La era Betancourt. Fidel Castro visita a Betancourt en busca de alianza. “Disparen primero, averigüen después”. (Parte I)

Apenas Betancourt fue electo presidente de la República, recibió la visita de Fidel Castro, quien no hacía mucho había bajado vencedor de la Sierra Maestra; no es mucho lo que se sabe acerca de aquella conversación privada entre aquellos personajes. La “Fundación Rómulo Betancourt”, se limita a decir lo siguiente:

“Su encuentro con el candidato no es tan afortunado: la falta de empatía es manifiesta desde el primer momento y posteriormente, las relaciones entre ambos gobiernos se dificultaron hasta llegara a la ruptura”.

Al día siguiente de aquella entrevista en cada rincón de Venezuela se sabía que había resultado un fracaso; todos, de un lado u otro, incluso dentro del partido de gobierno, donde existía una fuerte tendencia izquierdista que recibió con entusiasmo a Fidel Castro, tanto que el líder de ella Domingo Alberto Rangel, esa tarde en el Congreso de la República en un discurso de orden le llamó “hijo de Venezuela, porque Venezuela es madre de libertadores”, estaban conscientes que allí no había posibilidad de acuerdo alguno.

No había mucho que pensar sobre el asunto; pues los propósitos de Betancourt eran claros, estaban definidos desde muchos años atrás y durante su primer gobierno dio muestras de ello. Su mayor interés era mantenerse en el poder y estaba dispuesto a lograrlo manteniendo muy buenas relaciones con los Estados Unidos. Sus vínculos con Rockefeller seguían sólidos y este continuaba siendo un personaje importante en el mundo de las finanzas y de los negocios petroleros. Los de Castro eran otros; ya había concebido la necesidad de abrir un frente de combate contra el imperialismo y venía a Venezuela en busca de respaldo. No es extraño, por los antecedentes de Betancourt, sus viejas amistades con “Manuel Urrutia, Oswaldo Dorticós y sobre todo Raúl Roa”, como afirma Edgardo González Medina en “Venezuela, Capitalismo de Estado, Reforma y Revolución”. Para este mismo autor:

“Inicialmente para los cubanos, Betancourt era el líder capaz de incidir en una estrategia de enfrentamiento contra los Estados Unidos, porque había sido uno de los principales dirigentes del Partido Comunista de Costa Rica y miembro del supuesto Buró del Caribe de la III Internacional”.

No obstante quien esto dice, pasa por alto, que posterior a los hechos que menciona, desde 1941 aproximadamente, Betancourt ha dado fe de anticomunista, hombre de la derecha y con fuertes vínculos con la cúpula del capital gringo. Su conducta frente al gobierno de Medina, durante su período de gobierno y posterior mayor acercamiento a los círculos políticos y financieros de los EEUU, no ofrecían duda alguna acerca de sus propósitos. Lo que no niega en ningún caso, que Fidel, en cierto modo obligado por razones diplomáticas y por el respaldo que el gobierno de Wolfgang Larrazábal y particularmente los venezolanos habían ofrecido a los combatientes de la “Sierra Maestra”, vino de visita a Venezuela y aprovechó para sondear como estarían las cosas con el gobernante que acababa de ser electo.

Pero a falta de más información sigamos al autor antes mencionado quien sobre aquel encuentro dice lo siguiente:

“Betancourt le describe al líder cubano las enormes dificultades económicas que espera para Venezuela durante su gobierno, en particular el pago de la deuda externa, la confrontación contra la reacción medinista-péresjimenista, la amenaza del sector militar en su mayoría ansioso de retornar al poder, también le expone la imposibilidad de que Venezuela le entregue petróleo a Cuba directamente y sobre todo, lo difícil de que sea a crédito, debido al control que tenían las compañías transnacionales sobre la producción y comercialización del petróleo venezolano”.

Según la fuente que manejamos:

“Castro le habría dicho a Betancourt que estatizaría las empresas batisteras y norteamericanas, y éste le recomendó, según afirmó en sus memorias, que lo hiciera indemnizándolas o con la promesa de indemnización para disminuir las consecuencias dentro de los EEUU”.

Como dice Orlando Araujo, en “Venezuela Violenta”, editorial El Perro y la Rana, edición del 2012, pág. 167, en 1945, Acción Democrática, por la vía violenta asciende al poder:

“llevada por un golpe militar, pero lejos de luchar por un cambio revolucionario, Rómulo Betancourt suscribe con Nelson Rockefeller un acuerdo para establecer empresas industriales mixtas que amplíen los negocios de éste último hacia los sectores agrícola e industrial”.

Lo que nos permite reiterar, no creemos que Castro se haya formulado muchas esperanzas con Betancourt, quien ya jugaba un juego demasiado abierto para engañar a alguien tan suspicaz como el líder cubano.

El “Pacto de Punto Fijo”, fue si se quiere un acto macabro pero ingenioso, para hacer parir de lo que fue un círculo de gobernantes de “demócratas” una dictadura feroz. Algunos, como Caldera y Villalba, volvieron a caer en la trampa de años anteriores, de los golpes de cuartel de la década del cuarenta y otros nuevos se prestaron para que aquella trampa se instalase en Venezuela por años.

Pero el Pacto de Punto Fijo recibió un rudo golpe. AD se había dividido y nacido de su seno una agrupación multitudinaria, que arrastró tras de sí más del 90 % de los jóvenes militantes del partido, la gran mayoría de la dirigencia y base del movimiento obrero, parte del campesinado e integrantes de la Federación Campesina, el movimiento estudiantil, que en principio se llamó Acción Democrática de Izquierda, que al constituirse formalmente optó por el nombre de Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), encabezado por Domingo Alberto Rangel, Simón Sáez Mérida, Carmelo Laborit, Moisés Moleiro, Américo Martín, Rómulo Henríquez hijo, Julio Escalona, etc.

El MIR restó una elevada cantidad de diputados a AD y algunos pocos senadores, llegando a configurar una fuerte representación parlamentaria.

En el seno de URD, partido firmante del Pacto de Punto Fijo e integrante del gobierno que presidía Betancourt, creció un fuerte sector izquierdista, solidario con la Revolución cubana, entre quienes destacaban Fabricio Ojeda, José (Cheíto) Oropeza, Víctor José Ochoa y otros. Grupo que gozaba de la simpatía de José Vicente Rangel, Ignacio Luis Arcaya y hasta el propio Jóvito Villalba.

El 22 de julio, por iniciativa de José Herrera Oropeza, Fabricio Ojeda, ambos de URD, Pedro Ortega Díaz (PCV) y Jesús María Casal (MIR) se aprobó un rotundo respaldo a la Revolución cubana.

A todas estas, Estados Unidos se había propuesto sancionar a la Cuba revolucionaria, aislándole diplomáticamente del resto de América Latina; una de esas metas sería expulsarle de la OEA de la cual había formado parte desde su fundación, y quizás aplicarle La Carta Interamericana; es decir invadirla con la ayuda y respaldo de todos los integrantes de la OEA.

El 17 de marzo de 1960, el presidente de Estados Unidos entonces, Jhon Eisenhower aprobó el “Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro”.

En esa oportunidad, según Eugenio Suárez Pérez, en “Hace 50 años: VII Reunión de Cancilleres OEA” (01-10-2010) o Conferencia de San José, Eisenhower expresó: “Se trata que la OEA nos ayude”.

Por solicitud concertada del gobierno de Perú, siendo presidente Manuel Prado Ugarteche, país donde la inconformidad popular e inestabilidad habían llegado a un muy alto nivel, tanto que dos años después sería víctima de un golpe de Estado orquestado por el Departamento de Estado, la OEA convocó la VII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores para celebrarse en San José, Costa Rica, para el 29 de agosto de 1960. Pagaba así Manuel Prado a Estados Unidos le mantuviesen un tiempo más en el poder.



Betancourt se encontraba entre los más entusiastas por acompañar a Estados Unidos, sobre todo porque su situación no era muy envidiable, confrontaba una aguda crisis económica, tenía frente así una muy fuerte oposición y necesitaba de manera vital el visto bueno de Estados Unidos. Por esas circunstancias, como presidente y jefe absoluto en materia de política internacional por disposición constitucional, decide que el voto de Venezuela fuese favorable a las intenciones de aquél gobierno – el de Eisenhower – y en contra del hermano país de Cuba. Eran además, otros tiempos, cuando el dominio de EEUU sobre América Latina era casi total y la OEA su “ministerio de colonias”, como la llamase Raúl Roa, el entonces canciller cubano.

Según versión de Alberto Rodríguez Barrera, en “La disolución del Pacto de Punto Fijo a la modernidad”, URD aprobó ordenar al Canciller Ignacio Luis Arcaya, no votar en favor de la “Declaración de San José”, destinada a condenar a Cuba y expulsarla de la OEA. El mismo autor antes mencionado, hace mención a unas declaraciones de Villalba, no sabemos si con anterioridad o no, a la decisión de Arcaya, según las cuales:

“La Revolución cubana es de trascendencia histórica y la suerte del movimiento democrático latinoamericano está unida a la suerte de la revolución cubana”.

El padre José Virtuoso en la revista SIC del Centro Gumilla, edición de septiembre-Octubre de 1990, al hablar de aquellos acontecimientos, lo hace de la manera siguiente:

“Esta Conferencia fue convocada por la OEA para tratar acerca de la intromisión de potencias extracontinentales, concretamente de la URSS y China Continental en la vida económica, política y social de los países miembros de la organización. El Canciller Arcaya dirige una vana lucha para lograr una doble enmienda a la resolución que había propuesto Estados Unidos en el sentido de que se condenara todo tipo de intromisión extracontinental en América y pedía a los países latinoamericanos que actuaran en forma conjunta e instantánea para repeler cualquier intervención extranjera. Por una parte, propuso Arcaya, debe quedar claramente establecido que el rechazo a cualquier intervención extracontinental no menoscababa el derecho de los países latinoamericanos a establecer relaciones diplomáticas y comerciales con todos los países del mundo. Por otra parte, se hacía necesaria la inclusión de un párrafo en la resolución que rechazara también cualquier intento de intromisión intracontinental”.

Como Betancourt optó por la proposición de Estados Unidos, según Virtuoso, Arcaya “pidió consejo al Comando Nacional de URD y decidió renunciar” al cargo de Canciller.

Según Enrique Tejera París, mencionado por Roberto Lovera De Sola, en “Cuando Venezuela Tenía Razón”, del 26-10.2013, hablando de Jóvito Villalba dice:

“Pero se fue, mal aconsejado, por un atajo, que no tenía salida. El voto, no autorizado, de Ignacio Luis Arcaya, en San José de Costa Rica, fue un grave error; los urredistas no vieron con inteligencia el sucederse latinoamericano de aquella hora. Desde luego el voto de Arcaya no había sido autorizado por el Presidente, jefe de nuestras relaciones exteriores, y Arcaya quedó fuera de juego”.

Las citas anteriores coinciden en que Arcaya actuó por orden de su partido, incluso hay una versión, según la cual, recibió una llamada de Luis Miquilena, un hombre para aquel momento no ubicado en la izquierda de URD. Así lo hacían saber los jóvenes izquierdistas de ese partido con quienes tanto compartimos. No obstante era visible su reticencia contra AD.

Pero hay una circunstancia que llama la atención. ¿Cómo entender que pese la natural iracundia de Rómulo Betancourt, y habiendo URD, como partido y particularmente Jóvito Villalba “ordenado” al Dr. Arcaya tomar aquella decisión tan trascendente que constituyó un desafío al gobierno de Estados unidos y al venezolano mismo, no se hubiese roto el Pacto de Punto Fijo, retirándose URD voluntariamente o a solicitud del presidente? Es difícil comprender que Betancourt, ante aquella toma de posición del partido aliado que retaba su decisión, para él de gran significado en aquel momento, por lo que eso significaba en sus relaciones con Estados Unidos, intentase aún que no se rompiese el Pacto de Punto Fijo aún a sabiendas de las dificultades internas por las cuales atravesaba? ¿Cómo comprender que Villalba, yéndose al extranjero por un tiempo y URD, se tomasen un tiempo bastante largo, tomando en consideración la magnitud de la crisis y los rasgos personales el presidente, poco propenso a la condescendencia en determinados niveles y estando de por medio sus vínculos con Estados Unidos y al final se diez el lujo de poner condiciones para quedarse, pese que las mismas no tuviesen gran significación sino el condicionamiento mismo?

Por las consideraciones anteriores, no obstante, por la trascendencia de lo acontecido, el desconocimiento a una decisión del presidente, responsable único, por disposición constitucional de las relaciones internacionales, y la conocida conducta de Betancourt, poco dado a la tolerancia y permisibilidad, ¿cómo entender que habiendo sido aquella una decisión de URD y su Comando Nacional y al frente del mismo Jóvito Villalba, no se hubiesen roto inmediatamente las relaciones dentro del gobierno y sólo casi tres meses después, es URD quien decide retirarse, habiendo puesto condiciones nada difíciles e inaceptables para quedarse?

Por lo anterior, pareciera más sensato pensar, como lo escuchamos entre los jóvenes urredistas izquierdistas de nuestra generación, aquella toma de posición de Ignacio Luis Arcaya, obedeció a un acto personal de conciencia y a sabiendas que en aquel momento, contrariamente a lo afirmado por Tejera Paris, la mayoría del pueblo venezolano y la gente de URD, compartía su actitud.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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