Crónicas catalanas...en tiempos de coronavirus

6 A: O empiezan a pagar los ricos o el desastre se extenderá

Estamos en un momento de cierta contención de la pandemia. Cada día hay menos contagios y muertos. Se ve una lucecita al final del túnel. Ante ello, Pedro Sánchez ha anunciado ya una "desescalada" de las medidas de confinamiento para después de la semana santa. Una medida que ha alegrado a la patronal y algunos presidentes de comunidades autónomas, pero el presidente Catalunya y otras dos comunidades, no. Y esos tres presidentes son de diferente color político. Junto a esa medida ha llamado a todos los territorios a preparar espacios para confinar a infectados asintomáticos. También dice que habrá más pruebas de test - no se sabe cuántas- reconociendo así que todavía no se sabe cuántos infectados hay. Es decir, está poniendo una vela a Dios y otra al diablo.

Los infectólogos están alertando de que esa medida puede ser completamente contraproducente. La prisa por "volver a la normalidad" puede alargar la situación de cuarentena. Pero todo ese forcejeo entre intereses diferentes indica que se está librando una verdadera e intensa lucha de clases. Me voy a centrar en algunas de esas manifestaciones.

Manuel Carnero, presidente del comité de empresa de SEAT, la principal fábrica de automóviles del estado español, sita en Martorell, Catalunya, dice: "No se sabe cuándo empezaremos a trabajar, ya veremos. Debemos establecer cómo articulamos un protocolo para volver con una cierta lógica y normalidad. No sólo cuando volvamos a trabajar, sino también cómo se podrá hacer. Se deberán mantener los dos metros de distancia; se perderá volumen, porque no se podrá hacer la misma producción; se debe garantizar la seguridad e higiene del trabajador; se debe limpiar todo, las herramientas que tocan los empleados. Cuando los mercados se reactiven la vida no será normal el día siguiente. Costará mucho despegar tras una situación como esta. Además, cuando volvemos a trabajar, habrá gente que estará de baja, gente que todavía estará confinada ...

… Será muy complejo. La persona que se quiera comprar un coche se lo pensará dos veces. Si sumas el hecho de fabricar menos, la electrificación, las cuotas de CO2 y las multas que tendremos que pagar este año, alrededor de 400 millones, por saltarnos los límites de emisiones ... Todo esto sumado es el tsunami perfecto. Estamos muy preocupados por la situación de futuro. En el fondo lo que producimos no es de primera necesidad. Para SEAT es el tsunami perfecto, estamos muy preocupados por el futuro...La economía y la sociedad son ahora como un anciano de 90 años cuando cae. ¿Qué le pasa a un abuelo cuando cae? Que le cuesta levantarse. Ese es el resumen".

No volveremos a la "normalidad". Si existe esta preocupación en una gran fábrica, la de millones de trabajadores y trabajadoras de pequeñas empresas es todavía mayor. Sus condiciones son todavía más frágiles. En Catalunya las pequeñas y medianas empresas representan el 72% de la contratación. La situación de los autónomos y de las mujeres es también muy precaria, en muchos casos aún más que los contratados.

Sin embargo, a pesar de ese miedo, predomina el sentimiento de responsabilidad colectivo. La gente se queda en casa. Cumple con un confinamiento que se hace duro, sobre todo en familias con niños, discapacitados, personas mayores que no tienen a nadie. Y en residencias, donde caen enfermos personas mayores y cuidadoras. La gente sale a aplaudir cada día a las 20.- a quienes arriesgan sus vidas por hacer los servicios esenciales, enfermeras, médicos, investigadoras, transportistas… El ejemplo de la mayoría del pueblo es la otra cara de la moneda de algunos comportamientos insolidarios, desoyendo el confinamiento e instrucciones. Como Aznar, que fue señalado por New York Times como "superrico irresponsable".

Para mantener la lucha contra la pandemia no se puede bajar ahora la guardia, como dicen los expertos. Pero eso significa que hay que inyectar dinero a las familias que tienen necesidades y no tienen fondos, para que se puedan quedar en casa. Una Renta Básica Universal, de cuarentena. Si no se salvan las vidas que pueden ahora salvarse manteniendo la cuarentena hasta que la ciencia declare que ya es prudente levantarla despacio, menos se salvará la economía de las personas. Ahora es el momento de darle la vuelta a la lógica del capitalismo neoliberal cuyo principio es "primero salvar las finanzas y grandes empresas para que luego se puedan salvar los demás". Eso ya lo dijeron en 2008 salvando los bancos y se demostró lo que era: ¡mentira!

Sí, todo será muy complejo, como dice Carnero. Nada volverá a ser igual. Pero en este periodo de pandemia ya vemos los gérmenes de un nuevo mundo posible: la fraternidad, la solidaridad. ¡Y la inventiva! Como los jóvenes ingenieros que crean máquinas, respiradores, gafas protectoras, mascarillas, batas… Ya vamos viendo que la investigación científica y la prevención de la salud, abandonada por "no ser rentable" para el sistema, será una de las necesidades básicas más importantes para el futuro. También la extensión de la cultura y de todas las formas artísticas, cuya explosión durante el confinamiento, con cantantes, poetas, escritores, teatro, vídeos, auguran un mundo más bello y mejor.

Las fábricas y trabajos no serán ya lo mismo. La movilidad humana tampoco alcanzará los mismos niveles. La tecnología ya no puede estar al servicio del control de unas gigantescas multinacionales, que la utilizan para controlar los seres humanos y hacernos dependientes de necesidades artificiales, creadas para mantener sus beneficios. Que mientras hay la pandemia Google, Amazon y Facebook hagan sus mayores negocios e invadan y capturen la privacidad de las personas, entre ellas niños, es algo que debe ser sencillamente abolido.

Pero ahora la sociedad trabajadora, la que no vive de la explotación de los demás, necesita dinero, dinero fresco. No una reedición de viejos Pactos de la Moncloa para salvar una monarquía ya tocada. Dinero a fondo perdido para sobrevivir las familias obreras. Dinero para que las pequeñas empresas no mueran, sin respirador, igual que muchos enfermos. Y ese dinero existe. Lo tienen los bancos. Lo tienen aquellos que evaden impuestos en paraísos fiscales. Lo tienen los que amasaron fortunas con la crisis del 2008, con la corrupción, con el "dieselgate", con los millones de Arabia Saudí. Los gobiernos deben empezar a realizar expropiaciones a quienes expropiaron al 99% de la población. Y un Banco público. Si la Unión Europea no empieza a tomar alguna medida solidaria, ni que sean unos miserables eurobonos, será la señal definitiva de que eso ni es unión, ni es útil.

O empiezan a pagar los ricos o la pandemia se extenderá porque el hambre se unirá al mal estado de la sanidad y la salubridad. Entonces quizás la rebelión social estallará. En tiempos de extrema necesidad, como los actuales, se necesitan medidas extremas. El gobierno saca a relucir el ejército tanto como puede, cuando lo que periodistas y movimientos sociales dicen "lo que se necesitan no son uniformes sino batas blancas". Si el gobierno de coalición progresista quiere de verdad "no dejar a nadie atrás", mejor que piense ya en nacionalizar y crear un banco público para empezar ese "plan de choque" antes de que los efectos del paro y del coronavirus se vuelvan un desastre sin control.



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Alfons Bech

Militante obrero, y revolucionario marxista. Miembro de de la CCOO, la federación sindical más grande de España. Activista político de L?Aurora y EUiA.

 albech12@gmail.com      @alfonsbech

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