La crisis y la contradicción fundamental de nuestro tiempo

Si algo debemos conocer los hombres y mujeres del tiempo histórico en el que vivimos, es que en éste se están dando los cambios más significativos que han ocurrido por lo menos en los últimos cien años, esta era corresponde a los tiempos de los grandes procesos revolucionarios.
Quizás el análisis del recién finalizado siglo XX, nos deja ver que es una de las épocas vividas que nos aporta mayores conocimientos acerca de las diversas crisis del sistema capitalista mundial, y sus consecuentes salidas que terminaron en revoluciones socialistas y sus intentos fallidos.

Pero también fuimos testigos, quienes logramos sobrevivir a la vorágine de los anales de esta historia reciente, de los errores cometidos por los movimientos de izquierda y los gobiernos que dicen ceñirse a este sistema de pensamiento, al conducir los difíciles procesos enmarcados en los signos de un capitalismo globalizado.

Si bien es cierto, las revoluciones que se sucedieron en la mayoría de los casos, no contenían en sus inicios una salida revolucionaria o socialista a la crisis, también es cierto que estas propuestas no estuvieron ausentes en los planteamientos de los revolucionarios de esos tiempos, por lo menos en la cabeza de los hombres y mujeres que conducían tales acontecimientos. El ataque imperialista a las luchas por la liberación nacional de la mayoría de los pueblos, los llevó inevitablemente a formar parte de las posiciones hegemónicas o de los bloques de clase de su tiempo; esto significa que, o se está del lado del capitalismo y su sistema depredador, o se está del lado del pueblo y su lucha revolucionaria.

Hoy en pleno siglo XXI vuelve a aparecer la misma disyuntiva, y no puede ser de otra forma, en el mismo instante en el que escribo este artículo me llega la noticia de que los partidarios de la izquierda ganan las elecciones en Grecia, luego de grandes devastaciones que causó en ese país la aplicación de medidas de cortes neoliberales aplicadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea. En Grecia, la izquierda ganó las elecciones con un 35%. "Un fantasma recorre al mundo"… El capitalismo se creyó su mismo cuento de que Karl Marx está muerto y enterrado.

Con la caída del Muro de Berlín y el fracaso del llamado socialismo real en los países del bloque soviético, la hegemonía del imperialismo norteamericano se hizo casi planetaria, las economías de la mayoría de los países quedaron subordinadas a sus designios, mientras que el neoliberalismo como ideología emergente de esos nuevos tiempos campeaba augurando por todo el planeta la muerte de las ideologías, el fin de la historia y el entierro de la lucha de clases como elemento dinamizador y motor de la historia, tal y como era propugnada desde el siglo XX por Karl Marx y sus antecesores.

Muy poco duró el festejo del capitalismo hegemónico. A finales de los noventa, al igual como se vino abajo el muro de Berlín, también los recién nacidos partos del neoliberalismo fueron presa del desbordamiento de las mal llamadas "explosiones sociales", con ello, reapareció la supuesta muerta y enterrada lucha de clases y revivió –tal cual ave fénix- la confrontación social.
Ahora son las grandes masas humanas, sin contar siquiera con organizaciones ni partidos de vanguardia, quienes asumen portentosas acciones callejeras en contra de los paquetes neoliberales implementados por las máximas instituciones representantes del capitalismo: el Banco Mundial y el FMI.

Estallidos sociales se colocan a la orden del día en casi todos los rincones del mundo y en las mismas metrópolis capitalistas explota una crisis sin precedentes en su historia: la recordada y escandalosa burbuja financiera; apuntando hacia el retorno de la lucha de clases, esta vez en dimensiones planetarias. Sin embargo, ahora el ingrediente ya no es la tradicional contradicción entre ideologías de izquierda y derecha, entre proletarios y burgueses; en la actualidad se presenta el agregado de los movimientos nacionales, partidos progresistas, movimientos sociales, sectores arruinados por el neoliberalismo, redes sociales, comunidades del conocimiento, entre otros. En sí, la lucha social o la lucha de clases también se ha globalizado, pero esta vez de manera exponencial, es decir, planetaria.

Son los pueblos quienes han decidido enfrentar directamente a sus enemigos históricos, los tiempos de la democracia protagónica se asoman a la aurora de la historia mientras que la democracia representativa pasa a un segundo plano, los invisibilizados por la historia oficial aparecen como fantasmas a pleno día.


Éste es el gran problema de nuestro tiempo, nos encontramos en un mundo complejo, repleto de profundas contradicciones, y si a ello le sumamos, el peligro de la crisis global ambiental, pues la cosa como que no luce bien para los amos del capital y sus expresiones locales.

Los procesos de integración económica de los países latinoamericanos y las contradicciones en el seno de los bloques hegemónicos, así como la nueva recomposición de la macro política internacional (China y Rusia) juegan hoy por hoy un rol más deliberante. La crisis de Grecia, España y Europa, aunadas a la inestabilidad en el mal llamado Medio Oriente, sugieren que estamos en presencia del advenimiento de un tiempo diferente que nos corresponderá transitar a los hombres y mujeres de hoy; un tiempo que tiene pocos precedentes en los anales de la historia, más allá de la recurrente y cíclica crisis del sistema capitalista. Cuando se afirma de manera acertada, el carácter profundo de la crisis, debe asumirse de igual forma, la capacidad de maniobra que aún posee el capitalismo como sistema, estamos aceptando que su caída no es inminente, el derrumbe total de este sistema sólo depende de la fuerza consciente y organizada que puedan acumular los trabajadores y sus aliados contra la paradoja histórica del sistema de explotación capitalista y sus aliados.

De la correcta lectura que hagamos del momento, de la ubicación que se tenga, de este elemento y otros que en este escrito se me escapan, depende el avance y triunfo definitivo del pueblo contra su enemigo histórico: el imperialismo planetario como expresión superior del sistema de explotación capitalista.


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Arnaldo Guédez


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