Fidel: tributo comprometido con su siemprevida

Su siemprevida nos acompañará, Comandante, y será una eterna salvaguardia para el futuro de nuestro pueblo y también una eterna esperanza para otros pueblos receptivos.

Este segundo aniversario de una siemprevida que se inició el 25 de noviembre de 2016, Ud. Comandante parecía que ocupaba su lugar en la proa del yate Granma, cuyos tripulantes esta vez eran millones de cubanos de todas las edades. Se le rendía tributo y se le seguía, una vez más, al héroe que fue y será siempre, porque su vida toda fue sembrando, con actos e ideas, con convicciones y sentimientos, las semillas que se convirtieron con el paso del tiempo en el árbol inmenso de sueños y conquistas realizados, y cuyos frutos se han cosechado en Cuba y el mundo.

Ud., yaciente o de pie, según el momento particular de nuestra historia dialéctica, parecía vigilar desde su atalaya en el monolito de Santa Ifigenia, en un relevo de guardia generacional, junto con sus predecesores Carlos Manuel de Céspedes y José Martí.

Comandante, la víspera fuimos testigos de uno de los humildes pero sentidos tributos que le rindieran los profesores y estudiantes de la Facultad de Estomatología de la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, una institución insigne que es, heredera de aquellas Escuelas de Medicina y de Estomatología, fundadas respectivamente en 1962 y 1963, que Ud. soñara y convirtiera en realidad para la parte oriental del país en el proceso creador de la Reforma Universitaria.

Y así como Ud. hablara sobre estas instituciones y sus primeros estudiantes y graduados de los años de entonces; esta vez las voces que se alzaron para recordarle con imágenes, ideas y poesía fueron las de profesores de distintas generaciones y de una representación de los estudiantes.

Comandante, Ud. que confiaba tanto en la juventud y los estudiantes, hoy puede sentir que esa convicción le llegará como un hálito de vida allí donde descansa y lucha, pues ese relevo existe y avanza, tal como Ud. anunciara, tras los pasos de los iniciadores que portaban y portan la antorcha de la victoria en el gran maratón que es la Revolución.

En ese evento inicial de la Cátedra Honorífica que llevará su nombre, en conjunto con la Cátedra Hugo Chávez, fue admirable el contenido de las ponencias presentadas por los estudiantes, en especial los de primer año, quienes con palabras fluidas y precisas expresaron aquellos desvelos y realizaciones suyos sobre temas diversos, como los relacionados con el desarrollo de la salud pública, la fundación de instituciones de salud, su concepción sobre el uso de las armas convencionales y nucleares, la formación de valores, el proceso formador de líderes, y otros muchos asuntos propios de su ideario.

Pero, Comandante, no podía faltar el gran tema de su amistad-hermandad con Hugo Chávez, y las ideas y obras conjuntas que fueron realidad palpable en nuestra América a partir de aquel primer encuentro en La Habana. Y también ocupó un lugar preeminente la presencia solidaria y humana de Chávez, como acompañante, durante el periodo de recuperación suya de la enfermedad; y luego, aquella recíproca atención de hermano que recibió Chávez durante el inicio y final de su enfermedad letal.

En fin, Comandante, el tiempo ha continuado su curso inexorable y los días han empezado a acumularse con su carga de sucesos nuevos, muchos quizás repetidos inevitablemente, pero este segundo aniversario ha estado cargada de imágenes y de miles de ideas suyas de todas las épocas. Y también ha estado presidido por cantos; poemas; recuerdos, sentimientos y nostalgias. Y se han mezclado, con una argamasa especial, las ideas que sustentaron nuestros próceres cubanos y latinoamericanos. Y no podían faltar las suyas y las de Chávez, que fueron guía de las grandes transformaciones ocurridas en América Latina y el Caribe, en un periodo crucial de su historia.

Pero en estos días que corren quizás ningún homenaje en su memoria haya alcanzado la significación, por su connotación humana y política, que ha tenido el regreso a la patria del contingente de médicos que cumplieron misión internacionalista en Brasil. Después de servir al pueblo brasileño allí donde derramaron humanismo, abnegación y experticia médica, retornan plenos de dignidad y acompañados de la gratitud y amor de ese pueblo, que los sintió tan cercanos y familiares como jamás pensaron que existieran médicos así en este mundo. De manera que en las actitudes, sentimientos y convicciones de esos médicos, Ud. estuvo representado y presente en ese regreso coyuntural y natural a esta isla de la solidaridad.

Otros días y años vendrán, Comandante, y las generaciones presentes: viejos, jóvenes y niños, serán fieles continuadores de esta reverencia que Ud. y nuestros grandes merecen porque nos acompañan indefectiblemente como parte de nosotros mismos. Su siemprevida nos acompañará, Comandante, y será una eterna salvaguardia para el futuro de nuestro pueblo y también una eterna esperanza para otros pueblos receptivos y agradecidos.

 



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Wilkie Delgado Correa


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