Se enchumbó el tigre de papel

En 1956 el camarada Mao afirmó: "el imperialismo norteamericano es un tigre de papel". Lo aseguró en términos estratégicos y no se equivocó. Pero no solamente el Gran Timonel pudo examinar ese fenómeno para concluir que "ese tigre morirá sin remedio". Mucha otra gente, desde las posiciones más diversas, ha pronosticado el inevitable fin de la supremacía norteamericana. En la borrachera del esplendor de su dominio avasallante eso parecía increíble, pero hoy las dudas parecen disiparse -de manera sorprendente y acelerada- en medio de la crisis planetaria de la pandemia del COVID-19.

Prohombres de ese imperio como el carcamal Henry Kissinger, que no solo es uno de sus ideólogos, sino que con su accionar político es uno de los constructores de ese poder monstruoso, ha reconocido –y de eso hace bastante tiempo- que es irremediable el fin de la hegemonía yanki.

Volviendo a Mao, "vistas así las cosas, no tiene nada de terrible y podemos despreciarlo", pero cuidado, no olvidemos lo que recomienda el Presidente Maduro "calma y cordura… nervios de acero", porque Estados Unidos todavía es muy poderoso y hoy está conducido por una élite irresponsable y criminal; la lucha contra esa bestia herida hay que hacerla con claridad e inteligencia, construyendo la unidad de los pueblos del mundo, con un proceder "paso a paso y de modo concienzudo", con paciencia, mucho esfuerzo y sin aventurerismo. Así "conseguiremos finalmente el éxito".

Una demostración de la peligrosidad de esa bestia es su agresividad -casi sin límite- que muestra contra nuestro país. El profesor Steve Ellner, eminente intelectual estadounidense, ha señalado que "No hay país en el mundo que haya sido sometido al tipo de estrategia de "cambio del régimen" como ha sido Venezuela", y "los medios corporativistas se abstienen de presentar los argumentos que demuestran la falacia y la inhumanidad de las sanciones impuestas contra Venezuela" porque todo eso forma parte del mismo paquete de la agresión contra nuestro pueblo, que ha cometido el pecado -según la lógica imperial- de escoger, de manera libérrima, el camino de la independencia y la soberanía que le enseño el Comandante Chávez.

Hoy, a 210 años del 19 abril, podemos decir desde la trinchera de la Patria que toda esa agresión se estrellará contra el sólido muro de la dignidad del pueblo de Bolívar. El reciente plan de Washington -otro más de las opciones que tienen sobre la mesa-, que mediante el chantaje pretende que claudiquemos porque utiliza, descaradamente, el momento político altamente sensible debido a la pandemia, está destinado también al fracaso.



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Irán Aguilera


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