Bolivia: El odio de las élites no podrá con Evo

El golpe de Estado consumado en contra del presidente Evo Morales, marca un retroceso político tremendo en nuestra región y en la lucha por construir una sociedad justa, democrática e inclusiva.

Las élites bolivianas, la derecha agrupada en torno al ex candidato Carlos Mesa y al presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, desataron la violencia en el país. En una primera instancia, desconociendo los resultados electorales de las pasadas elecciones, y luego pidiendo abiertamente el derrocamiento del presidente Evo

De inmediato, los grandes medios de desinformación internacional y las redes sociales se activaron en una campaña desestabilizadora, que cabalgaba sobre los mensajes llenos de racismo y desprecio hacia los humildes, ésto es, el pueblo indígena que es mayoría en el país.

Los acontecimientos se precipitaron, acelerados seguro por la urgencia de derrocar a Evo antes de la toma de posesión de Alberto Fernández en Argentina e impedir un reagrupamiento de gobiernos progresistas en la región.

Los llamados "Comités Cívicos" de la "Media Luna" boliviana ya habían ensayado su violencia fascista por allá en 2008, sin embargo, la movilización popular y la acción decidida de los gobiernos de la región evitaron el derrocamiento de Evo. Hoy día, Camacho, presidente del "Comité Cívico de Santa Cruz", es el agente más violento e intolerante de los factores golpistas en Bolivia.

La violencia se desató luego de las pasadas elecciones del 20 de octubre, con la excusa de un supuesto fraude electoral que le daba a Evo una ventaja de 10% sobre Carlos Mesa, lo que le daba a Evo la victoria, sin necesidad de una segunda vuelta.

Carlos Mesa desconoció los resultados; y, junto a Camacho pidieron a sus partidarios lanzarse a la calle. Los grandes medios internacionales y las redes sociales insistieron en atizar la violencia. Nadie propuso soluciones, nadie quería diálogo. Ya la operación desestabilizadora estaba en marcha.

Evo invita a la OEA a realizar una auditoría al proceso electoral, dando, en lo que sería un grave error, preeminencia a un organismo muy desprestigiado en la región, y que ha actuado siempre con un doble rasero e interés injerencista.

En su informe preliminar, la OEA no habla de 33% de actas irregulares, se refiere a 23% de muestra de 333 actas, de un total de 34.555; lo cual representa solo el 0,22% de las actas, es decir, la muestra no es representativa para determinar irregularidades en todo el proceso.

Sin embargo, como es lógico suponer y producto de la manipulación tanto mediática como de la misma OEA, el informe preliminar solo arrojó más elementos de dudas al proceso electoral, cuestionándolo como un todo, dando argumentos a la oposición y debilitando aún más la posición del presidente.

Cuando la policía en La Paz y otras ciudades importantes se suma al golpe en marcha, la violencia se desató. Ante la ausencia de la autoridad, los grupos proto fascistas incendiaron casas de los partidarios de Evo, de su hermana, de dirigentes sociales, políticos, funcionarios del gobierno. Las golpizas, secuestros de familiares, quema de las sedes de gobernaciones, la toma de medios de comunicación y las imágenes de torturas y humillaciones de dirigentes indígenas ampliamente difundidas en las redes sociales, exacerbaron la violencia fascista y el miedo.

La respuesta de los movimientos sociales y de los factores políticos que apoyaban al gobierno de Evo fueron tímidas, se desarrolló una marcha a favor de la paz, concentraciones en El Alto y esporádicas expresiones de apoyo en la calle. La violencia fascista estaba golpeando la base social del movimiento indígena de apoyo a Evo.

La posición de las FFAA, de no involucrarse para preservar el orden constitucional, para detener la violencia y preservar la paz del país, le dio el golpe de gracia al gobierno. Se plegaron al plan golpista y luego conminaron al presidente a renunciar.

A pesar de que Evo llamó a nuevas elecciones y a renovar al órgano electoral del país, ya la derecha estaba envalentonada y en la calle, imponiendo el terror. Carlos Mesa declara que no tiene nada que negociar con Evo, que este debe apartarse de la presidencia; y que, ni siquiera, debe participar como candidato para un nuevo proceso electoral.

Es, en ese marco de esta situación de asedio, que el presidente Evo y su vicepresidente García Linera anuncian la renuncia a sus cargos y su disposición a mantenerse en lucha. Se replegaron a las zonas tropicales, campesinas del país. El golpe de Estado se había consumado

De inmediato, se reciben noticias del fascismo desatado, la quema de casas, el ataque a las embajadas de México, Cuba y Venezuela, las golpizas, humillaciones y persecuciones contra líderes sociales y del gobierno. La amenaza sobre el mismo Evo y García Linera, la detención de las autoridades del Organismo Electoral, hace prever una oleada de violencia fascista, que nos recuerda lo que pasó en nuestro país, aquel infausto 11 y 12 de abril de 2002.

El presidente Evo Morales y el vicepresidente García Linera merecen todo mi respeto y aprecio. Con Evo tuvimos una relación más estrecha, cercana, porque nos conocimos desde antes de él ser presidente y porque luego nos tocó trabajar junto al presidente Chávez, en tantos temas de cooperación bilateral, sobre todo, en el proceso de fortalecimiento de su recién nacionalizada industria del gas y petróleo, y en los programas sociales que se desarrollaron en ese país.

Largas conversaciones, donde fui testigo de excepción, entre Evo, el presidente Chávez y el Comandante Fidel, me permitió conocer en Evo a un hombre profundamente honesto, de convicciones, un revolucionario a carta cabal, socialista, de una calidad humana extraordinaria, a veces, rayando en la ingenuidad.

Evo es un leal y genuino representante de las mayorías humildes, campesinas, indígenas de su país, estaba decidido a restablecer los derechos y la justicia a favor de su pueblo que, durante siglos, ha sido humillado, maltratado y despojado por una élite blanca, criolla, que era dueña del país y que mantuvo a Bolivia como el más pobre del hemisferio occidental.

Por otra parte, el vicepresidente García Linera, aunque de un talante personal distinto, fue un factor fundamental del éxito del gobierno de Evo. Igualmente, un hombre de convicciones y revolucionario, íntegro, trabajó siempre de manera incansable para lograr una gestión eficaz en la conquista de la soberanía y la construcción del socialismo.

Evo cumplió su palabra empeñada al pueblo boliviano, lo hizo, y lo hizo con valor. Impulsó profundas transformaciones políticas, económicas y sociales en el país, a pesar de la oposición virulenta de la derecha, las élites privilegiadas, dueñas hasta ese momento de Bolivia, de sus recursos naturales, de los hidrocarburos, de los servicios públicos, del agua, del transporte, del campo, de todo.

Los éxitos del gobierno de Evo Morales son innegables, irrefutables, muestran la eficacia del socialismo para lograr el desarrollo de nuestros países con justicia social, un buen ejemplo, veamos:

En términos de soberanía, nacionalizó con éxito la industria de los hidrocarburos, el petróleo y el gas, la Estatal YPFB asumió el control de las operaciones, renegociaron los contratos de suministro de gas con Brasil y Argentina para ponerlos en términos de justicia para Bolivia. Desarrolló grandes proyectos de industrialización del gas, la petroquímica, grandes centrales termoeléctricas.

Según la CELAG, en su "Radiografía de la situación económica boliviana":

  • "El Producto Interno Bruto de Bolivia (PIB) creció durante el gobierno de Evo Morales (período 2006-2017), un 78% a precios constantes, un 27% más que los doce años previos".
  • La inversión pública alcanzó 12,6% del PIB del país, frente a otros países vecinos como Brasil o Chile, que solo alcanzan niveles del 1,6% y el 2,6%, respectivamente.
  • La Inversión Extranjera Directa (IED) neta recibida, que pasó de 335 millones de dólares en el año 2016, a 725 millones en el año 2017, un incremento del 116%.
  • Las reservas internacionales alcanzan un 27% del PIB, otorgando robustez al sistema y mostrando una baja vulnerabilidad externa. A nivel regional, Bolivia sigue ocupando el primer lugar en cuanto al peso de las reservas internacionales con respecto al PIB, lo que le permite contar con una importante fuente de recursos en caso de necesidades de financiación, y la plena capacidad de controlar la política cambiaria que le ha llevado a tener, prácticamente, una nula variación con el tipo de cambio respecto al dólar estadounidense.
  • Uno de los mayores éxitos de la economía boliviana ha sido, sin duda, el proceso de desdolarización, permitiéndole alcanzar la soberanía de la política monetaria debido a la estabilidad y buenos resultados macroeconómicos de los últimos años.

En cuanto a los índices sociales, el éxito es también contundente.

  • En la población económicamente activa, las tasas de desocupación en Bolivia son solo del 2,9% para los hombres y del 4,1% para las mujeres.
  • El salario mínimo aumentó de 500 a 2.060 Bolivianos, un aumento de 312%. Si se considera una inflación anual de 5,5%, se evidencia un fuerte crecimiento del salario real. El índice de salario nominal aumentó un 85%, durante el período analizado, para el total de los grupos ocupacionales.
  • La pobreza extrema en Bolivia, gran flagelo que afectaba casi a la mitad de la población finalizando el siglo XX, ha pasado de afectar al 45,2% de la población en el año 2000 al 17,1% en el año 2017. Estos números llevan a Bolivia a ser el país de la región suramericana que más ha reducido la pobreza extrema en el período 2005-2016.

¿Qué reflexiones o enseñanzas nos deja este triste episodio del derrocamiento de Evo?

América Latina arrastra como un peso que no la deja avanzar, que la mantiene en el fondo y a la cola del mundo: la prepotencia y el poder de las élites económicas de nuestros propios países.

Éstas han demostrado, en múltiples ocasiones, en trágicos episodios que han plagado nuestro hemisferio de violencia y golpes de Estado, que son élites atrasadas políticamente, violentas, que no están dispuestas a ceder en sus privilegios, así los mismos signifiquen mantener a todo el país en el atraso.

Las élites económicas de nuestra región han construido grandes fortunas basadas en el despojo de nuestros países, de la riqueza social, de la explotación de la mano de obra sub pagada, casi esclava, actúan como agentes de intereses transnacionales.

Pueden haber en la región gobiernos exitosos y que traigan avances a nuestros países, como el de Evo Morales, pero sin embargo, a las élites no les importa, prefieren acabarlo todo, retroceder, mantener sus groseros privilegios.

No se puede construir el socialismo, o al menos una sociedad progresista, si los avances económicos no van acompañados en avances en la conciencia de los ciudadanos, sobre todo, en el seno de las clases medias. Si las relaciones de producción, los valores y objetivos hegemónicos en la sociedad apuntan hacia el egoísmo, se están apuntalando siempre salidas individuales, fraccionadores de la unidad nacional, de los intereses colectivos

La solidaridad, el bien común, el deber social, el vivir bien de todos los ciudadanos, la democracia participativa y protagónica, el empoderamiento del pueblo en las decisiones y estructuras de poder, el trabajo y la honestidad, deben ser valores asumidos por toda la sociedad.

Se debe resolver el dilema de cómo sostener la continuidad de un proceso de transformaciones políticas, económicas y sociales, más allá de un liderazgo, de una persona. Cómo fortalecer una institucionalidad, los poderes del Estado, que actúen apegados a la Constitución, a las leyes, al interés general, que preserve las conquistas políticas, sociales y económicas del país, para no ser tan vulnerables a la acción violenta de las élites, de la derecha.

El rol de las FFAA es fundamental. Deben ser el factor decisivo para preservar las conquistas sociales, la Constitución, no plegarse a los intereses de las élites, que su espada solo sea empuñada para defender la soberanía del pueblo y las garantías sociales.

Hay que empoderar al pueblo, construir una poderosa vanguardia, con un fuerte tejido de movimientos políticos y sociales, con la diversidad de posiciones y posturas necesarias para que su crítica y acción hagan avanzar al país, que proteja a toda la sociedad de la acción violenta y desestabilizadora de cualquier grupo de poder.

Una democracia plena, protagónica, participativa, que abra el debate de las ideas, que cuide el rumbo del proceso transformador, que se retroalimente de la crítica, de las necesidades espirituales de toda la sociedad, que no sea sectaria, donde exista la rendición de cuentas. Este elemento, profundamente democrático, lejos de debilitar, fortalece en el tiempo la conciencia de toda la sociedad.

Desarrollar una fuerte conciencia nacional, soberana, integrada al resto de la región, en una comunión de intereses y objetivos que nos protejan frente a la injerencia extranjera y la acción desestabilizadora de los grandes intereses transnacionales, que nos movamos en nuestra propia estrategia y no subordinados a poder extranjero alguno. Mirar hacia el Sur, no a la OEA. Nuestra referencia, nuestras instancias naturales, propias, son la UNASUR, la CELAC.

Evo, cada 11, tiene su 13

Aunque un sentimiento de pesar y tristeza recorre a nuestra región, por lo sucedido en Bolivia, confío plenamente en que el liderazgo de Evo sabrá accionar de manera decidida para restablecer el orden constitucional y la democracia en Bolivia.

De nuestra propia experiencia cuando sufrimos el golpe de Estado el 11 de abril de 2002, y luego de la desesperanza y la confusión inicial, nuestro pueblo supo reaccionar de forma masiva, nuestros oficiales patriotas cumplieron con su responsabilidad y lograron restablecer el orden constitucional. En aquel momento, obtuvimos una importante enseñanza: cuando un pueblo tiene esperanza, pasión y un liderazgo, es capaz de sobreponerse a la acción violenta de las élites. Todo tiene su tiempo, sus circunstancias, sus características propias.

El pueblo boliviano, los pueblos originarios, las mayorías humildes del país, saldrán del aturdimiento provocado por la violencia fascista. El Alto y Cochabamba marcarán el rumbo, los campesinos, los cocaleros, los movimientos sociales, sabrán responder al fascismo.

Evo y la dirigencia popular boliviana necesitan preservarse de la violencia fascista, que el repliegue táctico, permita reorganizar al movimiento popular y retomar la movilización en todo el país, exigir el cese de la violencia, restablecer el orden constitucional y retomar la posibilidad de mantener al pueblo boliviano en el camino de la esperanza, del vivir bien, del camino trazado por nuestro hermano, el presidente Evo Morales ¡Venceremos!



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Rafael Ramírez Carreño

Ingeniero y político venezolano. Ex-embajador de la República Bolivariana de Venezuela ante la ONU. Ex-ministro de Energía y Minas y expresidente de empresa pública Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) hasta el año 2014. Militante Revolucionario, Chavista y Bolivariano.

 @RRamirezVE

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