Colombia, sopa y falsos positivos

"Una cosa es el error y otra cosa es el engaño; nosotros bien podemos equivocarnos, pero mal podemos engañarnos".

Hugo Rafael Chávez Frías (Aló Presidente N. 243, enero de 2006)

En varias oportunidades hemos hecho referencia a las relaciones tormentosas que ha tenido que mantener Venezuela con los gobiernos de la oligarquía del vecino país y en especial, desde la llegada de la Revolución Bolivariana con el Comandante Chávez en diciembre de 1998.

Igualmente hemos tocado en anteriores artículos, episodios que no quisiéramos recordar de la historia de nuestros dos países hermanos, donde existen capítulos oscuros marcados por la envidia y los asesinatos (muerte de Sucre y atentados contra El Libertador) que nos alejan del punto de partida de la Gran Colombia (Congreso de Angostura 1819) e incluso, de la partida de nacimiento de la patria de Francisco de Paula Santander.

Ante la situación política interna que vive nuestro país y el avance del proceso revolucionario, se han presentado situaciones que desmontan la falsa democracia Colombiana; muy a pesar de que en nuestras actuaciones sólo ha estado presente el espíritu de solidaridad de Simón Bolívar y una reiterada conducta, la cual apuesta por la paz del país hermano en todos los órdenes, recibiendo a cambio un marcado acento de traición por parte de las elites neogranadinas.

En los últimos años hemos visto - con especial atención - como en los gobiernos de los presidentes Andrés Pastrana, Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos estos se han quitado la careta y se han prestado a los más rudos ataques contra Venezuela, motivados por su descarado espíritu rastrero hacia el imperio norteamericano y su odio consumado hacia el pueblo bolivariano.

Su más desleal ´conducta se ha puesto de manifiesto a través de su canciller María Ángela Holguín (quien ya luce un poco desencajada) por su atorrante actuación en la OEA, acompañada de un cinismo nada sorprendente.

Esta canciller, formada en la escuela diplomática de la más fina estampa de la oligarquía colombiana, viene atornillada desde Álvaro Uribe Vélez donde dirigió su comando de campaña y luego, en los últimos años, ha sido la abanderada de la política internacional del gobierno de Juan Manuel Santos.

Su última desfachatez ha sido su intento de entrometerse en la política interna de nuestro país; cosa que no sólo le ha generado el regaño de la Casa de Nariño, sino el de nuestra cancillería y los medios de comunicación, como el del conocido programa de noticias internacionales "Dossier", conducido por el periodista Walter Martínez quien le ha leído varias veces la cartilla.

El ataque constante de políticos colombianos y sobre todo de los medios de comunicación de la oligarquía - acostumbrados a mentir - no han cesado en sus campañas y falsos positivos, sumados a todos los conspiradores contra el gobierno del Presidente Nicolás Maduro, al igual que lo hicieron también con el Comandante Chávez desde Miami, Washington, Madrid y Bogotá.

Lo último que se les ha ocurrido a los medios colombianos, por ejemplo a la cadena "Caracol", es montar ollas podridas, bodrios o falsos positivos (especialidad de Uribe Vélez) para ridiculizar a los venezolanos o generar matrices de opinión negativas en la opinión pública internacional, como parte de la campaña impulsada por el imperio para desprestigiar a Venezuela.

Lo más reciente lo pudimos observar en una nota de la cadena de Tv "Caracol" donde se muestra a unas señoras cocineras, con ollas mondongueras pertenecientes a una supuesta organización de la iglesia católica "La Divina Providencia", quienes ofrecen almuerzo gratis a los venezolanos que cruzan los puentes en la frontera, especialmente en Villa del Rosario, cerca de Cúcuta.

Lo más llamativo del video es que no muestran a los hambrientos venezolanos para respaldar la información, sino tan sólo incluyen las declaraciones de un supuesto cura, quien describe la ayuda humanitaria junto a las palabras de una señora con atuendo de cocinera, quien se lamenta del hambre de un venezolano, quien casi raspa la olla.

La campaña de los medios de comunicación de la oligarquía colombiana no es nueva. Allí se dice de todo en contra Venezuela. Lo cierto es que nunca dicen nada en torno a la situación que viven más de cinco millones de colombianos, quienes han tenido que huir de su país debido a la violencia y a la difícil situación económica del vecino país.

Aquí en Venezuela los colombianos han sido aceptados y tratados con gran solidaridad y además, se benefician al igual que los nativos con los programas de la Revolución Bolivariana de vivienda, salud, educación, empleo y las misiones.

Si se grabaran en Tv sus testimonios, resultarían horas y horas de videos para programas que develarían la verdad verdadera de los colombianos en Venezuela, quienes no están aquí precisamente por un plato de sopa.

Con la llegada de la Constituyente es propicio el momento para que de una vez por todas se normalicen y se ordenen las relaciones con Colombia; en otras palabras, se le dé un parao a su gobierno.

Todo debe establecerse con armonía y en función de los verdaderos sentimientos históricos y lazos de auténtica hermandad entre los dos pueblos y no, con los intereses que prevalecen en la envidiosa oligarquía santandereana, la misma de las siete bases norteamericanas, la del contrabando de combustible y la de los protectores de la exportación de cocaína hacia los Estados Unidos.

¡Amanecerá y veremos!



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Marco Tulio Arellano

Jubilado en Pdvsa

 arellanomt@hotmail.com      @Homugria

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