La noche en que apagaron las “luces” de París

El más grande acontecimiento reciente – a saber que “Dios ha muerto”, que la creencia en el Dios cristiano ha caído en descrédito – comienza desde ahora a extender su sombra sobre Europa. Al menos para una minoría de raros, dotados de una sospecha bastante penetrante, de una mirada bastante sutil para este espectáculo, parece en efecto, que algún sol acaba de declinar, que alguna confianza se haya puesto en duda: a esos debe parecer nuestro viejo mundo cada día más crepuscular, más desconfiado, más extraño, “más viejo”. Pero de un modo esencial se puede decir que el acontecimiento en sí es demasiado lejano, mucho más allá de la facultad conceptual de la mayoría para que se pueda pretender que la noticia haya llegado; y mucho menos que algunos se hayan dado cuenta de lo que realmente ha pasado (...)
Agustín Izquierdo – La filosofía contra la religión-
 
 
Los ataques terroristas de los cuales ha sido objeto Francia, en su capital París, la llamada “Ciudad de las Luces” durante 2015, el primero llevado a cabo durante inicios del año en la sede de una empresa de comunicación, y el segundo, que marcará cada 13 de Noviembre la historia de ese país, debido por las características bélicas y crueles en que fue realizado por sus ejecutantes, al generar cientos de muertos y heridos sobre inocentes civiles quienes se encontraban en espacios culturales y sociales ubicados estratégicamente en puntos de suma concurrencia urbana; en ambos eventos, es claro que hay una ruptura que trasciende el plano político y militar en la lucha contra el terrorismo.
 
El llamado fin de la Guerra Fría y la caída de Muro de Berlín, si bien puso calma relativa en el plano de las relaciones geopolíticas sobre las tensiones generadas por los efectos de las guerras mundiales del siglo XX; tampoco es menos cierto que esas tensiones no han podido ser “neutralizadas” en los países del mal llamado Medio Oriente y norte de África. Son las mismas tensiones y permanentes diferencias que Israel ejerce sobre sus vecinos de Palestina o Líbano, de hecho, esta última nación también fue sacudida casi de manera simultánea con lo que ocurria en Francia, con otro atentado terrorista, no de menores proporciones.    
 
Lo que acaban de hacer organizaciones con este nivel de destrucción humana, son las luchas que ocurren en nombre del “islamismo” entre sus distintos grupos  “religiosos” por adueñarse o mantenerse en el poder en países como Irán, Irak, Siria, Libia, o los últimos años de inestabilidad política que ha tenido Egipto, acciones que pudieran convertirse en posibles alteraciones político – territoriales en el corto o mediano plazo, en otros países de esa región, gobernados por “jeques”, “príncipes” y “sultanes” como Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, Omán o Emiratos Árabes Unidos  pero que al final, el fin de la justificación religiosa tiene un sólo propósito: el petróleo.
 
Sobre la relación de tales países con Europa, bastaría revisar la historia para ver el cómo desde mediados del siglo XIX, la manera en que a pesar de existir una balanza comercial desfavorable para el "viejo continente", en términos de comercio exterior sobre productos como algodón, pieles, lana y alimentos que venían fundamentalmente desde los mencionados países, tampoco es menos cierto que el comercio que se realizaba desde esas naciones, hoy petroleras, estaba controlado por británicos y franceses, y en grado creciente de alemanes quienes a la postre, en unión con grupos judíos y cristianos (allí una clara "justificación" entre la lucha de verdugos islamitas contra practicantes de otras religiones) establecerían corporaciones financieras, las cuales con el paso del tiempo, y en unión de los gobiernos de turno, abrirían un compás de control y dominio en relación no sólo con préstamos y concesiones entre financistas y gobernantes (yo te doy, tú me das), sino con inversiones en millones de dólares en red de servicios públicos y, por supuesto del petróleo, de lo cual la agricultura se convirtió en espacio secundario.
 
Prácticamente todos los gobiernos de las naciones petroleras que circundan a Europa y África han sido regímenes dictatoriales y totalitaristas en el decurso de su historia. En ellos no ha habido evolución sobre los derechos del ser humano, pero especialmente la mujer ha sido oprimida por quienes, por ejemplo, desde Arabia Saudita, niegan casi cualquier esencia para el sexo femenino. ¿Y mientras ello ocurre,  qué hacen Europa, Estados Unidos y hasta países petroleros de esta parte del continente como Venezuela? Pues nada. Sólo se sientan junto con los "representantes" de esos pueblos para tratar asuntos de relaciones "diplomáticas y comerciales", y con el eufemismo de la "autodeterminación de los pueblos", callan y se hacen cómplices ante los abusos de estas naciones sobre su gente, lo cual representa, sin duda, avalar  más que un ataque terrorista, porque son hombres y mujeres, pero sobre todo mujeres, niños y niñas, que tienen que vivir bajo los signos del oscurantismo y la barbarie.
 
Si lo anterior es despreciable, el autodenominado "estado islámico", el cual, hay que decirlo, emergió con fuerza después de las invasiones de Estados Unidos y sus "aliados" contra Irak y Libia, y ahora Siria, (al dejar sobre todo al primero, sin fuerzas propias de protección militar, al desmantelar todo su ejército, luego de forzar la salida del entonces dictador Sadam Hussein), y quienes se han venido apoderando de importantes espacios en diversos territorios de esas naciones, no se comprende el por qué mientras las prácticas perversas de este grupo, como la ablación,  (mutilación de los órganos genitales femeninos) son condenadas por las empresas mediáticas y corporativas de la comunicación,  leyendo informes emitidos por la Organización de Naciones Unidos (ONU) o diferentes gobiernos del mundo, carecen de la moral y la ética cuando su afasia se apodera ante el terrorismo que ejecutan los gobiernos petroleros del mundo contra sus pueblos, cuando observamos que esa misma ablación también se practica por "cultura" en  países de esa región, como la propia Arabia Saudita. 
 
No obstante, hay que dejar claro que el Islam es una milenaria concepción del pensamiento religioso. El Corán (primer libro escrito en lengua árabe) está lleno de esperanza y palabras que asocian la vida de los seres humanos en vínculos de amor, fe y disciplina de entrega y sacrificio por auténticos valores y principios apartados de las inmundicias que vivimos en el planeta. El llamado "estado islámico" no representa la voluntad ni el pensamiento de millones de personas que practican tal religión como forma de existencia en su naturaleza de vida.
 
La tragedia que ha sacudido a Francia y El Líbano en ataques terroristas, es probablemente ínfimo ante el ataque de hambre y miseria que viven los refugiados de Asia, África, América Latina, y obviamente los pueblos de los países petroleros por causas de cruentas guerras civiles o la explotación irracional de sus recursos naturales,  sin la valoración de aquellos Derechos que emergieron hacia finales del siglo XVIII desde la Revolución Francesa.
 
La "Ciudad de las Luces" ha visto, quizás por primera vez en su historia contemporánea, el cómo fuerzas oscuras lograron apagar la vida que día a día se oscurece para millones de seres en el planeta por causa de la irracionalidad y el pensamiento de unos pocos. Ningún pueblo merece que esos pocos, por venganza, odios,  malignidad o mezquinos intereses sigan destruyendo lo que a todos nos pertenece: un mundo mejor. A propósito de ser ciego, quien tenga ojos que vea.


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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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