Raíces de la satanización de Corea del Norte

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La capacidad de crear imágenes satánicas de sus enemigos ha alcanzado
niveles extraordinarios en los medios sometidos a la influencia de la
propaganda de guerra estadounidense.

¿Quién no recuerda a Saddam Hussein o a Muamar el Gadafi, etiquetados
por una campaña mediática implacable como parias internacionales,
encarnaciones del mal?

Para cualquier observador cuidadoso era evidente lo contradictorio de
tal diabólica calificación de estos personajes que fueron cercanos a
occidente y acabaron sumariamente ejecutados, uno cuasi-legalmente y
el otro masacrado por los bandidos "amantes de la libertad", con la
imagen que de ellos proyectaban los medios corporativos
estadounidenses y sus satélites de todo el mundo cuando cooperaban con
los intereses petroleros cercanos a Estados Unidos y Europa.

Con el anterior preámbulo, el comentarista político marxista
norteamericano Zoltan Zigedy inicia una enjundiosa evaluación de los
mecanismos de que se vale Washington para desprestigiar a la República
Popular Democrática de Corea y sus dirigentes políticos, que resisten
estoicamente el cerco que les aplica occidente.

Kim Jong-un, el actual líder de la RDPC, nieto de Kim Il-sung,
fundador de esa nación y figura reverenciada como líder de la
resistencia contra los invasores japoneses, es la tercera generación
de una familia que se ha desempeñado en el cargo de líder del país.
Medios de opinión occidentales invariablemente se burlan de esta
afición por la sucesión familiar, mientras aprueban la regla
hereditaria de más de 80 años en Arabia Saudita y la de los Husseins
en Jordania, gobernantes desde la independencia que nunca son
ridiculizados por la prensa occidental porque han sido compatibles con
amigos de los líderes estadounidenses y europeos.

Según explica Zigedy, durante la era soviética, la RPDC mantuvo
relaciones formales con la comunidad socialista europea pero
insistiendo en su política exterior en su camino independiente y en la
aplicación coherente de una filosofía que sus dirigentes llaman Juché.
La Guerra de Corea (1950-1953) comenzó cuando el Consejo de Seguridad
de la ONU, manipulado por Estados Unidos, aprobó una resolución para
intervenir con sus tropas en un conflicto interno en la península
coreana. La guerra terminó con el armisticio (tregua) de Panmunjon,
sin tratado de paz, lo que confiere vigencia a la resolución de la
ONU que amparó la intervención norteamericana.

La postura de Corea del Norte en el plano internacional se ha basado
en las experiencias de esa guerra que dejó como saldo la destrucción
casi total en la parte norte de la península coreana que hoy
constituye la RPDC, por efecto de la aplicación por Estados Unidos de
una política militar de "poderío aéreo y tierra arrasada".
Tras el fracaso estadounidense en su empeño de dominar a toda la
península y surgir como país independiente Corea Popular y
Democrática, los dirigentes comunistas fundadores de la nación
proclamaron la determinación de encontrar un elemento disuasivo para
evitar la repetición de la catástrofe: la creación de una capacidad
defensiva de armas nucleares propia.

A la luz de los propósitos de Estados Unidos y la OTAN de reordenar el
mundo a la imagen y conveniencia de Occidente desde la desaparición de
la Unión Soviética, esa decisión parece, en retrospectiva, haber sido
prudente y eficaz explica Zoltan Zigedy.

A pesar del hecho de que la RPDC ha permanecido en paz durante más de
sesenta años, el gobierno estadounidense y los medios de comunicación
que le son serviles, han mantenido contra ella una implacable campaña
de calumnias y belicosidad.

Como en el caso de Cuba en el hemisferio occidental, la RPDC es
invariablemente representada en los medios corporativos de todo el
mundo como una tierra de prisiones y privaciones.

La RPDC es una obsesión diplomática para Estados Unidos, pero, aunque
la nación asiática no suele tomar ofensas o insultos a la ligera,
siempre ha ofrecido repatriar incondicionalmente a ciudadanos
estadounidenses acusados o encarcelados por distintos actos ilegales,
como aquellos protagonizados por proselitistas evangélicos
supuestamente empeñados en llevar el cristianismo a los paganos.
Como los misioneros de imperios anteriores, sirven a la vez a dos
maestros -Dios y el imperialismo- para domar a los paganos. Las
autoridades norcoreanas sólo piden a Estados Unidos que envíe
funcionarios de alto rango para facilitar la repatriación, sutileza
diplomática diseñada para que ninguna de las partes aparente someterse
a la otra.

Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos inalterablemente actuará
declarándose comprometido a derrocar al gobierno de la RDPC, lamenta
el periodista estadounidense en su blog "ZZ".



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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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