No nos hacemos ilusiones

A propósito del acercamiento diplomático entre Cuba y los Estados Unidos, luego de 57 años de agresiones de todo tipo: invasiones militares, guerras bacteriológicas, atentados terroristas, más el infame bloqueo que cercena toda actividad económica productiva y de intercambio.

Con la histriónica visita de Obama a La Habana, la diplomacia alcanza el clímax y da lugar a conjeturas, a especulaciones marcadas por la visión imperialista, según la cual, Cuba debe cambiar el "fracasado" sistema económico socialista, y adoptar el "exitoso" sistema económico capitalista que rige, por ejemplo, en Haití y hace de este país un modelo de desarrollo económico y social, capitalista. Para los gobernantes estadounidenses, Haití es el modelo a seguir, el mismo que implementaron en Yugoslavia, Irak y Libia por la invasión y destrucción de la infraestructura física, la economía, la organización social, que hacía de estos países los de mayor desarrollo, tanto en los Balcanes, como en África o el Medio Oriente. Igual a cómo han pretendido hacer con Siria e Irán, países de reconocido desarrollo económico, que constituye garantía de soberanía y autodeterminación, inaceptables para el dominio imperialista. Capítulo especial ocupan Líbano y Palestina.

La situación social del pueblo haitiano ¿Se puede comparar con la situación social del pueblo cubano? Con el sistema capitalista, Haití debería ser el modelo ideal de desarrollo, con extraordinarios éxitos en educación, salud y bienestar social de la población. La Haití capitalista debería ser modelo a imitar por el bienestar social de sus habitantes, frente a la Cuba socialista, pero, ocurre lo contrario. Ante estas realidades de éxito del socialismo - a pesar del infame bloqueo impuesto durante 57 años - no nos hacemos ilusiones de que se produzcan cambios en los Estados Unidos para que el intercambio económico le lleve beneficios a las mayorías nacionales que no disponen de educación ni salud gratuita ni de democracia ni respeto por los derechos humanos de 50 millones de estadounidenses que viven en situación de pobreza.

No nos hacemos ilusiones que, en Estados Unidos, ocurra el cambio del trasnochado sistema electoral por uno moderno, legítimo y democrático. En Estados Unidos no hay elección directa. La elección de los gobernantes es de segundo grado. No es el pueblo el elector. El proceso electoral sirve de fachada a la plutocracia que gobierna.

No nos hacemos ilusiones de cambio para que el gobierno totalitario de los millonarios sea suplantado por el gobierno democrático de las mayorías nacionales.

No nos hacemos ilusiones para que ocurra el cambio de mentalidad racista que domina en la población blanca de Estados Unidos, racismo que encontró expresión en el discurso de Donald Trump, muy aplaudido por la mayoría blanca. De allí el éxito obtenido en las elecciones primarias para la escogencia del candidato por el partido republicano a la elección presidencial del próximo noviembre.

No nos hacemos ilusiones por el cambio en el respeto a los derechos humanos, permanentemente violados por la policía que asesina a los negros y a los latinos por la más mínima infracción de cualquier tipo. Población negra y latina que llena las cárceles por las condenas racistas que dictan los tribunales.

No nos hacemos ilusiones en cuanto al cambio respecto a la actitud guerrerista, armamentista, imperialista del "destino manifiesto", que ilusiona a la plutocracia por el dominio mundial, y que tiene su mejor vocero en la candidata Hilary Clinton, criminal de guerra, señalada de los mismos delitos por los que, en el Tribunal de Núremberg, fueron acusados los criminales nazis de la Segunda Guerra Mundial. A la candidata Hilary le produjo mucha hilaridad la noticia del asesinato de Kadaffi, sodomizado con una bayoneta. Semejante monstruo es aspirante a la presidencia de Estados Unidos.

No nos hacemos ilusiones de cambio hacia el socialismo en los Estados Unidos, con la instauración de relaciones económicas de equidad, de justa distribución de la riqueza. Es necesario que esos cambios se produzcan para poder normalizar las relaciones en beneficio de las mayorías nacionales estadounidenses. La posibilidad de este cambio, ha encontrado una vía en el discurso del candidato, Bernie Sanders, con la multitudinaria acogida que le ha brindado la población menor de 30 años y mayor de 18, así como en densos sectores pobres. Según Daniel Fridman, "Sanders es un candidato excepcional; sus discursos lo identifican con el movimiento Occupy Wall Street que surgió en 2011<…> Sanders tiene muy claro lo que significa su proyecto político. No se trata de elegir a un candidato, dentro de un menú de opciones: el éxito de su proyecto depende del nacimiento de lo que él llama una "revolución política" que precisa de niveles de participación y presión popular que cambien la dinámica a la que las elites políticas de ambos partidos están acostumbradas. Sanders no pide solamente el voto, pide algo que no depende de él<…> Bernie Sanders se llama a sí mismo socialista (una palabra tabú en el lenguaje político de Estados Unidos)."

Estos son algunos de los cambios que deben ocurrir en los Estados Unidos para que el pueblo estadounidense reciba los beneficios de las relaciones con Cuba. Así como el pueblo cubano esperó 57 años para que se produjera este acercamiento, ahora, debe tener paciencia para esperar que en Estados Unidos ocurran los cambios que beneficien a los estadounidenses, sometidos a la férrea y terrible dictadura plutocrática de 200 años.

Le corresponde al pueblo estadounidense asumir el cambio. Cuba

le está brindando la posibilidad de ese cambio, con el ejemplo de su revolución sustentada en la democracia y el respeto a los derechos humanos, sólo posible cuando se conquista la igualdad de una sociedad sin clases. Sanders lo ha dicho, "la igualdad es el elemento fundamental de la democracia". Los únicos países aptos para la democracia son Cuba y Corea del Norte por haber conquistado la igualdad de una sociedad sin clases. Democracia cubana y norcoreana que alcanzará su máximo desarrollo y perfectibilidad cuando cese el bloqueo y amenazas imperialistas, que han existido durante 60 años y los han obligado a mantener condiciones estrictas de seguridad ante las agresiones y guerra impuesta por el imperialismo.

La contradicción entre el centro y la periferia, es la mayor confrontación que debe vencer el socialismo. Trotsky decía:

"¿Cómo consolidar el socialismo en un país, si la periferia es capitalista? ¿Pueden subsistir relaciones de producción socialistas sustentadas en la igualdad y la solidaridad, junto a relaciones de producción capitalistas sustentadas en la ganancia, el robo, la explotación y apropiación indebida del trabajo del obrero, creador de la riqueza?"



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León Moraria

Nativo de Bailadores, Mérida, Venezuela (1936). Ha participado en la lucha social en sus diversas formas: Pionero en la transformación agrícola del Valle de Bailadores y en el rechazo a la explotación minera. Participó en la Guerrilla de La Azulita. Fundó y mantuvo durante trece años el periódico gremialista Rescate. Como secretario ejecutivo de FECCAVEN, organizó la movilización nacional de caficultores que culminó en el estallido social conocido como el ?caracazo?. Periodista de opinión en la prensa regional y nacional. Autor entre otros libros: Estatuas de la infamia, El Fantasma del Valle, Camonina, Creencia y Barbarie, EL TRIANGULO NEGRO, La Revolución Villorra, los poemarios Chao Tierra y Golongías. Librepensador y materialista de formación marxista.

 leonmoraria@gmail.com

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