Noticias funestas

En el escenario político de Latinoamérica las peores noticias en un año han sido el triunfo electoral de Macri y el golpe de estado enmascarado que han dado en Brasil a la presidenta Dilma Roussef. En una reciente entrevista, realizada por Telesur a la ex presidenta argentina Cristina Fernández, pudimos apreciar cómo una mujer lúcida como ella puso en evidencia los manejos de las grandes corporaciones en los gobiernos débiles, sumisos a la manipulación de capitales privados. Mientras tanto en Venezuela la nueva Asamblea Nacional trata de emular estos ejemplos, sin suerte. En las calles de Argentina y Brasil la gente ha salido masivamente a protestar contra el despido de trabajadores y el alza gigantesca en las tarifas de servicios. En Brasil es aún peor el descaro con que han intervenido a un gobierno elegido por votación popular, con la excusa de un fulano "impeachment" que no han podido probar. A la expectativa estamos con el gobierno que va a emprender Pedro Pablo Kuczynsky, nuevo presidente del Perú, si es que puede hacer algo en su país que no sea seguir favoreciendo a los intereses privados de una oligarquía enquistada.

Mientras tanto, en los Estados Unidos se monta el espectáculo de unas elecciones con un Donald Trump en la apoteosis del narcisismo y la egolatría, la elementalidad de un discurso racista y la promesa de extraditar de ese país a latinos o extranjeros de cualquier parte del mundo. En las postrimerías de la gestión de Barack Obama se recrudece la brutalidad policial contra los negros en EEUU, aderezada de un racismo endogámico y xenofobia: dos buenos ejemplos para valorar cuanto nos aprecian en el país del norte.

En Europa, el ministro James Cameron anunció hace poco la salida de Gran Bretaña de la "Comunidad" Económica Europea, y con razón: no van a ser tan tontos los ingleses en compartir una riqueza que han amasado durante décadas con la pequeña ayuda de su amiga la banca privada de ese país, y venir ahora a ceder una parte de ésta a Alemania, Francia o España, países con los que Inglaterra tiene una relación puramente monetaria y dista mucho de ser comunitaria, para el bien común. Recordemos que en los siglos diecisiete, dieciocho y diecinueve estos países estuvieron en guerra entre ellos mismos; ahora las guerras se libran con otros medios y otras armas, como la asfixia económica a países endeudados.

Tampoco nos espera nada alentador con el seguro triunfo de Hillary Clinton en Estados Unidos, que terminó absorbiendo los votos de Bernie Sanders, --el candidato menos malo de los que optaron a la presidencia de ese país-- alarmados como están los demócratas con un posible triunfo del republicano Donald Trump. El gigantismo de EEUU sigue manifestándose mediante frases oídas en la campaña: "El siglo veintiuno es el siglo de Estados Unidos", "El pueblo de EEUU, amante del placer y de la libertad", "El país más poderoso del mundo", "La democracia más perfecta del planeta" y otras similares, que no hacen sino hegemonizar la imagen de un país todopoderoso que pretende marcar las pautas en occidente y colonizar ideológica y económicamente el mundo entero con sus mensajes de éxito, progreso y prosperidad, mantenidos a costa de los países dominados.

Este repaso superficial por el tablero político de hoy nos permite apreciar cuánto estamos retrocediendo, justamente por haber sido tan conciliadores y pluralistas, dos de los eufemismos de la falsa tolerancia. Tenemos a personajes siniestros como Temer en Brasil y Macri en Argentina, y en Venezuela a Ramos Allup listo a seguir los pasos de aquellos con la oportuna aprobación de empresas como Polar, una trasnacional de alimentos que se vende como una empresa honesta "cien por ciento venezolana", la cual, aparte de vendernos harina de segunda, grasas saturadas y cervezas aguadas, pretende ahora competir en las colas de los supermercados con los productos distribuidos por el gobierno y ganando ahí esa batalla, lamentablemente.

Nos quedan por ahora los bastiones de Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Venezuela para resistir, con los cientos de estudiantes, trabajadores, campesinos, periodistas y líderes agrarios reclamando sus derechos y clamando justicia, mientras continúen los asesinatos de líderes obreros y campesinos (el asesinato de Berta Cáceres ha sido uno de los más atroces) o continúa la desaparición de personas que se identifican con las luchas populares.

Ahora, con la lamentable situación de Francia convertida en foco criminal del llamado "Estado Islámico" (un monstruo creado por las mismas superpotencias) las cosas no van a mejorar, pues el presidente Hollande ha dado la orden de responder con ataques que han bombardeado la ciudad de Damasco, causando las muertes de mujeres y niños inocentes. Estas respuestas bélicas de las potencias europeas no hacen sino generar una cadena de ataques absurdos que excitarán aún más a los terroristas del Estado Islámico, y a generar situaciones similares en otros países. Voces de esta organización criminal de guerra irregular ya han amenazado con atacar países latinoamericanos. El sólo pensar que esta guerra atroz pudiera continuarse aquí nos pone los pelos de punta; que países jóvenes como los nuestros --que jamás han practicado políticas de dominación e injerencia territorial-- tengan que pagar los platos rotos de países que juegan a los superpoderes, poniendo en peligro no sólo la vida de tanta gente inocente, sino la suerte misma de la vida pacífica en el planeta.

© Copyright 2016 Gabriel Jiménez Emán

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Gabriel Jiménez Emán

Poeta, novelista, compilador, ensayista, investigador, traductor, antologista

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