Los cacheticos del diablo Iván Duque

Conocemos muy bien de los países satélites de los Estados Unidos, principalmente los que conforman el Grupo de Lima; sabemos que los presidentes de esas naciones, tal como dice el presidente de la paz, Nicolás Maduro Moros, para donde se mueva el imperio gringo, ellos irán detrás.

Son tan serviles que cuando ven al mandatario norteamericano, Donald Trump, parecieran carecer de extremidades avanzando hacia él tendidos bocabajo, en un impresionante contorneo deslizando sus cuerpos raudos y sigilosos sobre la tierra lisa, en el monte, entre los escombros. Poseen fuertes y resbalosas escamas en el vientre. Y sin objeción cometen cualquier crimen o fechoría por orden del imperio yanqui.

Sin embargo, a pesar de lo perjudicial y dañino de todos estos presidentes, los que han gobernado a Colombia tienen una perversa condición natural muy notable, que los hace diferente o peor que los demás.

La disimilitud de los oligarcas santandereanos con respecto a los representantes de otras naciones satélites, es su doble rasero, esa doble cara, esa doble moral; los santandereanos hablan bajito, pausado, son en apariencia humilde, de gestos delicados y poses de intelectuales que, con pasmosa naturalidad, abrazan empuñando un cuchillo para enterrárselo a quien sea hasta el cabo por la espalda, como buenos traidores.

No son muy altos, más bien bajos y en esa modesta estatura condensan una mezcla detestable de mentira, falsedad, cinismo, odio, frialdad, hipocresía, bajo la figura y casi ternura de un osito de peluche.

Uno observa, por ejemplo, a Mauricio Macri, a Lenin Moreno, en su momento a Michel Temer, a Pedro Pablo Kuczynski, entre otros serviles, y por encima de la ropa se les ve lo diabólico que son, pero, en cambio, los últimos tres mandatarios colombianos son peores y no pareciera, porque mantienen su bien trabajado aspecto de siervos de Dios, para confundir y engañar. Son así, nacieron así, infectados con el germen de la traición.

Y referente a Venezuela se les acentúa esa diferencia, porque ese doble rasero se les combina con un odio genético que tienen hacia nosotros. Y no lo pueden ocultar o más bien: no lo quieren ocultar, ya se declaran enemigos abiertamente. Como el Francisco de Paula Santander de nuestro Libertador Simón Bolívar.

Que bien el presidente Maduro describió al narcoparaco presidente, Iván Duque, en el acto de entrega de la vivienda 2 millones 200 mil, cuando dijo: "él tiene cara de angelito, ustedes lo ven y tiene cara de angelito, dan ganas de agarrarle los cacheticos y batuquearlo, pero es un diablo que odia a toda Venezuela, y está conspirando diariamente contra nuestro país, contra nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana". Lo peor es que después piden respeto, cuando la sumisión al imperio gringo les impide respetar; además, el respeto no se pide, se gana. Y eso le queda muy grande a un golpista, a un santandereano felón, desleal.

Y así no es solo el paraco Iván Duque, sino también su amo, el paramilitar y narcotraficante, Álvaro Uribe Vélez; basta recordar el incidente en el que las Fuerzas Armadas de Colombia penetraron bajos sus órdenes a Ecuador, y asesinaron a Raúl Reyes, segundo comandante de las Farc. ¿Lo recuerdan?

Después se llevó a cabo la Cumbre de Río en la capital de República Dominicana, marcado por ese incidente y el enfrentamiento verbal entre él (Uribe Vélez) y Rafal Correa, presidente de Ecuador en ese entonces.

El hijo putativo de Pablo Escobar Gaviria intentó defender lo indefendible, la violación de la soberanía de otro país, finalmente no pudo y, enseguida, sin ninguna vergüenza, como un muchacho regañado y pretendiendo despertar alguna conmiseración hacia él, se dispuso a estrechar la mano de los presidentes asistentes, incluyendo al Gigante Chávez. Usted amigo lector, amiga lectora, debe recordarlo, si no, en internet deben estar las imágenes. Vea como ese criminal se rebaja sin ningún pudor, sabiendo, incluso, que lo estaba viendo su propio pueblo.

Por cierto, el Comandante Eterno siempre tuvo claro conocimiento de quien se trataba ese asesino, como ahora el presidente Maduro sabe quién es Iván Duque, y siempre supo quién era o quien es Juan Manuel Santos, implicado en el magnicidio frustrado en su contra.

Santos es otro hampón refinado con gestos de niño bueno alineado con Uribe Vélez y, por ende, con el crimen, la violencia, que se movió también en esas lides de hacer de buena gente, que se ganó el ya con él desprestigiado Premio Nobel de la Paz. Así de hábil proceden, engañan y se dejan utilizar, para lograr sus propósitos.

Aunque a los gringos no engañan, los gringos se hacen los locos por cuanto los usan como sirvientes de cuidado, de esos a quienes no se les pude dejar nada de valor a la vista, pero que se hacen indispensables porque se arrastran sin ningún pundonor y a nada le dicen que no.

Son cobardes, matan con ventaja, a través de terceros, como hacen con los líderes campesinos de la misma Colombia, en los falsos positivos, en las casas de pique o de descuartizar seres humanos de ese país, pero nunca frente a frente, por eso cuando Uribe Vélez dijo que le faltó tiempo para atacar a Venezuela, Chávez le respondió sin vacilación que no le faltó tiempo sino cojones. Y ese paraco nunca dio un paso adelante mirando a la cara, a los ojos, todas sus acciones en contra del Gobierno revolucionario siempre fueron subrepticias, escondidas, en la penumbra, como rata saliendo de la madriguera.

La oligarquía santandereana sola no es capaz de intentar algo contra la Patria de Bolívar, pero respaldados por los gringos es otra cosa, están envalentonados, además cumplen sus órdenes con rigurosidad de mascota dócil, de allí que exhorto a los patriotas a que acojan al pie de la letra las palabras de nuestro Presidente obrero, pronunciadas en el mismo acto de entrega de la vivienda 2 millones 200 mil:

"Alerta a nuestros militares, máxima moral, máxima lealtad, máximo compromiso; frente a la conspiración oligárquica colombiana del gobierno de Iván Duque, máxima cohesión, máxima unión con el pueblo, unión cívico militar".



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Gian Carlo Di Martino

Politólogo, profesor, abogado. Ex-Alcalde de Maracaibo. Cónsul de Venezuela en Milán - Italia.

 giancarlodimartino2017@gmail.com

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