Nueva Alianza para el Progreso, extemporánea y enclenque

Argentina asociada a una utopía capitalista

En medio de una gravísima coyuntura económica, aunque todavía sin exigencia social significativa, Macri recibe el espaldarazo de Obama para presentar a Argentina como alternativa a Venezuela y el Alba.

Con 165 votos a favor, 86 en contra y cinco abstenciones, el oficialismo sancionó en la Cámara de Diputados el 16 de marzo la ley que lo habilita para pagar a los fondos buitre un monto de 11.500 millones de dólares y aprobó en la misma sesión la autorización para tomar deuda externa por cifras equivalentes. El miércoles 30 el Senado votó la media sanción restante. La llamada Cámara alta decidió por 54 votos a favor y 16 en contra.

Estos resultados expresan un doble fenómeno en la coyuntura argentina: minoritario en ambas Cámaras, el gobierno de Cambiemos presidido por Mauricio Macri ha logrado un realineamiento fulminante; el bloque opositor peronista, del cual es parte la tendencia encabezada por la ex presidente Cristina Fernández, ya se fracturó en Diputados y vota dividido en Senadores. Durante el mes de abril debería haber un Congreso del Partido Justicialista para designar autoridades. Fuentes bien informadas aseguran que no hay acuerdo para una lista única y tampoco decisión para que compitan diferentes candidatos. Si esa presunción se confirma y el Congreso no se realiza, el PJ será intervenido por la Justicia.

Mientras tanto la totalidad de las fracciones burguesas y tras ellas las cúpulas del sindicalismo se alinearon con el programa político de Macri. El grueso del PJ respalda el pago a los fondos buitre y avala el endeudamiento como vía para salir de la gravísima coyuntura económica, mientras trata de desprenderse de la fracción denominada kirchnerista –a su vez dividida– y prepara una recomposición con vistas a las elecciones legislativas de 2017. Un factor sobresaliente de esta recomposición es la reunificación de la Confederación General de Trabajadores (CGT), prevista para el 22 de agosto. Antes, de manera ostensiblemente prudente, sus titulares exigen leyes que eleven a un monto mayor el mínimo no imponible para salarios altos, el 82% móvil para jubilados y un aumento acorde con la inflación en las discusiones paritarias en curso ahora mismo. El hecho es que la realidad económica tiene perfiles visibles: dos millones y medio de niños sufren déficit alimentario, según estadísticas de la Universidad Católica Argentina. Y que el estancamiento durante cuatro años, con dos –éste incluido– de franca recesión, producen un acelerado aumento de la desocupación desde mediados de 2014.

Pese a todo, Macri y su heterogénea coalición usufructúan la división del peronismo y la marginación del llamado kirchnerismo. Sobre todo sacan partido del estado de confusión y parálisis de la clase trabajadora y el conjunto de la población. Un dato indicativo del estado de ánimo social es que en medio de subas constantes de precio en alimentos y servicios básicos, con inflación superior al 35% anual y en franca caída recesiva, Macri es avalado por el 55% de la población; un 70% cree que el Gobierno logrará resolver el alza de precios y sacará al país del pantano económico. Todas las consultoras, igualmente desconfiables, coinciden en estas proporciones.

Una explicación para esta paradoja es la evidencia de la herencia dejada por el gobierno anterior. El grueso de la población tiene claro que en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, tarifas como electricidad, gas, transporte y agua, congeladas durante 15 años, tenían precios absurdos en relación con el resto de bienes y servicios, pero también en comparación con el resto del país. Eso no vale para alimentos, que sobre precios anteriores elevadísimos sufrieron aumentos exorbitantes. El ministerio de Energía implementa una tarifa para “sectores sociales económicamente vulnerables”. Dos millones 800 mil personas tendrán electricidad a precio diferencial en todo el país, informó el titular de Energía Juan Aranguren, ex presidente de Shell. Los aumentos, por tanto, afectan sobre todo a los sectores medios y a trabajadores formales con salarios por encima de la media.

Otro factor de peso en la relación del conjunto social con el gobierno es la catarata de denuncias de corrupción que apabullan al ciudadano común. Sobresale un video –constantemente transmitido por todos los canales– en el cual se ve al hijo del empresario Lázaro Báez, su gerente y otros empleados transportando millones de dólares y euros en grandes bolsos, para luego contarlos y apilarlos. Son imágenes que aturden y en buena medida sublevan a amplios sectores del país. El registro es de 2012, cuando había restricciones cambiarias y empresas y particulares no podían comprar divisas. Aunque jamás objetó el pago de más de 200 mil millones de dólares de deuda externa durante el gobierno anterior, la prensa comercial exacerba denuncias por corrupción informando de cuentas multimillonarias en el exterior y desfalcos impositivos –con alegada complicidad del titular del ente recaudatorio, Ricardo Echegaray– que suman mucho más de mil millones de dólares por parte del mismo Báez y otro empresario cercano al gobierno anterior, Cristóbal López. Estas revelaciones redundaron en mayores enfrentamientos entre quienes se mantienen fieles a Cristina Fernández, con denuncias entre los principales protagonistas. “Báez va a terminar preso”, declaró Echegaray. “Ni Alicia Kirchner (hermana del ex presidente y actual gobernadora de Santa Cruz) ni Echegaray pueden justificar su patrimonio”, replicó Báez. Y agregó, en velada amenaza: “Le pido (a Echegaray) que diga cuál de sus jefes le ordenó hablar”.

Con este panorama en la oposición peronista y la completa ausencia de una alternativa revolucionaria, Macri avanza en el plan asignado.

“Alianza para no progresar”
Así llamó Ernesto Guevara al plan pergeñado por el imperialismo para contraponer a la Revolución Cubana en los 1960. Los rostros de esa pálida réplica del Plan Marshall fueron John Kennedy y Arturo Frondizi. Es sabido cómo terminó el proyecto contrarrevolucionario y qué suerte tuvieron el presidente de Estados Unidos y el de Argentina. Medio siglo después se intenta lo mismo. Obama no es Kennedy y Macri (¿hay que decirlo?) no es Frondizi. Eso sería irrelevante si el mundo no estuviera de lleno en una crisis capitalista sin retorno, a diferencia de aquel período, cuando faltaban aún algunos años para que el sistema dejara de sentir los efectos para él benéficos de la II Guerra Mundial. Inviable en aquella oportunidad, el plan desarrollista es hoy una utopía risible.
No obstante el viaje de Obama a Argentina fue un éxito rotundo para los propósitos del Departamento de Estado y derramó mieles sobre el gobierno local y su Presidente.

Fue una consolidación del realineamiento político: todo el espectro burgués se presentó al besamanos en una cena de gala. La prensa local informa: “Hubo una breve recepción privada con Obama y Macri, previa al banquete, a la que podían asistir 10 argentinos. Estuvieron la vicepresidente Gabriela Michetti por el Gobierno; Emilio Monzó, Federico Pinedo y el radical Mario Negri por el oficialismo en el Congreso; Elena Highton y Juan Carlos Maqueda de la Corte Suprema de Justicia y se abrieron cuatro lugares para opositores: Sergio Massa, Margarita Stolbizer, el senador Miguel Pichetto y el diputado José Luis Gioja”. A la recepción no exclusiva se sumaron los principales dirigentes sindicales: Hugo Moyano, Luis Barrionuevo, Antonio Caló, Armando Cavalieri, Roberto Fernández, Amadeo Genta, José Luis Lingieri, Gerardo Martínez, Omar Maturano, Andrés Rodríguez, Gerónimo Venegas, Carlos West Ocampo y Juan Carlos Schmid. Había por supuesto artistas, intelectuales y periodistas, ansiosos por el momento de gloria.

Es la imagen inapelable de la alianza burguesa que gobierna Argentina y se pone a los pies del imperialismo.

Como lo había hecho horas antes y repetiría al día siguiente, durante el acto de homenaje a los desaparecidos ante el cenotafio del Parque de la Memoria, Obama explicitó la línea estratégica de poner a Argentina como alternativa a Venezuela. A Macri le cabe el papel de gladiador contra Nicolás Maduro: “Usted desea comprometer a la Argentina a entrar a la comunidad global, para establecer el liderazgo histórico de su país a lo largo de los años. Esto es bueno para la región”, dijo con su potente capacidad expresiva el presidente estadounidense. Antes, en la conferencia de prensa, había subrayado que Macri “está brindando un ejemplo para otros países”.
Ese ejemplo es la ilusión de desarrollo, equidad, justicia republicana. El espejismo ante el cual se embelesan no sólo los privilegiados que asistieron a la recepción de gala.

Cuatro meses atrás América XXI adelantaba: “para avanzar en una etapa ulterior hacia una política consistentemente contrarrevolucionaria –y no sólo apuntada a Argentina, sino a los gobiernos del Alba con centro en Venezuela– Macri está empujado a hacer concesiones en todos los órdenes a una política populista-desarrollista” (http://americaxxi.com.ve/macri-y-venezuelapor-luis-bilbao).

Es altamente significativo que los liberales de Argentina califiquen al gobierno de Macri como “kirchnerismo de buenos modales”, mientras denuestan sus medidas económicas. No obstante, incluso ellos se sometieron a Obama y le dan crédito a Macri en tanto prepare las condiciones para el saneamiento real de la economía. Antes, debe completarse la faena con el presidente argentino como figura alternativa regional frente a Nicolás Maduro.

Un desvarío senil del capitalismo al que lejos de subestimar, hay que interpretar y responder con una urgente recuperación de la iniciativa continental.



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Luis Bilbao

Escritor. Director de la revista América XXI

 luisbilbao@fibertel.com.ar      @BilbaoL

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