Las malditas guerras

No cabe duda, los montones de guerras ocurridas en el mundo han sido y son responsabilidad de los ricos poderosos con la finalidad de apropiarse de las riquezas y de los territorios ajenos. Los sin nada jamás han desatado una conflagración bélica, sencillamente, nunca podrán arrebatarle a otros iguales a ellos, más allá de la miseria y el hambre que los azota. En todo caso, aquellos son utilizados como carne de cañón por los acaudalados. En verdad, los fastos de la historia nos narra que siempre han sido los miserables imperios, mediante alguna justificación, los promotores de las contiendas militares. Bien sea para llevar la civilización a una región que ellos consideren bárbara o bien, por motivos religiosos, también por una inopinada delimitación fronteriza o por cualquier vaina que se le ocurra al imperialista.

Los antiguos incas se apoderaron de los territorios de la zona del antiplano y de la sierra andina con el argumento de imponer a los otros pueblos la adoración del dios sol; los aztecas azotaron a otras poblaciones para llevarles su modelo de civilización. Esto les valió a los españoles, al arribar a América encontrando las diversas tribus divididas y enemistadas, la conquista de estos pueblos guerreros. Todo por el afán de los intrusos de confiscar las tierras y los patrimonios ajenos. Este mismo procedimiento lo vimos con los mongoles liderados por los kanes, los otomanos que llegaron hasta Buda (Hungría), los romanos en su empeño de llevar el progreso hacia los pueblos bárbaros de Europa (la excusa); el afán de los papas de imponer el cristianismo en América y en el Medio Oriente (otra excusa); las guerras del siglos XIX, XX y XXI de los grandes imperios (inglés, francés, belga, alemán, español, Vaticano y luego EEUU) en su empeño imponer un modelo político similar al que los grandes poderes económicos tenían en sus naciones; en un principio la monarquía y luego la democracia occidental (más excusas). En verdad, no eran más que alegatos para llevar guerras inhumanas más allá de sus demarcaciones con los siguientes objetivos: el de los acaudalados, aumentar sus capitales y en el peor de los casos, el de los fabricantes de armas, para vender sus artilugios de la muerte para probar el poder letal de los armamentos recién inventados por sus empresas. Para eso se aliaban el poder religioso (en los tiempos antiguos), el poder político, el poder financiero y el poder militar. Bajo el designio de estas nefastas alianzas llevaban y llevan a cabo sus perversidades.

Pareciera que cuando florece un nuevo siglo en la Tierra se aproxima al Armagedón. Por fortuna todavía el apocalipsis no ha llegado, quizás porque la naturaleza nos tiene guardado un final más extravagante. En este artículo es imposible referirme a las causas y resultados de las innumerables guerras en las que se han visto envuelto nuestro hermoso y errabundo planeta azul. Quizás las estadísticas antiguas no son confiables, pero si existen referenciales más recientes para conocer de lo que son capaces los imperialistas, únicos responsables de las malditas conflagraciones. Espero que el lector saque sus propias conclusiones de las siguientes cifras: durante las guerra napoleónica murieron más de seis millones de personas; en la Primera Guerra Mundial perecieron más de veinticinco millones de seres humanos y en la Segunda Guerra Mundial sucumbieron más de sesenta millones de individuos(as). Agréguele a lo anterior los millones de mutilados, de huérfanos y de viudas; las ciudades arrasadas, el hambre, el desempleo y el desengaño. Concluida la guerra los pobres siguieron siendo más pobres y los ricos, los causantes de la catástrofe, aumentaron sus capitales.

Varias cosas les aplaudo a los responsables de las guerras. Por fortuna entierran a los muertos causados en las lides. Imagínese la pestilencia desatada por sesenta millones de cuerpos descompuestos. El hedor desprendido de los cadáveres infectos le llegaría a las refinadas narices de los ricos piadosos y les recordaría la gran estupidez cometida. Pero los capitalistas son magnánimos con los pendejos que mueren en la guerra. En todo país que se considere moderno no falta la tumba al soldado desconocido en honor al sin nombre que pereció en defensa de los intereses de los poderosos, de los fabricantes y vendedores de armas cuya efectividad letal la probaron los soldados con sus cuerpos. Los políticos son paradójicos. En alguna ciudad como Berlín, o Hiroshima o en otras, dejan algún monumento derruido como consecuencia de las bombas. Una forma de mostrarles a los turistas de lo que es capaz la estupidez de los humanos. Sin embargo, todavía es notoria la magnificencia de los jefes de estados y del poder militar. Por ejemplo, en los EEUU, a los pendejos que mueren en la guerra cuyos jefes la propician, los entierran en un acto solemne bajo las notas del himno nacional y una salva para recordarle a su familia que su pariente murió defendiendo a las transnacionales financieras. Al final, a su madre o esposa le entregarán una bandera con estrellas y barras como símbolo de la estupidez de los gobernantes.

Lamentablemente, pareciera que ante ocaso de un imperio renace otro. Actualmente estamos en presencia del imperio sionista, en sociedad con EEUU, dado que su poder financiero está desparramado por todo el planeta y su poder militar se concentra en un pequeño territorio. El referido imperio aprendió del nacismo y mejoró las técnicas genocidas. Si lo dudan es bueno recordar el caso de la población de Lídice. En el año 1942, bajo la ocupación alemana de Checoslovaquia, dos guerrilleros de la resistencia checa emboscaron al protector nazi de Bohemia y Moravia, causándole posteriormente la muerte. Resultado de este acto heroico de los dos partisanos fue la represalia del gobierno alemán contra la población de Lídice: 340 lugareños asesinados y la ciudad completamente destruida y arrasada. Tengo la impresión de que los sionistas de Israel están aplicando los mismos procedimientos de la Alemania nazi contra los palestinos refugiados en la Franja de Gaza. Una revancha para vengar la muerte de tres jóvenes judíos quienes supuestamente (no está comprobado) murieron en manos de terroristas árabes. Mientras tanto la ONU se pronuncia en contra del genocidio sionista contra el pueblo palestino, sin embargo, la agresión continúa con la única finalidad de acabar con el pueblo palestino: la solución final. Algo me huele a nazismo.

Los imperios siempre han tenido una excusa para invadir, tal como lo afirmé anteriormente. Los alemanes invadieron a Polonia bajo el argumento de que unos soldados polacos (alemanes disfrazados con el uniforme alemán) penetraron en el territorio germánico; los gringos le declararon la guerra a España bajo la excusa del hundimiento del Maine (posteriormente se comprobó que era falso); así mismo, EEUU procedió a invadir a Irak con la evidencia de la presencia de armas químicas en ese territorio (algo completamente falso). El resultado de esta “insubstancial” equivocación: más de un millón de muertos. Por eso los sionistas utilizan la mentira para aniquilar a Palestina.

En el día de hoy se me despertó una azarosa inquietud: el gobierno holandés, en complicidad con el gobierno de EEUU, detuvo a un general venezolano acusándolo falazmente de apoyo a la Farc de Colombia y de narcotraficante. De seguro que detrás de estos procedimientos se esconde malas intenciones. No entiendo la moral de los gobernantes de los EEUU cuyos administradores pasados hicieron alianzas con la mafia de Nueva York para controlar los puertos para impedir el comercio con barcos alemanes. También pactaron con los mafiosos de Sicilia para poder desembarcar los barcos de los aliados en esos territorios. El premio para los mafiosos: la construcción de casinos en la Habana. El gobierno yanqui parece olvidar el problema Irán-contra (1985-1986) donde estuvo involucrado el gobierno de EEUU con los narcotraficantes y con los vendedores ilegales de armas, solo para derrocar el gobierno sandinista. No olvidemos la protección de USA al terrorista Posada Carriles. Por eso nada sorprende lo que está sucediendo en Ucrania, donde se destaca en la prensa la responsabilidad de Rusia en el derrumbe del avión malasio. De seguro, detrás de todas estas acusaciones (Rusia y Venezuela) hay algo turbio. No a la guerra si a la paz. S.O.S. Palestina.





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Enoc Sánchez


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