Setenta años de la derrota del fascismo

El 7 de noviembre del 2007 se cumplieron 90 años de la Revolución Rusa de 1917, conocida como La Revolución de Octubre, sin duda alguna, el acontecimiento más importante que estremeció el siglo XX, así como la Revolución Francesa estremeció el siglo XVIII.

La reinstauración de la monarquía no impidió que la Revolución Francesa (1789) dejara un extraordinario legado a la humanidad: creara las repúblicas; guillotinara la monarquía absolutista; estableciera la división entre la Iglesia y el Estado; y sembrara en las conciencias la consigna de libertad, igualdad, fraternidad, más el legado de los derechos del hombre y del ciudadano. Con la Revolución Francesa nace la democracia. Grecia aporta el nombre, mas no la práctica, por cuanto era un Estado esclavista.

¿Qué se conmemora en este setenta aniversario de la derrota del fascismo por la Unión Soviética? Se conmemora: el legado de la lucha revolucionaria; la derrota del nazismo (fascismo); el extraordinario éxito de la reconstrucción de la Unión Soviética finalizada la Segunda Guerra Mundial; y el socialismo como aspiración suprema de los pueblos del mundo: todo el poder a los soviets.

Si este es el legado, ponerle apellido de Socialismo del Siglo XXI es plegarse a la campaña mediática capitalista de desprestigio, por cuanto los intentos habidos y fracasados, no son del socialismo. Son de quienes intentan implementarlo y fracasan en el empeño.

Hay múltiples ejemplos y formas de demostrar la fortaleza y éxitos del socialismo. Una de esas fortalezas radica en la trascendencia del socialismo que en 1917 lanzó la consigna, todo el poder a los soviets. Presente en la derrota del nazismo hace setenta años. Y presente en la recuperación de la Unión Soviética al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Las agresiones contra la Revolución de Octubre (1917), financiadas por el imperialismo mundial, buscaban frenar, impedir la Revolución Socialista desde el mismo momento que se instaló el poder de los Soviets. Guerra de agresiones que dieron origen al Ejército Rojo que derrotó las 45 invasiones organizadas por los "rusos blancos", zaristas, contra la Revolución Socialista.

Cuando los ejércitos nazis en la Segunda Guerra Mundial lanzan la campaña contra la Unión Soviética, tenían muy claro que ese era el enemigo a vencer, por cuanto los otros países, Inglaterra, Estados Unidos, Francia, eran de la misma calaña capitalista y fascista (Churchill, Roosevelt, De Gaulle). La furia de los ejércitos nazis en su avance hacia Moscú, fue de destrucción total de la infraestructura agrícola, manufacturera y agroindustrial que en 23 años, desde 1917, el socialismo había forjado en medio de invasiones, terrorismo y sabotajes financiados por el capitalismo, contra el proletariado ruso, vanguardia de la Revolución Socialista Mundial. Hitler y Mussolini eran instrumentos del capitalismo para destruir el socialismo de la Unión Soviética.

Ni el curso de la guerra ni la derrota del fascismo se decidió en Normandía o el Norte de Africa. Esa es la versión jolivudense de la Segunda Guerra Mundial. Los escenarios reales, decisivos, fueron; Moscú, Leningrado, Stalingrado y Kursk donde se libró la mayor batalla de blindados.

Vale revisar las pérdidas militares alemanas en el frente ruso y las pérdidas militares en el desembarco de Normandía: (1)

En el frente ruso el Tercer Reich perdió 10 millones de soldados y oficiales muertos, heridos y desaparecidos; 48.000 blindados y vehículos de asalto; 167.000 sistemas de artillería; 607 divisiones fueron destruidas. Todo ello representa el 75% de las pérdidas totales alemanas en la Segunda Guerra Mundial. Esa derrota del ejército nazi es lo que se conmemora en este setenta aniversario, La Gran guerra Patria de la Unión Soviética, contra el nazismo.

La diferencia con Normandía en la escala militar es aplastante por cuanto se registraron 10.000 muertos aliados: 4.300 de ellos británicos y canadienses y 6.000 estadounidenses. En las grandes batallas libradas en territorio ruso, los muertos se contaban en centenares de miles. En el Alemein, (Libia), una batalla importante del otro frente, los alemanes disponían entre 60.000 y 70.000 soldados. Sólo en la batalla de Moscú participaron unos 3 millones de soldados y 2.000 tanques. La URSS utilizó allí la mitad de su ejército, Alemania dos terceras partes. La guerra en el frente ruso era de vida o muerte, muy diferente a la guerra en el Oeste de Europa. En la Unión Soviética, ciudades y pueblos eran destruidos, frecuentemente con sus habitantes. Murieron uno de cada cuatro habitantes de Bielorrusia, uno de cada tres de Leningrado.

Mientras en el territorio de la URRSS se libraba La Gran Guerra Patria contra el ejército hitleriano, el ejército anglo/estadounidense realizaba juegos de guerra en el Norte de África. El esfuerzo anglo/estadouni- dense en Europa no empezó hasta que, en 1943, quedó claro que la URRSS había parado el embate del ejército nazi y la derrota de Alemania era inevitable. Si las cosas le hubieran salido bien a Hitler en el frente ruso ¿Se hubiera preparado la invasión de Normandía? Desde julio de 1941, Stalin pedía la apertura de un "segundo frente", un desembarco aliado que aliviara la presión contra la URRSS. La respuesta se demoró, por la convicción que tenía Churchill de la derrota de la URRSS. Pero, al tener la evidencia que Alemania era derrotada en el frente ruso, entonces comenzaron los preparativos de la apertura de un Segundo Frente, no para contribuir a la derrota del nazismo, sino, para impedir que el Ejército Rojo avanzara incontenible sobre Europa. ¿Cuántas muertes se hubieran evitado si se atiende el pedido de Stalin en 1941 de abrir el Segundo Frente?

¿Cuál fue la respuesta al pedido de Stalin? El desembarco anglo/estadounidense en lugares sin importancia militar estratégica. El ejército anglo/estadounidense desembarcaba en los lugares más alejados y menos relevantes que contribuyeran a aliviar la presión sufrida por la URSS: primero, en el norte de África (noviembre de 1942); luego en Sicilia (julio del 43); a continuación dos veces en Italia continental (en septiembre del 43 y en enero del 44); y sólo a menos de un año del fin de la guerra (en junio del 44) en Normandía.

En el invierno de 1941 los alemanes estaban a las puertas de Moscú. En aquel año la URRSS sufrió la mitad de las bajas militares de toda la guerra, 9 millones entre muertos, heridos y prisioneros, o sea, dos terceras partes de los 27 millones de civiles soviéticos muertos en la guerra, pero sólo recibió el 2% del total de los suministros que sus "compañeros" de coalición le enviaron durante toda la guerra.

Cuando los aliados occidentales vieron que el ejército soviético ya hacía 6 meses había llegado a la frontera polaca, se dieron prisa si querían tomar alguna posición en Europa y evitar que "los rusos" llegaran de nuevo a París como habían hecho en el pasado.

De la actitud de las "democracias" ante el fascismo, en vísperas de la guerra, y de sus parentescos imperiales con Hitler y Mussolini, apenas se habla. Seguramente por el gran parecido actual, cuando los Estados Unidos surgen como los herederos del Tercer Reich (invasión a Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, Siria, Ucrania, Colombia).

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, aquellos políticos "democráticos" de Europa y América (Churchill y Roosevelt), que según la campaña mediática surgirían como "salvadores de Europa", mantenían un idilio con Hitler y Mussolini (el faschio y el nazismo) como contraposición a la Revolución Socialista en la Unión Soviética.

Estados Unidos había apoyado al dictador italiano desde su llegada al poder en 1922. Los grandes empresarios estadounidenses Vanderbilt (ferrocarriles), Carnegie (acero), Rockefeller (petróleo), Ford, Kennedy, Bush, sentían gran admiración por el nazismo y aportaron el petróleo y el acero que Alemania necesitaba para su desarrollo luego de la derrota en la Primera Guerra Mundial. En el Tratado de Versalles, se le prohibía a Alemania tener ejército, así como todo desarrollo armamentista, lo cual fue burlado por Hitler y en forma clandestina montaron fábricas de armas con acero de Carnegie, Petróleo de Rockefeller, ferrocarriles de Vanderbilt.

Los desmanes de Hitler se comprendían, se aceptaban porque conjuraban la amenaza bolchevique. En los años treinta, las inversiones americanas en Italia y en la Alemania fascista no disminuían, sino aumentaban. Veamos lo que dice Lord Halifax, Secretario de Exteriores británico. Hitler ha prestado grandes servicios no solo a Alemania, sino a toda Europa Occidental, al cerrar el paso al comunismo (…) por eso es legítimo ver en Alemania un muro de contención occidental del bolchevismo.

En la conspiración militar para asesinar a Hitler (liderada por Rommel), participaba Churchill, con el convenio a posteriori de unir los ejércitos alemanes, inglés y estadounidense para lanzarlos con todo su poderío militar contra la Unión Soviética y destruir la revolución socialista. (Documentos secretos desclasificados).

Las batallas de Moscú y Stalingrado mostraron la fortaleza del proletariado soviético y cuando ya el último esfuerzo parecía sucumbir ante el avance del ejército nazi, se lanza la contraofensiva y desde ese momento, hasta la toma de Berlín y el izamiento de la bandera roja de la hoz y el martillo en el edificio del Reichstag, nada contuvo el avance demoledor del Ejército Rojo. Fue el gran triunfo del socialismo, de su vanguardia proletaria proyectada en el Ejército Rojo y de su retaguardia proletaria, que en las fábricas de armas y suministros, mantuvo el esfuerzo prodigioso que demolió a la Alemania nazi. Aquella gesta gloriosa ¿no es acaso elocuente demostración del éxito del socialismo y la capacidad de creación del proletariado? Esa gran gesta gloriosa es la que se conmemora en este setenta aniversario de la derrota del fascismo por el proletariado de la Unión Soviética.

De los 52 millones de muertos reportados oficialmente que ocasionó la Segunda Guerra Mundial, 27 millones fueron de la Unión Soviética, de los cuales 20 millones eran población civil. De los 70 millones de heridos, 40 millones eran soviéticos. El 70% de la economía quedó totalmente devastada, 140 mil aldeas y ciudades destruidas, millones de viudas y huérfanos, epidemias, hambrunas y enfermedades sin precedentes sufrió la patria de Lenin y Stalin. Nada de este horror devastador ocurrió en los Estados Unidos. Fue el verdadero HOLOCAUSTO y no, el que se atribuyen los judíos/sionistas.

Aquella gesta gloriosa es la demostración más elocuente del éxito del socialismo. Con sus propios recursos, sin la ayuda de nadie, con el esfuerzo del proletariado y campesinado, diez años después del final de la guerra (1946/1956), ya la URRSS era potencia atómica, tenía en órbita el primer sputnik y pocos años después, los primeros cosmonautas circunvolaban la Tierra. Todo el desarrollo fabril, agrícola, científico, tecnológico, logrado en pocos años, es la gran demostración de los éxitos del proletariado y del socialismo.

Esa es la gran conmemoración en este setenta aniversario.

(1) Rafael Poch, La Vanguardia. Publicado por Diario de Pekín, 4 de junio del 2004.



Esta nota ha sido leída aproximadamente 1486 veces.



León Moraria

Nativo de Bailadores, Mérida, Venezuela (1936). Ha participado en la lucha social en sus diversas formas: Pionero en la transformación agrícola del Valle de Bailadores y en el rechazo a la explotación minera. Participó en la Guerrilla de La Azulita. Fundó y mantuvo durante trece años el periódico gremialista Rescate. Como secretario ejecutivo de FECCAVEN, organizó la movilización nacional de caficultores que culminó en el estallido social conocido como el ?caracazo?. Periodista de opinión en la prensa regional y nacional. Autor entre otros libros: Estatuas de la infamia, El Fantasma del Valle, Camonina, Creencia y Barbarie, EL TRIANGULO NEGRO, La Revolución Villorra, los poemarios Chao Tierra y Golongías. Librepensador y materialista de formación marxista.

 leonmoraria@gmail.com

Visite el perfil de León Moraria para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



León Moraria

León Moraria

Más artículos de este autor