Una semana después y todavía sigue siendo el día de las mujeres

En homenaje a las asesinadas como Marielle Franco y a las sacrificadas como Jenny Marx y a todas las mujeres de Luchas

Todos los días son el día de la mujer. De no ser así, todos los días, antes y después del 8 de marzo (8-M), serán los días del machismo. Más que ningún otro género o ser vivo, las mujeres merecen ese mérito. Ah, qué el 8-M se institucionalizó cómo el Día Internacional de la Mujer, eso está bien, pero no era ni será el todo. Está bien, digo yo, la conmemoración del 8-M. Es el primer fruto o la conquista de sus primeras luchas, lograda en sacrificadas y dificultosas jornadas convocadas por el Congreso Mundial de Mujeres, que muchos recuerdan, encabezó, Clara Zetkin. Tarea escenificada en un tiempo en donde no existían las facilidades comunicacionales de ahora.

Este 8-M 2018, es la conmemoración más extraordinaria de todas las realizadas hasta ahora. Aun cuando las organizaciones llamaron a una "huelga mundial", esto ocurrió muy, pero muy parcialmente en algunos países. Organizaciones de trabajador@s de España, cuantificaron que uno 5,9 millones acataron el llamado a paro, lo cual es una cifra respetable. Sin embargo, no queda la menor duda que las movilizaciones fueron "históricas". Así lo expresaron el día siguiente los medios de comunicación. Ese fue el titular del diario "El País", y algo semejante reflejó "El Mundo", ambos de España. Otros medios internacionales como: "The New York Time", "CNN", "BBC" "Le Monde" y otros más también destacaron a estas movilizaciones de "históricas".

Fueron variadas las demandas levantadas el 8-M: "Igualdad de las mujeres"; "el mismo trabajo, el mismo salario"; "por el derecho al aborto"; "mayores derechos a tener días libres" y en "contra de la violencia machista". Y, muchos nombres de heroicas mujeres fueron recordadas. Aquellas que encabezaron rebeliones y protagonizaron revoluciones por sus derechos, por la independencia de sus patrias, por la democracia, la igualdad y el socialismo. O, de aquellas mujeres geniales que sobresalieron en la ciencia, el arte, la cultura, el espectáculo. No voy a nombrar a ningunas de las que merecieron ese honor y en estos días del 8-M, fueron justamente reconocidas.

Este 8-M, mientras las mujeres se abrían paso por varias Ciudades del mundo peleando por sus derechos, por casualidad de la vida me tocó a mí, viajar en tren todo el día de Suiza a Bruselas. En ese largo camino, tuve la oportunidad de venir leyendo una revista nicaragüense "Correo", que un día antes me regaló un buen amigo suizo. Entre sus páginas están publicadas dos cartas de Jenny Marx, la Compañera de vida de Karl Marx.

Les confieso que una de esas cartas me impresionó en demasía. Yo a medias, tenía información que Marx y su familia habían pasado por mucho trabajo y sufrido bastantes calamidades, tanto así que, habían perdido 4 hijos y tres nietos prematuramente. Pero, jamás llegaba a calcular que tan grande fue, el estado de miseria en les tocó vivir, durante mucha parte del tiempo que Marx tuvo que dedicarse a investigar y a escribir su monumental obra. Lo he llegado saber, este 8-M cuando pude leer una de esas cartas.

Entonces, fue así como decidí escribir este artículo y anexar esa carta. El impacto de ella, me hizo traer de recuerdo la vida de otras mujeres que siendo Compañeras de vida de algunos luchadores sociales y políticos han pasado por iguales o peores calamidades de las que le tocó vivir a Jenny Marx. También he querido honrar a otras que he tenido el privilegio de conocer y hasta militar juntos a ellas, que les tocó organizar y encabezar luchas y, a las que difícilmente, serán recordadas en público su sacrificio y dedicación a sus ideales.

A último momento, cuando hoy empezaba a escribir este artículo recibía distintos mensaje desde Brasil y del Buró del Ejecutivo del Secretariado de la IV Internacional en donde me informaban del macabro asesinato por parte de la policía militar de Brasil, de una mujer y madre militante de los derechos humanos y sociales de los que habitan en las favelas de Río de Janeiro, en donde era Concejal y perteneciente al Partido Socialismo y Libertad PSOL: Marielle Franco.

Este recordatorio de las mujeres y su día 8-M a; Marielle Franco y a todas las asesinadas por militar por sus derechos y el socialismo; a las sacrificadas como Jenny Marx; a mi suegra Polita Coello que hoy vive de una pensión, después que su Compañero de vida, Benigno Coello, tuvo propiedades y hatos, pero fue encarcelado y expropiado en los año 60 por apoyar a la guerrilla en Falcón.

T

ambién este reconocimiento va para todas aquellas mujeres que por dedicar su vida a construir organizaciones revolucionarias y luchar por el socialismo, no tuvieron tiempo o sacrificaron la dicha de ser madres. Me refiero a: las Roraima Quiñonez, mujer que dejó su vida por las causas universitarias y revolucionarias; a las que sigue en vida y en píe: son los casos de Celia Barboza quien militó por la revolución y el socialismo en Brasil y junto a muchos de nosotr@s en Venezuela; a Nora Chiapponi, militante por el Socialismo de Argentina, quien arriesgó su vida en la guerrilla contra dictadura de Somoza en Nicaragua y ayudó en la construcción de organizaciones obreras e internacionalistas en Colombia, Venezuela y México. Y, en especial, a mi Compañera Esmely Marilú Coello quien ha dedicado más de 30 años de su vida defendiendo a los trabajadores y agitando por una Venezuela socialista y democrática. A todas ellas me abrazo.

LA CARTA DE JENNY MARX

Londres, 20 de mayo [de 1850]

Querido Señor Weydemeyer [1]:

Ha transcurrido casi un año desde que hallé, por parte de usted y de su querida esposa, una acogida tan amistosa y cordial, desde que me sentí tan bien y tan a mis anchas en su casa, y en todo ese prolongado lapso no he dado señal de vida alguna; callé cuando su esposa me escribió una carta tan amable, y permanecí muda cuando recibimos la noticia del nacimiento de su niño. Esa mudez a menudo ha llegado a oprimirse, pero la mayor parte de las veces era incapaz de escribir, y aún hoy me resulta difícil, muy difícil.

Pero la situación me obliga a tomar pluma en mano; le ruego que nos envíe lo más pronto posible el dinero ingresado o por ingresar de la Revue. Lo necesitamos mucho, muchísimo. Seguramente nadie podrá reprocharnos que jamás hayamos dado mucha importancia a cuanto hemos sacrificado y padecido desde hace años; al público se le ha molestado poco o casi nunca con nuestras cuestiones personales, ya que mi marido es sumamente sensible en estos asuntos, y prefiere sacrificar lo último antes de entregarse a la mendicidad democrática, como los grandes hombres oficiales. Pero lo que sí podía esperar de sus amigos, en especial los de Colonia, era una actividad diligente y enérgica en favor de su Revue. Podía esperar dicha actividad, sobre todo siendo conocidos sus sacrificios por el Rh. Ztg [2]. Pero en cambio, el negocio resultó arruinado en virtud de un manejo descuidado y desordenado, y no se sabe si lo que más daño causó fue la demanda del librero o la de los gerentes y conocidos en Colonia, o bien toda la conducta de la democracia en general.

Mi marido casi fue aplastado aquí por las más mezquinas preocupaciones de la vida cotidiana, y ello en una forma tan indignante que fueron necesarias toda la energía, toda la seguridad calma, clara y silenciosa en sí mismo de que es capaz, para mantenerle en pie en estas luchas de todos los días y todas las horas. Usted sabe, querido señor Weydemeyer, qué sacrificios realizó mi marido en esa época; invirtió miles en efectivo, se hizo cargo de la propiedad del periódico, persuadido por los honestos demócratas, quienes de otro modo hubiesen debido responder personalmente por las deudas, en una época en la cual quedaban ya pocas probabilidades de llevar la tarea a cabo. A fin de salvar el honor político del periódico, el honor civil de los conocidos de Colonia, dejó que echasen sobre sus hombros todas las cargas, entregó su máquina, entregó todos los ingresos, y hasta al partir prestó 300 táleros [3] para abonar el alquiler del local recién arrendado, los honorarios atrasados de redactores, etc.... y se le expulsó violentamente.

Usted sabe que no nos hemos quedado con nada de todo ello; viajé a Francfort para empeñar mi platería, lo último que nos quedaba; en Colonia hice vender mis muebles, porque corría peligro de ver embargada la ropa y todo lo demás. Al iniciarse la infausta época de la contrarrevolución, mi marido viajó a París, y yo le seguí con mis tres hijos [4]. Apenas aclimatado en París, fue expulsado, y a mí misma y a mis hijos se nos negó una permanencia más prolongada. Volví a seguirle allende el mar. Un mes más tarde nació nuestro cuarto hijo [5]. Usted debería conocer Londres y las condiciones en que se vive aquí, para saber qué significa tener tres hijos y el nacimiento de un cuarto. Solamente en concepto de alquiler debíamos pagar 42 táleros mensuales. Estábamos en condiciones de solventar todo ello con nuestro propio peculio. Pero nuestros pequeños recursos se agotaron cuando apareció la Revue. A pesar de lo convenido, el dinero no llegaba, y cuando lo hizo fueron sólo pequeñas sumas aisladas, de modo que caímos aquí en las situaciones más terribles.

Le relataré solamente un día de esta vida, tal como fue, y usted verá que acaso pocos refugiados hayan pasado por situaciones similares. Puesto que las amas de leche son prohibitivas aquí, decidí, a pesar de constantes y terribles dolores de pecho y espalda, alimentar yo misma a mi hijo. Pero el pobre angelito mamaba de mí tantas preocupaciones y disgustos silenciosos, que se hallaba constantemente enfermo, padeciendo dolores día y noche. Desde que ha llegado a este mundo jamás ha dormido aún toda una noche, a lo sumo de dos a tres horas. Últimamente se sumaron aún a ello violentos espasmos, de modo que el niño fluctuaba constantemente entre la muerte y una vida mísera. Presa de esos dolores, mamaba con tal fuerza que mi pecho quedó lastimado y agrietado; a menudo la sangre manaba dentro de su trémula boquita. Así me hallaba yo sentada un día, cuando entró de repente nuestra casera -a quien en el curso del invierno habíamos pagado más de 250 táleros, y con quien habíamos convenido por contrato que el dinero de fecha posterior le sería abonado no a ella, sino a su propietario, quien le había trabado embargo con anterioridad-, negó el contrato, exigió las 5 libras que aún le adeudábamos, y puesto que no disponíamos de las mismas en el acto (la carta de Naut llegó demasiado tarde), entraron dos embargadores en la casa, trabaron embargo sobre todas mis pequeñas pertenencias, las camas, la ropa, los vestidos, todo, hasta la cuna de mi pobre niño, los mejores juguetes de las niñas, quienes se hallaban arrasadas en ardientes lágrimas. Amenazaron con llevárselo todo en un plazo de dos horas; yo yacía en el suelo, con mis hijos ateridos de frío y mi pecho dolorido. Schramm, nuestro amigo, acudió de prisa a la ciudad para procurarnos auxilio. Ascendió a un cabriolé, cuyos caballos se desbocaron; él saltó del coche, y nos lo trajeron sangrante a nuestra casa, donde yo gemía con mis pobres niños temblorosos.

Al día siguiente debimos abandonar la casa; el día era frío, lluvioso y encapotado, mi marido buscaba una casa para nosotros, pero nadie quería aceptarnos cuando hablaba de los cuatro niños. Finalmente nos ayudó un amigo; pagamos, y yo vendí rápidamente todas mis camas para pagar al boticario, al panadero, al carnicero y al lechero, quienes habían comenzado a temer a causa del escándalo del embargo, y que súbitamente se abalanzaron sobre mí con sus cuentas. Las camas vendidas fueron llevadas ante la puerta y cargadas en un carro, y ¿qué sucedió entonces? Ya había pasado mucho tiempo después de la caída del sol, y la ley inglesa prohíbe eso; apareció el casero con agentes de policía, afirmando que también podrían haber objetos suyos entre ellos, y que nosotros querríamos fugarnos a algún país extranjero. En menos de 5 minutos había más de 2 ó 3 centenares de personas observando atentamente frente a nuestra puerta, toda la chusma de Chelsea. Las camas volvieron, y se nos dijo que sólo a la mañana siguiente, después de la salida del sol, podrían serles entregadas al comprador; cuando de este modo, mediante la venta de todas nuestras pertenencias, estuvimos en condiciones de pagar hasta el último céntimo, me mudé con mis pequeños amores a nuestras actuales pequeñas dos habitaciones del Hotel Alemán, 1 Leicester Street, Leicester Square, donde por 51/2 libras semanales, hallamos una acogida humanitaria.

Perdóneme usted, querido amigo, el que el haya descrito con tanta amplitud y detalle tan sólo un día de nuestra vida aquí; es inmodesto, lo sé, pero esta noche mi corazón fluía en torrentes hacia mis trémulas manos, y alguna vez debía desnudar mi corazón ante uno de nuestros amigos más antiguos, mejores y más fieles. No crea usted que estas mezquinas penurias me han doblegado; demasiado bien sé que nuestra lucha no es una lucha aislada, y que aún pertenezco, en lo esencial, a los seres escogidos que han sido favorecidos por la fortuna, puesto que mi querido esposo, apoyo de mi vida, aún se halla a mi lado. Pero lo que realmente me aniquila hasta en lo más íntimo, lo que hace sangrar mi corazón, es que mi marido tenga que pasar por tantas mezquindades, que hubiese podido ayudársele con tan poco, y que él, que de buena gana y con alegría ayudó a tantos, haya estado aquí sin que se le prestase ayuda. Pero, como ya le he dicho, no crea usted, querido señor Weydemeyer, que le reclamamos nada a nadie, y si recibimos adelantos de alguien, mi marido aún se halla en condiciones de reembolsarlos con su fortuna. Lo único que podía reclamarle mi marido a quienes habían recibido de él más de un pensamiento, más de un enaltecimiento, más de un sustento, era que desplegasen mayor energía comercial y mayor actividad en su Revue. Tengo el orgullo y la audacia de afirmar de que se le debía ese poco. Tampoco sé si mi marido no ha ganado con toda la justicia 10 Sgr. [groschen de plata] con sus trabajos. Creo que con ello no se engañó a nadie. Eso me duele. Pero mi marido piensa de otro modo. Jamás, ni siquiera en los momentos más terribles, ha perdido la seguridad en el futuro, ni siquiera el más alegre humor, y estaba totalmente satisfecho cuando me veía alegre y cuando nuestros encantadores niños rodeaban, sonrientes, a su querida mamaíta. Él no sabe, querido señor Weydemeyer, que yo le he escrito a usted con tanta amplitud acerca de nuestra situación, y por ello no haga usted uso de estas líneas. Él sólo sabe que yo le he pedido, en su nombre, que acelere en lo posible la distribución y envío del dinero. Sé que usted sólo dará a estas líneas el uso que le inspirará a usted su amistad, discreta y plena de tacto, por nosotros.

Adiós, querido amigo. Transmítale a su esposa mis saludos más cordiales, y bese usted a sus angelitos de parte de una madre que ha vertido más de una lágrima sobre su bebé. Si su mujer estuviera dando el pecho, no le comunique usted nada acerca de esta carta. Sé hasta qué punto afectan todos los disgustos, y causan daño a la pequeña criatura. Nuestros tres niños mayores crecen magníficos, a pesar de todo. Las niñas son bonitas, florecientes, alegres y de buen humor, y nuestro gordito es un dechado de humor cómico y de las ocurrencias más graciosas. El duendecillo canta todo el día canciones cómicas con descomunal pathos y una voz de gigante, y cuando hace retumbar, con voz tremenda, las palabras de la Marsellesa de Freiligrath [6],

Oh, junio, ven y tráenos acciones, que nuevas acciones ansía nuestro corazón, resuena toda la casa. Acaso sea el destino histórico de este mes, como el de sus dos desdichados predecesores, el de inaugurar esa lucha titánica en la cual todos habremos de volver a estrecharnos las manos.

Que le vaya a usted bien. Jenny Marx.

Notas:

[1] Tomado de Wikipedia: Joseph Arnold Weydemeyer (2 de febrero de 1818, Münster –26 de agosto de 1866, St. Louis, Misuri) fue un oficial militar de Prusia y en Estados Unidos; también periodista , político y revolucionario marxista . Miembro de la Liga de los Comunistas , participó en la revolución de 1848. Fue uno de los "editores responsables" de la Neue Rheinische Zeitung . En 1851 emigró a los Estados Unidos y allí trabajó como periodista. El 18 Brumario de Luis Napoleón fue publicado en 1852 en "La Revolución", una revista mensual de lengua alemana en Nueva York fundada por él. Participó en la guerra civil de los EEUU como coronel en el ejército de la Unión.

[2] Neue Rheinische Zeitung, Nueva Gaceta Renana

[3] Tomado de Wikipedia (consulta 07.01.2018): el tálero (de thaler o taler, es decir: vallense, del valle, según la ortografía empleada desde 1901) es una antigua moneda de plata de Alemania . Etimológicamente, "Thaler" es una abreviación de "Joachimsthaler", moneda de la ciudad de Joachimsthal en Bohemia (actualmente Jáchymov en la República Checa ), donde se acuñaron en 1518. Pero las primeras se habían acuñado en 1486 en Burg Hasegg , ( Hall in Tirol , Austria ). Después de esa fecha los soberanos de Alemania y Austria acuñaron monedas de plata de gran tamaño, siguiendo el modelo del Thaler. Fue una moneda de plata importante, que primeramente se llamó guldengroschen (moneda fraccionaria). Después se entendía como tálero a gran cantidad de monedas que pesaban más de un Lot . Desde el punto de vista lingüístico, el tálero, el tólar esloveno y el dólar proceden de la misma raíz.

[4] Jenny, Laura y Edgar

[5] Heinrich Guido

[6] Ferdinand Freiligrath fue un escritor alemán que nació en Detmold en 1810. Su primera colección de poemas fue publicada en 1838 ("Gedichte"), notablemente influenciados por Los Orientales de Victor Hugo, cuya obra tradujo él mismo parcialmente al alemán. Freiligrath introdujo en sus escritos una crítica al sistema. "Ein Glaubensbekenntnis", publicada en 1844, tuvo una gran aceptación. Tuvo que abandonar Alemania y conoció a Marx en Bélgica. En 1845 publicó "Ça ira!". Después de vivir un tiempo en Londres, Freiligrath regresó a Alemania y trabajó para el Neue Rheinische Zeitung. Marx, como se recuerda, era el editor general y Georg Weerth el editor cultural. En 1847, Liszt musicalizó un poema suyo: "O lieb, so lang du lieben kannst". En 1851 tuvo que abandonar de nuevo Alemania y se convierte en director de la sucursal londinense del "Schweizer Generalbank". Falleció en 1876.



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Stalin Pérez Borges


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