¿A qué teme tanto Estados Unidos?

Desde los inicios de la campaña electoral en Estados Unidos hasta la victoria del xenofobo Donald Trump que lo convirtió en el inquilino número 45 de la Casa Blanca, la confrontación entre hienas imperiales (republicanos y demócratas) por definir correctamente al "enemigo" del imperio no ha cesado. Por absurda que pueda parecer, ésta necesaria disputa que justifica la agresividad imperial y las grandes inversiones en el Complejo Minitar Industrial (CMI) se mantiene en el orden del día. La vieja élite del establishment insiste en mantener los señalamientos contra Rusia, como histórico "enemigo" y "peligro" para la hegemonía de Estados Unidos; por ser un poderoso competidor militar que extiende su espacio de influencia desde Europa oriental hasta los países de Asia. Mientras que las nuevas hienas de la actual administración insisten en señalar a China, cuya influencia económica se extiende a todo ya al mundo entero. ¿Quiénes ganarán la batalla por escoger al "enemigo" necesario?

Cabe destacar que relaciones entre Estados Unidos y Rusia se vieron profundamente perjudicadas en los últimos años, desde que éste último país se incorporarse nuevamente al juego del gran tablero mundial que había abandonado tras la caída de la Unión Soviética. Haciendo frente a la amenaza por la expansión acelerada de la OTAN hasta las fronteras con Rusia, el poderoso país eslavo se impuso en el tablero geopolítico marcando límites muy definidos a la organización militarista occidental, decidiendo defender sin vacilación su espacio vital e intereses en toda Euroasia y más allá.

Por otra parte, las relaciones entre Estados Unidos y China se han venido enturbeciendo desde el mismo momento que los capitales chinos iniciaron su fase de exportación de capitales a finales de 1970, construyendo espacios estratégicos de intereses en toda Asia y en el mundo, compitiendo y desplazando a Estados Unidos de muchos mercados con inigualables iniciativas como: La Nueva Ruta de la Seda, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y Ruta de la Seda, los BRICS, el G77+China, el Consejo de Cooperación de Shangai, la alianza China - Rusia, China - Latinoamérica, China - África, etc.

Es harto sabido que la política exterior del imperialismo estadounidense concibe al mundo como un campo de guerra, en el que todos los países del mundo compiten y guerrean por acumular poder para alcanzar la supremacía mundial. Esta concepción caótica del mundo se traduce en la necesidad de buscar y definir siempre al otro como "enemigo" a quien deben derrotar y someter al juego de sus intereses. Estados Unidos no tiene aliados, sólo intereses.

Las provocaciones bélicas de Ucrania contra Rusia, las amenazas de agresión contra la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte), las amenazas contra China por su Mar Meridional y Taiwan, y también las agresiones mercenarias contra Irán, Irak, Libia y Siria, etc., cobran sentido en la necesidad propia de Estado Unidos por recuperar su estatus como única e indispensable potencia mundial. Pero vale preguntarse ¿Estará dispuesta a iniciar una guerra de carácter nuclear con ambas potencias también nucleares? No lo creo. El propio Trump acaba de reconocer que "la misma sería un holocausto para toda la humanidad". Sin embargo, continúa la incertidumbre apoderándose del espectro mundial.

Pero no todo es malo e incierto en éste caótico mundo. La agresividad estadounidense terminó forjando la más poderosa alianza geopolitica que tanto desequilibra y ciega a las rabiosas hienas del establishment, y se niegan a reconocer: la indestructible alianza entre el oso y el dragón rojo.
 



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Basem Tajeldine

Marxista. Investigador de temas geopolíticos internacionales en el Centro de Saberes Africanos. Moderador del programa VOCES CONTRA EL IMPERIO, RadiodelSur y RNV.

 basemtch@gmail.com      @BasemTajeldine

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