Pobre Puerto Rico

Triste es la situación por la que atraviesan los puertorriqueños;
recién arrasada su isla por un mortífero huracán que la atravesó por
toda su extensión, se cierne sobre ella con agudizada vehemencia otro
fenómeno más criminal, prolongado y cruento, su condición colonial
respecto a Estados Unidos.

La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, según las
siglas en inglés) ha obstaculizado burocráticamente la distribución de
la ayuda que ha podido llegar a Puerto Rico. Hay reportajes que
afirman que la mayor parte de la ayuda para el desastre aún se
encuentra en los muelles de San Juan, la capital.

Cincuenta por ciento de la población carece aún de acceso a agua
potable y la red eléctrica está tan dañada que el 85 por ciento de la
población aún no tiene electricidad. La falta de combustible y energía
obstaculiza el funcionamiento de hospitales y pone en riesgo la vida
de los más vulnerables: los niños y ancianos. La tasa de mortandad
está aumentando sobre todo en áreas rurales.

En medio de la mayor devastación de que se tenga memoria en la isla a
causa del paso del huracán María, los puertorriqueños se sintieron
duramente ofendidos cuando el presidente Trump les culpó por la crisis
humanitaria a la que estaba abocada la isla.

"Texas y Florida van muy bien, pero Puerto Rico, que ya sufría una
infraestructura dañada y una deuda masiva, está en problemas",
escribió Trump en su cuenta de Internet comparando la rápida
recuperación de dos de los principales estados de la nación ante
huracanes en proceso de degradación que les afectaron, con la tragedia
sufrida por su colonia en el Caribe a causa del cruce por su
territorio del huracán más violento que haya azotado a Borinquen en
toda su historia, con vientos sostenidos de 155 m/h (250 km/h).
La reacción iracunda de Trump ante la atroz crisis humanitaria de
Puerto Rico agudizada por el fenómeno meteorológico en las condiciones
de un país profundamente herido por décadas de colonialismo y
políticas neoliberales, ha creado una situación explosiva.

Actualmente Puerto Rico tiene una deuda de 73 mil millones de dólares
a sus acreedores, lo que equivale al total de su PIB. El Estado Libre
Asociado oficialmente está en default (incapacidad de pagar la deuda)
sin que ni el gobierno norteamericano ni el Fondo Monetario
Internacional (FMI) hayan presentado solución alguna.

En realidad la deuda del país empezó a crecer a partir de los años
1970. Su economía desde la mitad del siglo pasado estaba basada
principalmente en la industria farmacéutica pero con la aparición de
las maquiladoras en México y en Asia, este sector se ha estado
trasladando a aquellas regiones en busca de mano de obra más barata y
de mayor productividad.

Actualmente el índice oficial de desempleo en 16 municipios es del 20
por ciento y en otros 61 supera al 12 por ciento, aunque en realidad
la tasa real de desempleo es mucho más alta que la oficial. Un 45 por
ciento del total de 3,5 millones de habitantes de la isla viven en la
pobreza y el 83 por ciento de los niños viven en áreas pobres. En acto
desesperado, el gobernador Rosselló recortó en mayo pasado el
presupuesto en 674 millones de dólares afectando el sistema de salud,
la educación, varios programas sociales y la Universidad de Puerto
Rico. Como resultado de la crisis económica 144.000 puertorriqueños
abandonaron la isla en busca de empleo.

Puerto Rico y Cuba han compartido destinos como colonias de España
cuyas luchas emancipadoras fueron interrumpidas por una oportunista
intervención estadounidense que pretendió adjudicarse los remanentes
de imperio colonial español en desgracia. Cuba logró que la ocupación
militar del entonces naciente imperialismo de Estados Unidos se
limitara a 4 años y diera paso a la proclamación en 1902 a una
seudorepública independiente que en enero de 1959 trajo, revolución
mediante, una independencia verdadera, aunque al costo de librar una
cruenta batalla cotidiana contra los apetitos hegemónicos
estadounidenses.

Hace 118 años que Washington se apoderó de Puerto Rico y los demás
vestigios del imperio español en el hemisferio occidental. Cuando el
neoliberalismo irrumpió en la escena para proporcionar una inyección
de vida al capitalismo en crisis, el impulso hacia la privatización de
todo lo existente causó perjuicios extraordinarios en Puerto Rico. Se
deterioraron las condiciones de vida al desaparecer los fondos
gubernamentales para fines sociales y los empleos. La infraestructura
de la isla quedó devastada por una campaña para convertirlo todo,
desde las carreteras y los servicios públicos hasta el sistema
educativo, en empresas privadas con fines de lucro.

El coloniaje impuso a Puerto Rico una deuda impagable y ahora le ha
impuesto una junta dictatorial para asegurar que se pague esa deuda,
aunque sea al costo de una crisis humanitaria para el pueblo
puertorriqueño. Los boricuas reclaman, justamente, que se audite esa
deuda y se determine qué parte de la misma es legítima y quiénes son
los responsables de haberla asumido.



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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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