Juez legislador delegado

El juez legislador delegado, es el juez conocedor de del imperativo contradictorio borroso, llevado por los aspectos límbicos antagónicos, el imperativo categórico y el imperativo hipotético, el Derecho Usual Ordinario Romano y el Derecho Inusual Extraordinario Norteamericano en las pirámides pareadas paradójicas kelsenianas, del cuadrángulo rectángulo socrático de los casos límite contradictorio, imperativo categórico e imperativo hipotético. El primer juez legislador delegado del mundo ha sido, es y será Sancho Panza, gobernador de la Ínsula Barataria, tal como lo dijera Oscar Wilde, y que en similaricadencia tautológica imitativa repitiera platónica, Jorge Luis Borges: "El hombre, es en cada momento de su vida, todo lo que ha sido y todo lo que será." Asina asín así, Sancho, ante la intrincada parábola paradoja, de la vida y de la muerte, paradoja razonable bivalente, del yin y del yang, con la borrosidad consecuente, la del ahorcado y la puente, que transcribimos de Quijote (II, 51). Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros sucesos tales como buenos: "Levantóse, en fin, el señor gobernador, y, por orden del doctor Pedro Recio, le hicieron desayunar con un poco de conserva y cuatro tragos de agua fría, cosa que la trocara Sancho con un pedazo de pan y un racimo de uvas; pero, viendo que aquello era más fuerza que voluntad, pasó por ello, con harto dolor de su alma y fatiga de su estómago, haciéndole creer Pedro Recio que los manjares pocos y delicados avivaban el ingenio, que era lo que más convenía a las personas constituidas en mandos y en oficios graves, donde se han de aprovechar no tanto de las fuerzas corporales como de las del entendimiento. Con esta sofistería padecía hambre Sancho, y tal, que en su secreto maldecía el gobierno y aun a quien se le había dado; pero, con su hambre y con su conserva, se puso a juzgar aquel día, y lo primero que se le ofreció fue una pregunta que un forastero le hizo, estando presentes a todo el mayordomo y los demás acólitos, que fue: -Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío (y esté vuestra merced atento, porque el caso es de importancia y algo dificultoso). Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo della, una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban la ley que puso el dueño del río, de la puente y del señorío, que era en esta forma: "Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna". Sabida esta ley y la rigurosa condición della, pasaban muchos, y luego en lo que juraban se echaba de ver que decían verdad, y los jueces los dejaban pasar libremente. Sucedió, pues, que, tomando juramento a un hombre, juró y dijo que para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron: ''Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y, conforme a la ley, debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre''. Pídese a vuesa merced, señor gobernador, qué harán los jueces del tal hombre; que aun hasta agora están dudosos y suspensos. Y, habiendo tenido noticia del agudo y elevado entendimiento de vuestra merced, me enviaron a mí a que suplicase a vuestra merced de su parte diese su parecer en tan intricado y dudoso caso. A lo que respondió Sancho: -Por cierto que esos señores jueces que a mí os envían lo pudieran haber escusado, porque yo soy un hombre que tengo más de mostrenco que de agudo; pero, con todo eso, repetidme otra vez el negocio de modo que yo le entienda: quizá podría ser que diese en el hito. Volvió otra y otra vez el preguntante a referir lo que primero había dicho, y Sancho dijo: -A mi parecer, este negocio en dos paletas le declararé yo, y es así: el tal hombre jura que va a morir en la horca, y si muere en ella, juró verdad, y por la ley puesta merece ser libre y que pase la puente; y si no le ahorcan, juró mentira, y por la misma ley merece que le ahorquen. -Así es como el señor gobernador dice -dijo el mensajero-; y cuanto a la entereza y entendimiento del caso, no hay más que pedir ni que dudar. -Digo yo, pues, agora -replicó Sancho- que deste hombre aquella parte que juró verdad la dejen pasar, y la que dijo mentira la ahorquen, y desta manera se cumplirá al pie de la letra la condición del pasaje. -Pues, señor gobernador -replicó el preguntador-, será necesario que el tal hombre se divida en partes, en mentirosa y verdadera; y si se divide, por fuerza ha de morir, y así no se consigue cosa alguna de lo que la ley pide, y es de necesidad espresa que se cumpla con ella. -Venid acá, señor buen hombre -respondió Sancho-; este pasajero que decís, o yo soy un porro, o él tiene la misma razón para morir que para vivir y pasar la puente; porque si la verdad le salva, la mentira le condena igualmente; y, siendo esto así, como lo es, soy de parecer que digáis a esos señores que a mí os enviaron que, pues están en un fil las razones de condenarle o asolverle, que le dejen pasar libremente, pues siempre es alabado más el hacer bien que mal, y esto lo diera firmado de mi nombre, si supiera firmar; y yo en este caso no he hablado de mío, sino que se me vino a la memoria un precepto, entre otros muchos que me dio mi amo don Quijote la noche antes que viniese a ser gobernador desta ínsula: que fue que, cuando la justicia estuviese en duda, me decantase y acogiese a la misericordia; y ha querido Dios que agora se me acordase, por venir en este caso como de molde. Así es -respondió el mayordomo-, y tengo para mí que el mismo Licurgo, que dio leyes a los lacedemonios, no pudiera dar mejor sentencia que la que el gran Panza ha dado. Y acábese con esto la audiencia desta mañana, y yo daré orden como el señor gobernador coma muy a su gusto."

Hemos de manifestar de refresco, que el primer juez legislador delegado del mundo ha sido, es y será Sancho Panza, gobernador de la Ínsula Barataria, tal como lo dijera Oscar Wilde, y que en similaricadencia tautológica imitativa repitiera platónica, Jorge Luis Borges: "El hombre, es en cada momento de su vida, todo lo que ha sido y todo lo que será." Asina asín así, Sancho, ante la intrincada parábola paradoja, de la vida y de la muerte, paradoja razonable bivalente, del yin y del yang, con la borrosidad consecuente, la del ahorcado y la puente, Quijote (II, 51). Y, entorno y alrededor de Sancho, respecto a lo de su envidiable memoria, de la que avínole, un precepto, entre otros muchos que diérale su amo don Quijote la noche antes que viniese a ser gobernador de la Ínsula Barataria, que fue que, cuando la justicia estuviese en duda, decantárase y acogiérase a la misericordia, en el desdoblamiento decantado justiciero, de la misericordia sanchopanzaiana profunda, entre los casos límite contradictorios las virtudes teologales y las virtudes cardinales, la esperanza y la misericordia compasiva sanchopanzaiana profunda, que conjúgase con la ternura y la tristeza, y, mas y más, con la prudencia y la fortaleza, en que en redoma quijotesca correspondíanse con Sancho : Stendhel. "Basta la más pequeña partícula de esperanza para engendrar un gran amor." Cuando la justicia estuviese en duda, el juez legislador delegado, decántase y acójase a la amorosa esperanzadora misericordia, ésta, la partícula partitiva viva, pequeña partícula teologal, pequeña partícula esperanzadora. Con Víctor Hugo, en la redoma sanchopanzaiana: "Ser bueno es fácil, lo difícil es ser justo." En esa eterna noria notoria sanchopanzaiana contradictoria borrosa, Séneca: "Pensar en el bien, equivale a vencer el mal." Y, en la misma redoma sanchopanzaiana, y, con una mayor y mejor correspondencia, en la del juez legislador delegado, Bossuet: "La misericordia es una parte integrante de la justicia." Y, esa parte integrante de la justicia, la expresa Sancho con la fenomenal sentencia de cuando la justicia estuviese en duda, decantárase y acogiérase a la misericordia, en el desdoblamiento decantado justiciero, de todo juez legislador delegado, cuando San Francisco, elogiado por el Papa Francisco, digérale al oído perfecto memorial de Sancho: "El bien no hace ruido, ruido no hace bien."

Si el primer juez legislador delegado del mundo ha sido, es y será Sancho Panza, gobernador de la Ínsula Barataria, con la deslumbrante decisión de la paradoja de la vida y la muerte, de la puente y el ahorcado Quijote (II, 51), que decantárase y acogiérase a la misericordia, cuando la justicia estuviera en duda. Entonces sea dicho que en el desdoblamiento decantado justiciero, de todo juez legislador delegado, estará enmarcado entre los caos límite contradictorios borrosos, las virtudes teologales y las virtudes cardinales. Ergo vergo sea dicho que el desdoblamiento decantado justiciero, de la misericordia sanchopanzaiana profunda es el mismo imperativo contradictorio borroso entre los aspectos límbicos antagónicos, el imperativo categórico y el imperativo hipotético. Ergo vergo sea dicho que el imperativo contradictorio borroso es la misma misericordia del desdoblamiento decantado justiciero, de la misericordia sanchopanzaiana profunda entre los casos límite contradictorios borrosos, Derecho Usual Ordinario Romano y Derecho Inusual Extraordinario Norteamericano, en el cuadrángulo rectángulo socrático de la diagonal contrarrecíproca del filósofo de Alopece, en la optimalidad ortogonal pitagórica. Ergo vergo sea dicho que en la optimalidad ortogonal pitagórica, de las mejores soluciones posibles, ahí, ha de estar la solución de Sanchos de la misericordia sanchopanzaiana profunda y de todos los jueces legisladores delegados. ¡Ergo vergo sea dicho que habrá el desdoblamiento decantado justiciero, de la misericordia sanchopanzaiana profunda en el cuadrángulo rectángulo socrático, pa’rrato! ¡Ergo vergo sea dicho que Sancho Panza, ha sido el único príncipe del mundo que renunció al trono, porque estaba muriéndose de hambre! ¡Ergo vergo sea dicho que Sancho Panza renuncia al trono, por culpa del doctor Pedro Recio, el que controlábale la caja de pan de su panza! Ergo vergo sea dicho que: ¡Jueces legisladores delegados, del mundo, han de aguantar hambre en el cuadrángulo rectángulo socrático en la misericordia sanchopanzaiana profunda!¡Que no en la miseria!

El juez legislador delegado, es el juez conocedor de del imperativo contradictorio borroso, llevado por los aspectos límbicos antagónicos, el imperativo categórico y el imperativo hipotético, el Derecho Usual Ordinario Romano y el Derecho Inusual Extraordinario Norteamericano en las pirámides pareadas paradójicas kelsenianas, del cuadrángulo rectángulo socrático de los casos límite contradictorio, imperativo categórico e imperativo hipotético. El primer juez legislador delegado del mundo ha sido, es y será Sancho Panza, gobernador de la Ínsula Barataria, tal como lo dijera Oscar Wilde, y que en similaricadencia tautológica imitativa repitiera platónica, Jorge Luis Borges: "El hombre, es en cada momento de su vida, todo lo que ha sido y todo lo que será." Asina asín así, Sancho, ante la intrincada parábola paradoja, de la vida y de la muerte, paradoja razonable bivalente, del yin y del yang, con la borrosidad consecuente, la del ahorcado y la puente, que transcribimos de Quijote (II, 51). Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros sucesos tales como buenos: "Levantóse, en fin, el señor gobernador, y, por orden del doctor Pedro Recio, le hicieron desayunar con un poco de conserva y cuatro tragos de agua fría, cosa que la trocara Sancho con un pedazo de pan y un racimo de uvas; pero, viendo que aquello era más fuerza que voluntad, pasó por ello, con harto dolor de su alma y fatiga de su estómago, haciéndole creer Pedro Recio que los manjares pocos y delicados avivaban el ingenio, que era lo que más convenía a las personas constituidas en mandos y en oficios graves, donde se han de aprovechar no tanto de las fuerzas corporales como de las del entendimiento. Con esta sofistería padecía hambre Sancho, y tal, que en su secreto maldecía el gobierno y aun a quien se le había dado; pero, con su hambre y con su conserva, se puso a juzgar aquel día, y lo primero que se le ofreció fue una pregunta que un forastero le hizo, estando presentes a todo el mayordomo y los demás acólitos, que fue: -Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío (y esté vuestra merced atento, porque el caso es de importancia y algo dificultoso). Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo della, una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario había cuatro jueces que juzgaban la ley que puso el dueño del río, de la puente y del señorío, que era en esta forma: "Si alguno pasare por esta puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si jurare verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por ello ahorcado en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna". Sabida esta ley y la rigurosa condición della, pasaban muchos, y luego en lo que juraban se echaba de ver que decían verdad, y los jueces los dejaban pasar libremente. Sucedió, pues, que, tomando juramento a un hombre, juró y dijo que para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron: ''Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y, conforme a la ley, debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser libre''. Pídese a vuesa merced, señor gobernador, qué harán los jueces del tal hombre; que aun hasta agora están dudosos y suspensos. Y, habiendo tenido noticia del agudo y elevado entendimiento de vuestra merced, me enviaron a mí a que suplicase a vuestra merced de su parte diese su parecer en tan intricado y dudoso caso. A lo que respondió Sancho: -Por cierto que esos señores jueces que a mí os envían lo pudieran haber escusado, porque yo soy un hombre que tengo más de mostrenco que de agudo; pero, con todo eso, repetidme otra vez el negocio de modo que yo le entienda: quizá podría ser que diese en el hito. Volvió otra y otra vez el preguntante a referir lo que primero había dicho, y Sancho dijo: -A mi parecer, este negocio en dos paletas le declararé yo, y es así: el tal hombre jura que va a morir en la horca, y si muere en ella, juró verdad, y por la ley puesta merece ser libre y que pase la puente; y si no le ahorcan, juró mentira, y por la misma ley merece que le ahorquen. -Así es como el señor gobernador dice -dijo el mensajero-; y cuanto a la entereza y entendimiento del caso, no hay más que pedir ni que dudar. -Digo yo, pues, agora -replicó Sancho- que deste hombre aquella parte que juró verdad la dejen pasar, y la que dijo mentira la ahorquen, y desta manera se cumplirá al pie de la letra la condición del pasaje. -Pues, señor gobernador -replicó el preguntador-, será necesario que el tal hombre se divida en partes, en mentirosa y verdadera; y si se divide, por fuerza ha de morir, y así no se consigue cosa alguna de lo que la ley pide, y es de necesidad espresa que se cumpla con ella. -Venid acá, señor buen hombre -respondió Sancho-; este pasajero que decís, o yo soy un porro, o él tiene la misma razón para morir que para vivir y pasar la puente; porque si la verdad le salva, la mentira le condena igualmente; y, siendo esto así, como lo es, soy de parecer que digáis a esos señores que a mí os enviaron que, pues están en un fil las razones de condenarle o asolverle, que le dejen pasar libremente, pues siempre es alabado más el hacer bien que mal, y esto lo diera firmado de mi nombre, si supiera firmar; y yo en este caso no he hablado de mío, sino que se me vino a la memoria un precepto, entre otros muchos que me dio mi amo don Quijote la noche antes que viniese a ser gobernador desta ínsula: que fue que, cuando la justicia estuviese en duda, me decantase y acogiese a la misericordia; y ha querido Dios que agora se me acordase, por venir en este caso como de molde. Así es -respondió el mayordomo-, y tengo para mí que el mismo Licurgo, que dio leyes a los lacedemonios, no pudiera dar mejor sentencia que la que el gran Panza ha dado. Y acábese con esto la audiencia desta mañana, y yo daré orden como el señor gobernador coma muy a su gusto."

Hemos de manifestar de refresco, que el primer juez legislador delegado del mundo ha sido, es y será Sancho Panza, gobernador de la Ínsula Barataria, tal como lo dijera Oscar Wilde, y que en similaricadencia tautológica imitativa repitiera platónica, Jorge Luis Borges: "El hombre, es en cada momento de su vida, todo lo que ha sido y todo lo que será." Asina asín así, Sancho, ante la intrincada parábola paradoja, de la vida y de la muerte, paradoja razonable bivalente, del yin y del yang, con la borrosidad consecuente, la del ahorcado y la puente, Quijote (II, 51). Y, entorno y alrededor de Sancho, respecto a lo de su envidiable memoria, de la que avínole, un precepto, entre otros muchos que diérale su amo don Quijote la noche antes que viniese a ser gobernador de la Ínsula Barataria, que fue que, cuando la justicia estuviese en duda, decantárase y acogiérase a la misericordia, en el desdoblamiento decantado justiciero, de la misericordia sanchopanzaiana profunda, entre los casos límite contradictorios las virtudes teologales y las virtudes cardinales, la esperanza y la misericordia compasiva sanchopanzaiana profunda, que conjúgase con la ternura y la tristeza, y, mas y más, con la prudencia y la fortaleza, en que en redoma quijotesca correspondíanse con Sancho : Stendhel. "Basta la más pequeña partícula de esperanza para engendrar un gran amor." Cuando la justicia estuviese en duda, el juez legislador delegado, decántase y acójase a la amorosa esperanzadora misericordia, ésta, la partícula partitiva viva, pequeña partícula teologal, pequeña partícula esperanzadora. Con Víctor Hugo, en la redoma sanchopanzaiana: "Ser bueno es fácil, lo difícil es ser justo." En esa eterna noria notoria sanchopanzaiana contradictoria borrosa, Séneca: "Pensar en el bien, equivale a vencer el mal." Y, en la misma redoma sanchopanzaiana, y, con una mayor y mejor correspondencia, en la del juez legislador delegado, Bossuet: "La misericordia es una parte integrante de la justicia." Y, esa parte integrante de la justicia, la expresa Sancho con la fenomenal sentencia de cuando la justicia estuviese en duda, decantárase y acogiérase a la misericordia, en el desdoblamiento decantado justiciero, de todo juez legislador delegado, cuando San Francisco, elogiado por el Papa Francisco, digérale al oído perfecto memorial de Sancho: "El bien no hace ruido, ruido no hace bien."

Si el primer juez legislador delegado del mundo ha sido, es y será Sancho Panza, gobernador de la Ínsula Barataria, con la deslumbrante decisión de la paradoja de la vida y la muerte, de la puente y el ahorcado Quijote (II, 51), que decantárase y acogiérase a la misericordia, cuando la justicia estuviera en duda. Entonces sea dicho que en el desdoblamiento decantado justiciero, de todo juez legislador delegado, estará enmarcado entre los caos límite contradictorios borrosos, las virtudes teologales y las virtudes cardinales. Ergo vergo sea dicho que el desdoblamiento decantado justiciero, de la misericordia sanchopanzaiana profunda es el mismo imperativo contradictorio borroso entre los aspectos límbicos antagónicos, el imperativo categórico y el imperativo hipotético. Ergo vergo sea dicho que el imperativo contradictorio borroso es la misma misericordia del desdoblamiento decantado justiciero, de la misericordia sanchopanzaiana profunda entre los casos límite contradictorios borrosos, Derecho Usual Ordinario Romano y Derecho Inusual Extraordinario Norteamericano, en el cuadrángulo rectángulo socrático de la diagonal contrarrecíproca del filósofo de Alopece, en la optimalidad ortogonal pitagórica. Ergo vergo sea dicho que en la optimalidad ortogonal pitagórica, de las mejores soluciones posibles, ahí, ha de estar la solución de Sanchos de la misericordia sanchopanzaiana profunda y de todos los jueces legisladores delegados. ¡Ergo vergo sea dicho que habrá el desdoblamiento decantado justiciero, de la misericordia sanchopanzaiana profunda en el cuadrángulo rectángulo socrático, pa’rrato! ¡Ergo vergo sea dicho que Sancho Panza, ha sido el único príncipe del mundo que renunció al trono, porque estaba muriéndose de hambre! ¡Ergo vergo sea dicho que Sancho Panza renuncia al trono, por culpa del doctor Pedro Recio, el que controlábale la caja de pan de su panza! Ergo vergo sea dicho que: ¡Jueces legisladores delegados, del mundo, han de aguantar hambre en el cuadrángulo rectángulo socrático en la misericordia sanchopanzaiana profunda!¡Que no en la miseria!



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Miguel Homero Balza Lima


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