Las Cartas Magnas, reformas o una transición moderada a la libertad económica y política

La sagrada familia española se vera en aprietos en el 2020, al igual que los países progresistas de Sudamérica ante los acuerdos de Pedro Sánchez con Pablo Iglesias y Unidas Podemos, donde los pactos y concesiones que llegan hasta las hojas de coca que regia Evo Morales en Bolivia sirven para apaciguar los ánimos que van a venir a costa de un pueblo que viene sufriendo por los malos tratos de un progresismo falso y, el apostar a un populismo trastocado porque se ha convertido centrista y políticamente independentista sin importar la línea ortodoxa y clásica de los antiguos comunistas que riegan sus semillas por toda una península ibérica y otro continente, cuyas riquezas fluyen como la miel de la Tierra Santa.

Pero, la repercusión de los pactos se prolonga ante cualquier evento de la crisis y ralentización de motivos, porque hay que poner énfasis en lo relativamente correcto y frenar las pretensiones incorrectas ante los cambios geopolíticos y ahora y que climáticos, una historia natural de los pueblos.

Un aspecto muy preocupante del programa de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es la escasa importancia que le han dado a las obras públicas, a las infraestructuras, y a la modernización del país, después de unos años de debates e inclusión social. Las medidas sociales populistas que el nuevo Gobierno pondrá en marcha obligarán a recaudar más, pero también a reducir inversiones. El Ministerio de Fomento estará gestionado por el PSOE, por lo que el alcalde no se podrá escudar en la confrontación contra el PP, como sucedía cuando llegó a la Alcaldía en 2015.

Sin embargo, le repercutirán medidas como el control del alquiler de los pisos. Sobre este asunto y sobre la ciudad que se hace turística ya hemos entrado en la polémica. La pretensión del pacto es que los ayuntamientos intervengan para regular el mercado. Eso tropieza con dificultades. Más aún en el caso de Sevilla, donde el casco antiguo es extenso y la zona turística se ha prolongado a Triana.

No es fácil para Venezuela y España en estos momentos, cuando ambos países se encuentran en manos de impávidos izquierdistas que vienen originando cuestionamientos por sus asesorías y, le dan una voz a Mario Vargas Llosa para que incursione, una vez más, en sus opiniones políticas.

La carrera política de Juan Espadas se ha construido sobre la base de la moderación. El disfraz de Frankenstein no le sentaría nada bien, aunque se haya puesto de moda en su partido. Debe seguir siendo fiel a sus principios. Y eso le obligará a estar atento, e incluso a ser crítico, si quiere defender a Sevilla antes que al PSOE.

No fue un debate ejemplar. Bronco, faltón, en algún caso abierto a la difamación. Fue un debate plagado de cruces de acusaciones y, en el caso de Sánchez, con tono chulesco al responder a sus adversarios con irritantes sonrisas displicentes propias de su egolatría.

Fue peculiar el debate de investidura que da paso al primer Gobierno de coalición. Peculiar por la forma y por el fondo, con algunos titulares desconcertantes. Por ejemplo, que el candidato a la Presidencia reiterara que hay que retomar la política frente a la judicialización. Era una forma de reivindicar el diálogo frente a los recursos ante los tribunales, pero ¿no habría sido oportuno expresar su apoyo a la justicia y la legalidad cuando va a presidir un Gobierno con apoyo de un independentismo que se toma la justicia a título de inventario?

Dicho esto, Sánchez hizo una buena introducción de su discurso, inteligente, en el que aseguró que no se va a romper España ni se va a ir contra la Constitución, pero el problema es que la credibilidad del candidato es mínima; lo demostraron los distintos portavoces contrarios a su investidura, que recordaron afirmaciones suyas que echaban abajo el modelo de Gobierno que pretende formar, con los partidos que le quitaban el sueño hace unas semanas. La palabra insomnio se escuchó varias veces.

El candidato pronunció más veces la palabra bloqueo que España, e hizo responsable a la derecha de la necesidad de coalición con Podemos porque se había negado a apoyar su Gobierno. No estuvo tan fino Sánchez en su réplica a Casado como había sido en su introducción, y se le "escapó" algo que echaba por tierra las acusaciones de bloqueo, cuando le dijo que en cinco ocasiones se había negado a distintos acuerdos que le ofrecía Pablo Casado.

Al líder de la oposición se le vio sólido en su discurso inicial y confuso en la réplica a un Sánchez que se dirigió a él con dureza extrema; sin embargo, Casado respondió en la contrarréplica desde su escaño con una contundencia que era necesaria para hacerse merecedor del aplauso constante de sus diputados. El portavoz que soliviantó a Sánchez fue Santiago Abascal, quien inició su discurso diciendo que "Quim Torra debería ser detenido". El dirigente de Vox no tuvo su mejor día. Excesivamente alborotador, anunciando acciones apocalípticas en la calle y ante los tribunales contra el "Gobierno traidor".

Es que, recordemos, los asesores de ambos países se esconden bajo un nombre, José Luis Rodríguez Zapatero, quien tiene la gran oportunidad de avizorar el Palacio de La Moncloa desde su oficina pública.

Curiosamente, fue Pablo Iglesias, no Sánchez, el que se refirió a los independentistas confesando que le gustaría convencerles de que reconsideren su posición. A Iglesias se le notaba ilusionado por su futuro inmediato, pero contenido en las formas. Es perfectamente consciente de que su presencia en el Gobierno inquieta a un número considerable de españoles y Sudamericanos. Fue él, más que Sánchez, el que hizo un esfuerzo para tranquilizar sobre el sentido de responsabilidad de quienes van a dirigir los destinos de España en los próximos años. Sin embargo, cuesta aceptar que un vicepresidente de Gobierno se refiera a su agradecimiento a los presos y a los "exiliados".

La inquietud que percibe Iglesias no se va a apaciguar fácilmente. Exceso de preguntas sin respuestas, un Parlamento demasiado compartimentado que impedirá el debate sereno que necesita un Gobierno de coalición de izquierdas supeditado a las exigencias de unos independentistas conmocionados por el acoso de los tribunales y sus divisiones internas… Y un presidente, mal que le pese, cuya credibilidad está en cuestión. Cuenta con el apoyo de su partido porque hace falta mucho valor para enfrentarse al líder del partido, y ese valor falta. Pero en los pasillos, algunas confesiones demostraban que Pedro Sánchez no tiene ante sí un camino de rosas. En el partido del puño y la rosa no se vive el entusiasmo necesario que necesita un presidente de Gobierno.

Ya no tiene remedio: Pedro Sánchez es el presidente desde el martes. Quizás efímero y de infausto recuerdo, pero regirá los destinos de uno de los veinte países más prósperos del mundo. Dijo que no lo haría a cualquier precio, pero lo va a hacer a un precio altísimo. Tan altísimo como el tamaño de sus mentiras. Así, a bote pronto, sólo se me ocurre un precedente en la historia contemporánea de España de gobernante que haya mentido tanto, durante tanto tiempo y con tanto desparpajo a los españoles, y es el rey borbón Fernando VII. Sí, aquel que anunció/reclamó a la nación: "Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional" y al rato, instalado en el trono, se cargó la Constitución que había jurado -la de Cádiz- y transitó la senda de la tiranía absolutista.

Por lo pronto, va a obrar el extraño milagro de haber sido investido presidente gracias a los votos del partido más comprometido con la Constitución democrática vigente (el suyo, aunque ahora habría que hablar más bien de ex partido) y al apoyo de los partidos más enemigos de la Constitución. Los que votaron en contra o la boicotearon, como el PNV, ERC y BNG, y los herederos de otros que ya no existen o se han disfrazado, como Podemos (sucesores de los partiditos antisistema a la izquierda, presuntamente, del PCE) y Bildu (la cara amable de una banda de asesinos blanqueada por pura conveniencia).

Reconozcamos que Pedro Sánchez no se ha cargado la Constitución de 1978, ni ha liquidado la soberanía nacional ni ha destruido la unidad de España... todavía. Lo desolador es que toda su biografía desde que alcanzó la secretaría general del PSOE -incluso antes: yo diría que desde que logro su tesis doctoral- autoriza a sospechar, sin difamarlo en absoluto, que es muy capaz de hacer todas esas cosas con tal de seguir en el poder. Consciente o inconscientemente, directa o indirectamente.

Que Sánchez mantendrá su colchón en la Moncloa -y ahora durmiendo bien, oigan- gracias a esta gente anticonstitucional no es una suposición, sino un hecho objetivo. Alguno dirá que estos partidos pueden cambiar. ¡Pero es que ellos confirman cada día que no van a cambiar! ¿Acaso ERC y PNV dejarán de ser independentistas? Ni se les ha pasado por la cabeza. ¿Es que Podemos, el más travestido, ya no es republicano y ya no quiere hacer saltar el candado de 1978?

Sánchez seguirá gracias a ellos y gracias a lo que les ha dado a ellos. Mañana, más.

El éxito de la Transición, ahora cuestionada, consistió precisamente en la superación del conflicto histórico mediante un consenso de Estado en el que, las diferentes ideologías se reconocían, mediante un mutuo compromiso de respeto democrático. La alianza de la izquierda y el separatismo, significa el desistimiento de ese contrato para volver al duelo de bloques políticos, sin punto de encuentros y, por tanto, destinados a un choque irreversible y destemplado. El espíritu de la Carta Magna quedará extinguido sin necesidad de reformar su texto y derogarlo, Así que tenemos un sistema moderado que preservaba las bases de la concordia, a salvo de cambios traumáticos.

España ha vivido desde 1978 amparada en la Constitución que hoy les rige, la mayor época de esplendor, prosperidad y libertad de su historia. El PSOE, durante muchos años en el poder, ha tenido un papel esencial en este período de tiempo. Un PSOE que antepuso el bien común por encima de sus intereses partidistas, algo que históricamente hicieron grandes (como el tiempo lo ha demostrado) líderes: España antes que todo. España sin ambages. Con mayúsculas. Sin las gilipolleces de la extrema izquierda y de los independentistas que quieren confundir los términos y las ideas.

Pero, ojo, no todos los movimientos localistas fracasan. O, si lo hacen, no por ello dejan de tener influencia. El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, puede dar buena cuenta de ello. Parapetado en un inquietante silencio, presiono a ERC para que apoye o facilite su investidura. A cualquier precio. Lo de León independiente no es algo pasajero ni puntual. Es producto del delirante y tenebroso curso que ha tomado el rumbo de España.

El Grupo Unidas Podemos fracaso en Venezuela, Argentina y Bolivia. Ahora le vemos en una vice presidencia de España, bueno, esto, lo eligieron los votantes, sobremodo, los de Tercera Edad, siempre engañados y tutelados por quienes cometen hechos ilícitos al Estado.



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Emiro Vera Suárez


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