el cual hoy ha conquistado el poder y maneja sus tentáculos desde el propio Palacio de Nariño, en Bogotá.

Hablar de la historia contemporánea de la Nueva Granada es encontrarnos con la violencia y la destrucción entre hermanos. Es sumar una lista interminable de asesinatos, la mayoría de ellos en el campo político y otros, marcados por el destino de una macabra "mano peluda" quien inventó una excusa inefable y atroz, llamada "falsos positivos"; para ocultar la muerte de inocentes y poder justificar prebendas.

Los que por razones geográficas e históricas estamos condenados a convivir en la gran Patria Latinoamericana y ser vecinos de una nación hermana, con las citadas características, hemos tenido en muchas ocasiones que invocar la bandera de la libertad y de la paz, desde nuestro propio origen de un mismo padre.

La conducta ha sido reiterada y su más reciente expresión, se enarboló en el gobierno del Comandante Hugo Chávez Frías, cuando se impulsó un tratado de paz en La Habana entre las fuerzas guerrilleras de Colombia, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejercito del Pueblo (FARC-EP) y la cual se vio frustrada con la llegada al poder, del hijo putativo de Álvaro Uribe Vélez, el actual Presidente Iván Duque.

Resulta para muchos difícil de entender, en los escenarios del mundo, la capacidad de resistencia que ha tenido el pueblo colombiano para enfrentar la cultura de la muerte.

Igualmente, es inaudito pensar como a pesar de las guerras provocadas en otros países del mundo por los Estados Unidos, pueda existir un caldo de cultivo similar o parecido al existente en Colombia.

En contados episodios pareciera renacer la esperanza y surgir la credibilidad en algunos tribunales de justicia, en los cuales pudiera haber resistencia y claridad en la hermana república; muy por encima de las amenazas y de los chantajes, a los que son sometidos por la élite dirigente quien controla el poder en la vecina nación.

El Narco Estado colombiano sólo puede mantenerse en base a la política del terror y a la sombra de una sociedad de cómplices, la cual ha penetrado todas las instituciones y los estamentos de justicia que todavía subsisten, por encima del miedo y el temor a la muerte.

Los Estados Unidos socios y cómplice de la cultura colombiana de la muerte, sólo pueden alimentar sus negocios y sus sociedades ilícitas, gracias a políticas hipócritas como la certificación, la cual excluye a la élite que gobierna desde Bogotá de sus vínculos con el narcotráfico, muy a pesar de los antecedentes del "capo número 82".

Gracias a la gran maquinaria paramilitar y a sus vínculos directos con las Fuerzas Armadas del gobierno de Colombia y el narcotráfico, todo gira a su alrededor para facilitar una economía que prevalece gracias al mercado de la droga; con un productor de más del 90 por ciento de la droga generada en el mundo y un consumidor, reconocido como el de mayor demanda en el planeta, representado por los Estados Unidos de América.

El crimen organizado que gobierna actualmente a Colombia no está sólo. Para que funcione a la perfección se han creado unas estructuras paralelas, amparadas en el paramilitarismo y que están sincronizadas con todas las demás instituciones del stablimen colombiano; es decir, la fuerza militar, la iglesia, el narco Estado y su parlamento.

Paralelamente subyacen unas instituciones arraigadas en todos los departamentos con sus juzgados y tribunales de justicia, penetrados hasta los tuétanos por el narcotráfico y sus jugosas propinas.

Muy a pesar de la gran resistencia subterránea que subyace en la república de Colombia, en los últimos años la violencia de Estado, ya no puede esconderse.

Hoy se ha quitado la careta ante los movimientos sociales, quienes abierta y masivamente han salido a protestar en las calles y avenidas de las grandes ciudades de Colombia como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Manizales, Ibagué y Cúcuta, entre otras.

El Movimiento Social sobrevive por encima de todo el terror paramilitar y las masacres cotidianas, que apabullan diariamente al pueblo colombiano.

Su capacidad de resistencia ha creado una camisa de fuerza que lo hace inmune ante la macabra política del sicariato, instalada desde el poder por la "mano peluda" de Álvaro Uribe Vélez y su lugarteniente "El Uribito" o el mismísimo Iván Duque.

Las cifras de muertes son escalofriantes y las estadísticas se modifican diariamente en el escenario colombiano. Las jornadas de protestas ya son algo más que un desafío, por encima de la pandemia del Coronavirus, el cual avanza también con la matanza de colombianos y se disputa las muertes con las masacres de Duque.

El colombiano - al decir de estudiosos de la sociedad neogranadina - ha perdido el miedo a la muerte y reta al narco Estado en todos los estratos de la sociedad, ya se lanzan a las calles para exigir justicia y pedir ayuda; no sólo al Gobierno "ciego, sordo y mudo" sino a las naciones del mundo y a organizaciones como la ONU o el Consejo de Defensa de los Derechos Humanos.

Para estudiosos como la socióloga Isabel Zuleta, el reclamo por el cumplimiento por los Tratados de Paz de la Habana resulta algo más que urgente. Los pasos se orientan a un Paro Nacional y están alineados con la necesidad de una Reforma Estructural del Estado y de la misma sociedad colombiana.

En Colombia se ocultan no sólo los resultados de la pandemia del Covid – 19 por parte del Estado. El gobierno de Duque viola todos los derechos humanos, los de educación, los culturales y los de la salud del pueblo colombiano.

Las cifras de muertes por la pandemia rondan hoy por más de los 22 mil muertos. En lo que va del año 2020 durante el gobierno de Iván Duque se contabilizan más de 277 asesinatos y un número superior a las 65 masacres.

Igualmente se ha registrado la muerte de más de 56 indígenas asesinados y en las últimas protestas de las calles de Bogotá se contabilizaron más de 22 muchachos o jóvenes asesinados, por balas de los policías de la Alcaldía metropolitana y ello obligó, a la burgomaestre Claudia López, salir a pedir perdón a la opinión pública de la capital y de todo el país.

La sociedad colombiana se ha mantenido a la expectativa en los últimos días. En la opinión pública se ha comentado los malabarismos que hace la justicia para tratar de impedir que "El Matarife", Álvaro Uribe Vélez vaya a la cárcel y por eso se tratan de minimizar, las actuaciones y las pruebas de la Fiscalía de Colombia, como los "pozos de la muerte" y los "falsos positivos" del expresidente colombiano.

Hablar de Colombia en la actualidad es algo superior a lo "mágico, real, maravilloso" de García Márquez o al Premio Nobel de La Paz del ex presidente Juan Manuel Santos.

En otras palabras podríamos decir que el pueblo de Colombia despierta y sobrevive y además navega, en un Paraíso de la Muerte…¡Dios salve a Colombia!

¡Amanecerá y veremos!



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Marco Tulio Arellano

Jubilado en Pdvsa

 arellanomt@hotmail.com      @Homugria

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